martes 1 de diciembre de 2009

Lourdes González (Holguin, 1952)

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Lourdes María González Herrero
(Holguín, 1952)

Poeta y narradora.

Es miembro de la UNEAC y de su Consejo Nacional, preside la Filial de Escritores en Holguín, dirige el Centro de Promoción y Desarrollo de la Literatura Pedro Ortiz, el Sello Ediciones Holguín, y la revista de Arte y Literatura "Diéresis".

Ha publicado los poemarios:
  • Tenaces como el fuego (Premio de la Ciudad, 1986).
  • La semejante costumbre que nos une (Premio de la Ciudad, 1988).
  • Una libertad real (Primera Mención en el Premio de Poesía "Julián del Casal", UNEAC, 1989, y Premio de la Ciudad, 1991).
  • La desmemoria (Premio de Poesía "Adelaida del Mármol" para las provincias orientales, 1992).
  • El luminoso pájaro de la memoria (Editorial Lunarena de Puebla, México, 1999).
  • En la orilla derecha del Nilo (Premio Nacional de Poesía “Julián del Casal”, UNEAC, 1999; Ediciones Unión, 2000).
  • Fijeza del Amor (selección de poemas publicado por Ediciones Holguín, 2002).
  • Los días del verano (Premio Especial de Poesía “Bicentenario de José María Heredia”, 2003; Editorial Oriente, 2003).
  • Pasajera la lluvia (antología poética publicada por la Editorial Letras Cubanas, 2003).
  • Afuera sangran los caballos (Ediciones Unión, 2008).

Y los libros:
1992, Acercamiento a la poesía de habla hispana escrita por mujeres, crónicas.
1999, Papeles de un naufragio, narrativa, Premio de la Ciudad 1997 (traducido al francés y publicado por la Editorial francesa Indigo en el año 2002, y reeditado por la Editorial Letras Cubanas en el 2006).
2003, María Toda, novela, Editorial Oriente (reeditada por Ediciones Holguín, y en el 2009 publicada su traducción en la Editorial Iacobelli, de Italia)
2005, Sur la rive droite du Nil, Editorial Caracteres, Francia.
2006, Las Edades Transparentes, novela, Editorial Oriente (Premio de la Crítica en el 2007, y reeditada en el año 2008 por la Editorial Letras Cubanas).
2008, La sombra del paisaje, cuentos (Premio Nacional de Cuentos "Guillermo Vidal")

Además, ha obtenido los reconocimientos:

1999, Premio Nacional a la Mejor Edición de Libros de Editoriales Provinciales.
2005, Premio de Cuento "La Llama Doble" y el Premio Oriente de Novela "José Soler Puig".
2007, Mención en el Premio Casa de las Américas por su novela inédita El amanuense.
Distinción por la Cultura Nacional.

Su obra ha sido recogida en diversas publicaciones nacionales y extranjeras. En el año 1997 fue incluida en la Enciclopedia de la Literatura Latinoamericana.

( Dirección de correo electrónico lourdes@baibrama.cult.cu )


del libro En la orilla derecha del Nilo (Ediciones Unión, 2000)
DESLÍZATE A LA MAR, BARCA DEVOTA.

................................................nueva canción de Orfeo para mi hijo

Deslízate a la mar, barca devota,
y cruza los paisajes con tu inocencia
en estos tiempos en que las naves tienen que ganar.
Tú que aún superas para ti el origen
de la ciudad pequeña, dulce, desmembrada,
hazte a la mar de la memoria y boga,
cruza océanos de dudas, noches de réquiem,
deshace el mito para volver a ser,
no te devuelvas a la orilla sin la esperada prenda,
trae peces ........................ y trae orgullo
que para ti vibra mi alma en la ausencia.

No puedo practicar ningún oficio en los días que corren,
no existe ningún oficio para mí,
pero tú, barca infantil,
boga, deslízate,
atraviesa el agua cada vez más peligrosa
y vuelve para que yo te escuche
aunque sea en el día de mi muerte.

Yo pudiera inventarte algún Pequeño Anceo,
una tribuna y un heraldo,
pero serían palabras,
y las palabras nunca te salvarán de las corrientes
donde los viejos cantos pierden su sentido
y el mar
pierde su distancia.
Isla, pedazo de tierra que conozco,
dale a mi hijo un remo
antes que las actuales olas lo invadan todo
y sólo quede el eco de aquel coro increíble.
Isla, razón,
dale a mi hijo un buen pretexto para el viaje
y déjalo, barca de sueños,
rendir el verdadero himno,
encontrando los símbolos de esta noche,
esta larga noche, de este valle infértil,
pero propio.

Deslízate por la única ruta
y da calor a las costumbres,
verás, pequeña nave promisoria,
verás de cerca y vivirás
lo que hoy te cuento como si fuera un pasaje remoto de la vida.
Tocarás la llama
porque eres también la cifra oculta,
boga, lento y seguro,
sé timonel y encántate con las ofrendas,
pero no olvides regresar.
Te brindarán en el camino rojas flores,
te darán vino y el placer que dura poco,
tómalo todo y luego
deslízate a la mar sin lamentarte nunca de ese viaje.

Pequeño encantador de mi pena,
tráeme la dignidad de la memoria
que yo te esperaré
aunque llegues el día de mi muerte.


del libro Los días del verano (Editorial Oriente, 2003)
POEMA DE LOS POBRES PARAÍSOS

......................................................"Lánguido va el recuerdo"
.................................................................. [ Luis Cernuda ]

La coincidencia es una.
Mirábamos la belleza de los jóvenes cuerpos cuando aún disponíamos del gozo de volver a la sombra de unas manos nutricias.
Admiramos la belleza de los cuerpos más jóvenes, y al final, en la casa vencida, contemplamos sus siluetas como quien ve la lluvia rodar por los cristales.
En nada hemos cambiado.
Afuera sigue el tiempo, confuso y agresivo, en su tremendo esfuerzo por ganarnos los días.
El mundo es un abismo al que llegamos, del que partimos, la residencia es nula. Nada pesa ganado ni perdido. Nada nos pertenece, ni siquiera el delirio.
Pero estar desasidos, abrazados al aire, guardando los fragmentos del hoy perecedero, es quizás la sustancia del vivir.
Mañana, habrá que establecer las diferencias entre la libertad y la adicción, de modo que podamos conmovernos.
Los cuerpos que buscamos con las manos, se ocultan, se van tras los hinchados mediodías, desafiando los muros que hemos levantado para impedir hundirnos en el mar.
Es demasiado olvido el de morir.
Y escoger las sutiles pertenencias del dominio, es sólo un sueño más, tan intenso como el de la contemplación de un cuerpo, ignorando que el alma regresará después a la desesperanza.


del libro Papeles de un naufragio (Editorial Letras Cubanas, 2006)
ME HACE BIEN

Sobre mi cama, ensoñando, me hace bien pensar en ti. Desearte como no te deseo en realidad. Inventar para ti otro nombre, otra edad, otra voz y otro cuerpo. Los gestos casi siempre los dejo, son como apoyos, le sirven a la incorporación del resto, de lo que pongo y opongo a y en ti. Y te veo no como realmente ahora te veo, sino como no eres.
Trazada esta nueva identidad me hace bien decirte algunas cosas que nunca te digo y que presumo incluso de nunca pensar en decirlas, te susurro mediocridades e incoherencias, pero también bondades y bellezas; hablo en fin contigo, cuando tú sabes que casi nunca hablo contigo.
Mientras me ensueño aletargada pienso en cien formas diferentes de haberte conocido, cambio el escenario y la hora: te conocí en Venecia, en el lago Castelvecchio, te conocí en Irlanda una tarde lluviosa cuando comprabas tu primer regalo, te conocí en la Habana, hace veinte años, en la otra Habana donde vivir era una alegría constante –y un poco trabajosa–, te conocí después en el Mediterráneo, aquel verano, te he conocido tantas veces que al fin ya nunca más recordaré cuándo en realidad te conocí.
Otra variante que me hace bien es asociarte a detalles de mi vida personal que no conoces, por ejemplo, te asocio a mis primeros años –que nunca he recordado–, te asocio a los mejores tiempos de estudiante –y a los peores, que son más–, te asocio a Santiago y el amor en cualquier parte y con la misma persona, te asocio al primer poema a un patio colonial, aquel primer poema hecho en Santiago con amor a una sola persona en todas partes. Te asocio a las desilusiones literarias y al primer libro, cuando no lo creía aún, cuando ignoraba que ser poeta es estar loco de remate y más. Te asocio a la maternidad y a mi manera errática de ver pasar la vida. Te asocio a los divorcios y a las uniones que nunca tuvieron tanta importancia.
Sobre mi cama me hace bien pensar en ti, veinte años después, cuando sigas siendo una persona indócil y sensata, cuando no quieras las cosas que ahora quieres, cuando ni tú puedas saber ya nada más de mí, y yo me levante dispuesta a no seguirme haciendo bien.


HÁBILES HAN DE SER

Hábiles han de ser los escritores, ya que no tienen ante sí las fantasías ni las rarezas y con sólo una orden deben hacer funcionar las ideas.
Muy hábiles han de ser para que un poema o un cuento se parezca a ellos y ellos a la vida y la vida de ellos a la cultura nacional.
Y hábiles han de ser porque si nadie los descubre, si después de veinte años ya nadie los descubre, por razones diversas y conversas, entonces ellos mismos han de leerse enteramente y siempre, y amar sólo aquello que sintieron y sentir sólo aquello que escribieron, y se les va la vida en las palabras y no pueden renunciar porque no saben.
Hábiles han de ser, y casi locos, para tornarse hilos de letras y dejar, obviar a los demás, importándoles sólo la forma, la imagen, las puertas que nunca se abrirán si por razones disímiles alguien no los descubre y hace que sus palabras, unidas por amor y por horror, lleguen a ser leídas.
Hábiles, muy hábiles han de ser los escritores.


del libro Afuera sangran los caballos (Ediciones Unión, 2008)
EL DRAGÓN DEL SILENCIO

Miro el ojo dorado de la culpa y dentro veo los brumosos contornos de otra isla llamada leyenda.
Me exijo una concentración fascinada para adentrarme en el silencio, para percibir dentro de él las causas de mi constante apego a la casa del dolor.
El riesgo es colosalmente intenso.
Detrás de los nublados horizontes está la mano de mi madre extendida para salvarse. Detrás permanece el que sabe bogar contra la corriente pero no sabe aún vencer.
Se expande el círculo y se inserta la corona arruinada que es el blasón de mi edad, va perdiendo fuerzas la mísera sensación de vivir acechando las campanas del agua, las formas de la harina, los vacíos en las estaciones de la mesa.
El silencio engendra poder. Dicen que asegura que la dicha surja como el agua de un manantial.
El peligro es inexorable.
Miro el ojo dorado del miedo. En él hay una sombra que me conquista. Es la sombra del día de mi nacimiento. La sombra del lugar donde lloré, la sombra del esfuerzo que se vuelve cada vez más difusa, más lejana, que se deja de ver y queda sólo el resplandor dorado del olvido, y el silencio.


del libro inédito El Hijo de la Arpista
LOS PABELLONES

Llueve sobre los pabellones.
El cielo oscurece las claraboyas y, no obstante, si extiendo mi mano ella alcanza a tocar las cúpulas y los granos.
Estamos hechos a semejanza de lo efímero.
Permanecemos tumbados en los largos mediodías sin saber por qué. Sin embargo, volvemos a encontrarnos en las sábanas, frías desde el amanecer.
Nos descubrimos rehaciendo las paredes, llevamos años rehaciéndolas con nuestras manos inútiles. La inutilidad es una rara posesión que oprime, oprime, cerca.

Veo a través de las ventanas el brillo de las pieles de las lagartijas acomodadas bajo la lluvia, entre las hojas de las malangas, pequeñas en la dimensión del mundo.
Abarco las distancias con las manos, sumergiéndolas en las fuentes para tocar sus aguas.
Examino las fronteras, los abismos que simulan restablecer el vacío para que yo me equivoque y muera, pero ya estoy muerta, he comenzado la faena muerta, sola mi sombra va entre las palabras matando los sueños. No los deseo. Me basta el sueño intranquilo del Príncipe.

(Escribo me basta y quedo quieta, mientras mis manos van detrás de los cuerpos amados. Engaño a los cuerpos amados. Sueños como el delirio del Príncipe).

Las tardes en los pabellones son castigadas pese a la lluvia cayendo en los torrentes de la memoria mal tratada, es decir, mal construida, es decir, en la mala memoria, en la que no guarda lo necesario, en la que no almacena las costumbres: comer dentro de un hondo plato, fatigarnos mirando los perfiles que asoman como desconocidos en el espejo, cruzar las zonas blancas de las calles, evadidos del polvo, fugitivos, huyendo de una sombra que nos persigue, que nos oprime, nos cerca.
Humilde despertar del que se sabe muerto.

Abro los ojos desde la realidad de la muerte para mirar inobediente el mundo, el fragmento que he logrado mirar y en el que sin embargo veo los cuerpos amados, el triunfo. Si logro convocarlos aunque sea dudosamente, descansaré aún más, bajo la manta azul, segura, mientras el agua en ondas persiste sobre los pabellones.

Qué jubiloso origen el descanso. Qué jubiloso punto, oculto a las curiosidades, sin apariencia posible.
Dame el derecho a estar en la memoria sólo el tiempo necesario para volver a los cuerpos amados como se vuelve al viaje de la despedida, al tren de las infancias, a la gloria repartida en las pequeñas marginaciones. Un instante en la muerte para entreabrir la vida, un solo color y el milagro sucederá como un arribo, como un tocar al fin las puntas de la madeja que se busca y se busca y se vuelve a buscar, hilando en las huidas.

Qué regocijo al fin la sombra, como el del íbice que aparenta tranquilidad mientras huye, cuando clama desde su fondo por una dulce quietud y su corazón se agita, cada vez más, siguiendo el camino por la línea de las marcas.

Es el pasado, la bóveda entre los tiempos.
Cuánto clamoroso regocijo da el saber que pudiendo ser tantas se es para siempre una.

Llueve sobre los pabellones. Tengo la impresión de que el agua puede desbaratar la casa que hemos construido, pero ya sé que no basta una impresión, sería necesaria una imagen: puertas y puertas, rejas, papeles, cromos, revestimientos, figuras flotando sobre el mar desbordado en los mosaicos.
No basta una impresión y mis ojos están ciegos.

Qué dicha la de volver a la libertad de la sombra, remitida al fruto que se apetece. Lo sabía antes de morir, lo supe antes de cruzar. Puedo todavía retener ciertas bondades de la memoria mal tratada. Algo que no todos decimos.

El tiempo cruza como el zorro de emilio rondando las edades, pero es apenas un animal que intimida, y, además, el agua cae con fuerza impidiendo cualquier demostración del miedo que se siente ante el impulso de crecer. Ante la vida.

Me protejo del agua por primera vez.
Me apetece escucharla. Corporeización del mito de una realidad que apenas está en las páginas de un libro, metáfora de la verdad, de la verdad leve que aparece al morir para expresar la vaguedad con la que se ha vivido.

Los pabellones persisten –como el Príncipe- en crear un sueño, sobre ellos la lluvia furiosamente lo arrasa, arrasa todas las batallas, y, por momentos, en el sonido metálico del agua me parece escuchar el leve roce de los cuerpos amados, la leve obstinación del amor, sus vicios.

Qué fortuna da el imaginar, con cuánto ardor se unen entonces los deseos para formar un impulso: el de entreabrir la muerte para tomar la vida.

(Hay que estar muerto para ser condescendiente, hay que tener, como yo, al alcance de las manos, las distancias que no voy a cruzar, las cúpulas y los granos que sólo tocaré si fallara mi memoria mal tratada, es decir, mi mala memoria).

Llueve sobre los pabellones mientras el tiempo me excluye, prescinde de mí en las calles estrechas que circundan los espacios. Sería aterrador estar vivo persiguiendo a la Quimera, cumpliendo con el destino. Pero con qué gozo transito conociendo la ruta de los torsos amados y de las manos, libres ahora del presente, emancipados, irreductibles a pesar del agua que en furiosas ondas cae sobre los pabellones.

domingo 15 de noviembre de 2009

Rito Ramon Aroche (La Habana, 1961)


Rito Ramón Aroche
(La Habana, 1961)

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Poeta y crítico literario.

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Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba desde 1995, y labora actualmente como promotor cultural del Instituto Cubano del Libro (Dirección de Literatura).

Libros publicados:

  • Puerta Siguiente, Editorial Extramuros, 1993.
  • Material Entrañable, Editora Abril, 1994.
  • Cuasi / Volumen II, Colección Pinos Nuevos, Editorial Letras Cubanas, 1998.
  • Cuasi / Volumen I, Editorial Unión, 2002.
  • Del río que durando se destruye, Editorial Letras Cubanas, 2005.
  • El libro de los colegios reales, Editorial Extramuros, 2005.
  • Andamios, Editorial Unión, 2007.
  • Historias que confunden, Editorial Letras Cubanas, 2008.
Además, su obra está recogida en diversas antologías y publicaciones periódicas como la revista Poesía, Carabobo, Venezuela, El cocodrilo poeta, México; revista Unión, revista Casa de las Américas, El Caimán Barbudo, Revolución y Cultura, Contracorriente, y la revista La Isla Infinita, todas de Cuba.

Obtuvo mención en el Premio David de Poesía en 1991, y el Premio Abril de Poesía en ese mismo año, así como el Premio de Poesía “La ciudad de las columnas” en 1994, el Premio de Poesía “Luis Rogelio Nogueras” en 1993., y el Premio de Poesía de la revista “La Gaceta de Cuba” en 2006.

( Dirección de correo electrónico:
sanroman61@yahoo.com )



del cuaderno DÍGITOS EN EL ÓVALO, 1989
PLANES CON LA LLUVIA
……........…..………………… a K

Punto

en la estación agua. Yo digo: aquí hace una curva. Digo:
aquí mojo. Una espira

fruta
En la estación vez y unos patines. Gusto erección en tu falda

digo.

Aquí ondula un aire.

Otra la humedad (pulso) tuya.
En la estación agua en la pared muslos
digo ¿Y mis defensas? ¿Y mis defensas?


NANA

Tela bruja
si no duermes está el saco
tela bruja
como la Quinta como la Quinta
digo
— ¿si no sueño?
Tragaluz son los bordes las paredes
como la cerca
— ¿como la casa?
Tela bruja
cielo lleno de estriadas la casa
¿el agua? Tela bruja
Si no sueño ¿si no sueño?


de EL LIBRO DE LOS COLEGIOS REALES, 2005
DESVELO SUCEDÁNEO

Taladrar la sangre. Con ritmo taladrar la sangre.
Sin ritmo.


DIAGONALES

Un árbol es un equívoco en tanto un pájaro
su sorpresa.

El árbol -o la línea del árbol. Su textura.


del libro inédito UNA VIDA MAGENTA

Mirar si entro a la pared de fondo: una vez cada quince días — al menos. En Los Umbrales. Barría en la mañana el patio muy terroso. «Tus libros encuentro siempre en librerías húmedas»
En días tales — nunca miro a sus ojos: directamente a los ojos ni a sus labios.

ooOoo

Lejos — de yo apuntar con esas (mis) dos mil palabras, de tono y trazo sentenciosos... «tendenciosos» según esa manera tuya de contradecirme, y de expresarte el-otro-día tumbada en la sala de bain y-al-otro-día con ese paño que tú o alguien llama (llamaba según tú, y entonces) «un paño koljosiano» tumbada aviesamente aviesa sobre esas (mis) dos mil palabras, se habría notado, afuera, seguramente un viento muy terroso, un poco antes, de caediza el agua, la oscuridad del agua, el cielo, un poco antes, caedizo.

ooOoo

Mirar si entro a la pared de fondo: una vez cada quince
días — al menos. En Los Umbrales.

Barría en la mañana el patio muy terroso.

«Tus libros encuentro siempre en librerías húmedas»

En días tales — nunca miro a sus ojos: directamente a los
ojos ni a sus labios.

Veo inclinarse al almácigo (¿otro?) en Los Umbrales.

«Aquí debajo [señala] siento un escozor espléndido y profano» «Un escozor espléndido» me dice. Extrañamente señala.

ooOoo

Ojalá que más nunca. «Sería metanga». Una tarde, después de rociarnos de tal líquido (y tal brillo) aducían:

«No merece que mientas».

Y al golpe de la puerta escucho (al menos hoy) el golpe de otro puño seco.

«Ya lo hice, y lo dije, una vez: no siento efectos».

Nada aquí es un continuum. Nos declararon pérfidos por esa tarde, en Obra-Pía. En la calle de La Obra-Pía. ¿Los muros carcomidos, las paredes? Hay madera de antaño y piedra, ante la piedra —esperan. Una tarde.

domingo 1 de noviembre de 2009

Ian Rodriguez (Las Tunas, 1973)


Ian Rodríguez Pérez
(Las Tunas, 1973)

Poeta.
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Director del Centro de Investigación y Promoción Literaria “Florentino Morales, Cienfuegos (provincia donde reside actualmente) es, además, estudiante de Comunicación Social, 4to año.

Ha publicado los libros de poesía:
  • Velas en torno al corazón demente (coedición de Ancoras y Reina del Mar Editores, 1997).
  • Agudos del silencio (Ediciones Mecenas, 2000).
  • Cambiar las formas del sueño (Reina del Mar Editores, 2003).
  • Nocturnidades (Editora Abril, 2007).
Y tiene en proceso de edición el cuaderno de poemas:
  • Esta costumbre de soñar lo mismo (Editorial Letras Cubanas).

Su obra ha sido distinguida con:

  • Premio en Poesía del Concurso “Waldo Medina” que convocan el Centro Municipal del Libro y la Literatura y la UNEAC de la Isla de la Juventud, 1994.
  • Premio en el Concurso “Poesía de Amor”, Isla de la Juventud, 1994.
  • Premio en Poesía “Abdala” que convoca la Unión Árabe de Cuba, La Habana, 1995.
  • Premio y Primera Mención en Poesía del Concurso “Waldo Medina”, Isla de la Juventud, 1996.
  • Primer Premio en Poesía “Batalla de Mal Tiempo”, Cienfuegos, 2005.
  • Premio en Poesía “Calendario” de la Asociación Hermanos Saíz, La Habana, 2005.

OTROS RECONOCIMIENTOS:

2006: la Asociación Hermanos Saíz le otorgó la Moneda XX Aniversario.
2008: la Filial UNEAC de Cienfuegos le otorgó una Beca de Creación por su proyecto de poesía El libro póstumo.

( Dirección de correo electrónico: cipl@azurina.cult.cu )


del cuaderno País de estatuas, (inédito)

El restaurador que persiste en restituir los silencios y el alma de una estatua, sus advenimientos y contrariedades, sus aspiraciones más ocultas ¿ha pensado en la indignación, la cólera, la rabia que exteriorizaría si hicieran lo mismo con él? ¿No se apena? ¿No siente sobrecogimiento o vergüenza por abusar, por excederse con quien tal vez sea más libre, más leal o momentáneamente más feliz, a pesar de su petrificación?
En toda estatua hay un tigre que conmueve y al mismo tiempo asedia. ¿Se atreverá a desenjaularlo?
El espectáculo es presumiblemente tentador, tiene todos los atractivos, cuenta con todas las expectativas de un desvencijado Coliseo. Antes de hacerlo, el restaurador debiera preguntarse, tendría que responderse si en realidad resulta provechoso dedicarse a reemplazar aquello que, a fin de cuentas, pudiera ser indestructible.


del cuaderno Marasmos de la restauración (inédito)
LIMBO DE LA VANIDAD


Hace miles de años, cuando el primer temblor del habla era apenas un suceso en los labios del hombre, ascendí a ese cúmulo al que Milton, más tarde presentó a sus coetáneos como Limbo de la vanidad.

Cuánto fue mi asombro al descubrir que Dios estaba allí. Arrobado por su presencia me dirigí a él en una oración:

— Bendíceme, Señor, soy tu esclavo. Tu oculto deseo, ah Creador, es mi designio. Soy tu criatura, te obedeceré por siempre, Padre. Y en tu nombre obraré. De barro me has hecho, concédeme tu amor y piedad. Te debo cuanto soy. Con adoración ¿tu Reino algún día podré heredar? —

Mas al escuchar Dios todas mis promesas y, sin duda, mi más pésima inquietud, nada dijo. Si hubieran visto cuánta severidad tuve tiempo de apreciar en sus divinos ojos, antes de esfumarse, dejando en mi alma una tempestad violenta.

Seiscientos años después volví a subir a la montaña. No imaginan con cuánta sorpresa encontré allí a Satanás. Absorto, le dije:

— A ti, el más rebelde de todos, reverencio. Mi alma entrego al séquito que guías. Presto estoy a la más ardua empresa. El Cielo, oh Señor mío, debemos juntos recobrar —.

El diabólico ser no contestó. Lo vi desplegar sus alas inmensas. Si hubiesen visto con cuánta ira batió sus alas, antes de perderse en el Caos.

Doscientos años después volví a escalar la montaña. No encontré a Dios. Tampoco a Satanás. Sin embargo, allí estaba mi Alma. Conmovido por su revelación, una vez más consideré oportuno hilvanar mis palabras, y entonces expresé:

— Tú eres mi anhelo supremo, mi plenitud. Tú has sido mi pasado y mi futuro edificarás. Como una raíz, soy tu prolongación en la tierra oscura. Como tu fruto, dejo mi aroma en el aire. El viento lo conducirá a tierras lejanas y así todos sabrán de mí y de ti. No habrá ser que pueda resistirse a admirarnos —.

Antes de ser la niebla que hoy cubre, como un velo, la cumbre de esa montaña, se inclinó sobre mí. (Si hubiesen visto cómo me habló mi Alma). En un susurro, me hizo la siguiente confesión:

— Cómo puedes ser tan inconsecuente con tus palabras. Cuánto tiempo he esperado para brindarte cobija, como el mar a los arroyos que se deslizan con firmeza, procurando conciliar sus aguas, y tú no has sido capaz de identificarme: primero me confundes con Dios, luego con Satanás —.


del cuaderno Baladas para conjurar el desafecto (inédito)
ME SEDUJO VERTE LLORAR LA AUSENCIA DEL POETA

Me sedujo verte llorar la ausencia del poeta,
del tullido, el molido, el hombre apaleado por la vida que
como todos los poetas del mundo suele aparentar su hastío
argumentando lo duro que es vivir.
Para ese entonces no te habías cansado de extender pandemias,
no te habías revelado frente a Dios
y no eras lasciva, tenías una extraña luz
exterminándose en tus ojos. Extremadamente conmovedor
era ver cómo iba consumiéndose en ellos esa estrella
que ahora viaja de constelación en constelación.
Qué estremecedor me pareció el acto de convertirse en guijarro
para internarse en el fondo de un río desconocido.
Ah cuánto me arrepiento de no haber sido aquella noche
el hombre que alzabas por los pies,
colgado al sicómoro su cuerpo.
Podía haber visto cómo llorabas por mí
y no por el otro, extenuado de vivir.
Qué estremecedor habría sido esa noche
contemplar de cerca la abatida de los murciélagos
que seguramente se internaban en tus ojos, pretendiendo cegarte,
procurando arrebatar de tus abismos esa luz
que todavía me seduce y arroba.
A lo lejos el mar ladraba una misteriosa canción.
¿Qué no diera por haber sido yo el viento
para acompañarle en su canto?
Jamás imaginé que yo pudiera anhelar esos arpegios,
que ansiaría alguna vez tener la voz del poeta,
yo que tanto odié sus baladas, que llegué a exponer sus vísceras
en los mercados del mundo, yo que vendí sus huesos al mejor postor.
Cuánto me arrepiento de no haberte besado aquella vez,
cuando apagabas el cigarro usando por cenicero a mi corazón;
entonces no te habías decidido a aumentar con silicona tus senos,
no usabas minifalda, no sabías caminar con tacones,
todavía no eras adicta a andar exhibiéndote por el malecón.
No te internabas con cualquiera en las discotecas,
no andabas de la mano de cualquier restaurador por los bulevares del país
y todos celebraban tus inocentes ojos azules,
el aroma de esa piel acanelada; ignorábamos
el modo en que amarías a los muertos, ignorábamos
cuánto de fatídico te podía llegar a conmover.
Aquella tarde en el bar
no pude intuir al animal que ahora eres,
la fiera que deja correr sus uñas
surcando la espalda de otros hombres.
Qué fácil hubiese sido morderte un labio,
hacerte sangrar todo el invierno, después de recorrerte la nuca.
Si hubiera tenido a bien despeinar tu adolescencia,
pero fui discreto, demasiado cuidadoso,
no atiné a rasgarte el vestido, no me atreví
a hacerte sudar tu fragilidad campesina.
Ah vida, ¿qué ansia terrible me seduce con tu olor?
Muchacha lasciva, ¿de qué manera tan seductora
andas deambulando y te escondes?
Llevan tu vestido todas las mujeres:
rubias, pelirrojas y trigueñas pasan por mi lado indiferentes
y ya no te reconozco, no veo en sus ojos aquella luz.
Cuánto me arrepiento de no haber sido atrevido y rudo
para salvarte de lo perverso,
para no colgar al poeta en esa rama del sicómoro
donde te vi llorar la ausencia de sus madrigales y alboradas,
donde te descubrí iluminando con estremecidos relámpagos
la oscura noche de tormenta que
misericordiosa
finalmente me concedes.


de El libro póstumo (inédito)
RUIDO EN EL SISTEMA


Vengo a hacer un ruido en tu sistema:
yo puedo ser la piedra en tu zapato.
Y rodar y rodar como el Diablo manda
y ha quedado escrito (según el pacto).
Yo vengo así de un golpe, no necesito altavoces,
para hacerte saber que Dios también propone
su soledad en los mercados.


MICHEL MARTIN, EL POETA

Los poetas de mi generación son cada vez menos reticentes y condenan a los antiguos por lacónicos e insumisos. Escriben “vidriera” o “luz” en lugar de mujer, “lluvia” en lugar de “muerte”, “cloaca” la sustituyen por “víscera imprescindible”; rehúsan al término “corazón” porque se ha hecho habitual huir de aquello que no admite reajustar un precio.
Acostumbrados a alegatos e inconsecuencias de repudiable naturaleza, se acomodan al anonimato o se dejan acoger por la aborrecible sombra de un nombre.
Yo me desentiendo de la petulante certeza con la que ellos viven, conversan y se autodefinen, miran de soslayo, te palpan con su ponzoña el hombro. Ignoran que la poesía, más que la vida y sus circunstancias, más pretenciosa que la propia eternidad tiende a pasar inadvertida, insustituible.
La poesía sabe desembarazarse de esos desajustes, de esos desastres de nuestra intimidad y del idioma, de aquello que solemos ocuparnos, los poetas de mi generación y yo, con una persistencia que termina corrompiéndonos.


LA RENUNCIA

Morir escribiendo, defecando poesía como si fuera luz, morir de luz y soledad, del ansia de restaurarlo todo: las entrañas y el mar, los domingos y los inviernos, los cementerios y las mutilaciones, la voces y los ojos, restaurar las entregas y el adiós, morir acordonando los zapatos de Lucifer para poder esgrimir el más humano de los cantos.
Morir iluminado, aun sin el plato de comida y sin el sueño, masticando luz, blasfemándola, para que a fin de cuentas la luz no sea sombra, ni dios sin un sentido, ni silencio, proclamando a la luz como la única y corrosiva garantía de verdadera sobrevivencia, la trascendente.
Morir saboteando, inventándole a la noche las luces de neón que otros no se atreven a reconocer intentando perpetuar entre nosotros a la costumbre, morir por aborrecerles, destornillándole los huesos, plastificándoles las vísceras que no entregan o que acomodan domésticamente en sus muebles de bolsillo, morir reventando los cuños y los papeles, de pura explosión, de cándida desarmonía, con la fuerza y las implosiones de tanta luz estallando desde adentro.
Morir de intriga, execrado, calumniado, acusado de ser rufián de la palabra que devela y no perdona, de la palabra que reclama auditarnos el alma y el corazón, auditarnos el nivel de afecto, ese al que no le dedican sitios ni páginas Web, el inasible, el imprescindible afecto que jamás será golondrina de los e-mails, el que jamás emigrará de un celular al otro, el que no podremos quemar en CDs, el que jamás podremos encerrar en Ipod.
Morir como el arpa que deciden abandonar en los sótanos, como los almacenes que clausuran, en la resbaladiza lengua de mis enemigos, por el desmesurado apasionamiento que pudieran esgrimir al hablar de mí contados amigos, por la inapropiada o la impropia conveniencia de las amantes que en verdad lo que me aborrecen con la misma intensidad que me inspiran los burócratas y los presidentes.
Es preferible suicidarse a continuar viviendo como un ser feliz y oscuro.


A ISMAEL GONZÁLEZ CASTAÑER

Sé que el mejor amigo, será aquel capaz de montar un negocio con mi muerte. Antes de hacerlo mis enemigos, es preferible que se beneficie él, y no otro.
Sólo el amigo verdadero podrá mercadear su complicidad y mis dolencias, las que tan bien conoce. Sólo él podrá vender sin recato mis aspiraciones, eso por lo que ahora otros también desean morir y se desviven, ajustando un precio.
Suerte que hay enemigos míos (los suficientes y precisos) que ahora mismo le quisieran comprar una de mis caricias, una de mis nostalgias, al menos uno de mis desafectos.
Se atreverían a comprarle la cruz en la que alguna vez planificaron colgar mi desvergüenza; se atreverían incluso, a comprar los clavos con que me hirieron; la copa que me extendieron y hasta su veneno; la misma sonrisa con que me la ofrecieran para saciar mi sed y que desde entonces guardo, con tanto recelo en mi memoria, ya a la venta también (mucho antes de haber muerto).
Se atreven a ofrecer monedas por mis mentiras y las presumibles astucias; por mis incendios en el infierno; por mis alabanzas y blasfemias.
Suerte para el amigo que tengo enemigos dispuestos a pagar el precio justo por mis bajezas y humillaciones; por el júbilo con que pocas veces he decidido cantar a la vida.
Ellos están dispuestos a pagar, tanto por mi ventura, como por mi desventura.
Ahora mismo ¿qué sucedería?, si no tuviese un amigo presto a comercializarme, y obtener las ganancias que pudieran corresponderle.

jueves 22 de octubre de 2009

Dolores Labarcena (Santiago de Cuba, 1972)


Dolores Labarcena Castillo
(Santiago de Cuba, 1972)

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Poeta.
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Técnico medio en Construcción Civil.

Ha publicado el poemario Las puertas Dialogadas (Editora Abril, 2004), con el cual obtuvo el Premio Calendario, 2002, convocado anualmente por la Asociación Hermanos Saíz.

Actualmente reside en Barcelona.

( Dirección de correo electrónico: doloreslabarcena@hotmail.it )
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del libro LAS PUERTAS DIALOGADAS, 2004

Hay una ventana que se anuncia, un ruido / la oscuridad como centro /. Basta sangrarse en el deseo, ¿prolongarnos? Y no es más que acomodar el golpe, su goce en la postura, o negarse simplemente a los espacios. Y asumo del texto las derivaciones, el ojo de aprendiz. Hay una ventana, un ruido, digamos que la sed. Puede su mano un gesto remanente, demasiado ajeno, ¿un gesto? Y dejaron la voz sobre los vértices, el cuerpo a la deriva. Profanar la recaída de los cúmulos.


del libro inédito PATAS DE BÚHO, serie NUNKENTACHJ

Random: nombre inglés, poco común entre los naturales de Nintx, tuvo un caballo al que llamó Peter. ¡OH, Peter! Con él cabalgó hasta las montañas de Pal. Allí estudió a los clásicos y escribió algún que otro haiku. Cruzando el charco "se congregan las nubes, huelen las axilas sudorosas y tocan guitarras distraídamente". Random: nombre inglés, poco común entre los naturales de Nintx, había leído demasiada prosa para dejar su novela a medias. No pregunten por el caballo. Tampoco en su terruño hay heno, aunque se ven las reses que pastan sobre un no sé qué.

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Debió ser, por lo que cuentan, con esos vapores que salían de la guantera y otros orificios a mano. De hecho, en una carretera sin asfaltar. ¿Acaso la bufanda (clamorosamente) entizada sobre el escote, o el hueso atorado en la garganta, son menos creíbles que la cabeza en el horno? Se sabe incluso que hasta las anémonas tienen su pasado y algunos libros (como los de H.) origen dudoso. A causa de los vapores bebió ser, por lo que cuentan. Ciertas historias terminan así: con la avidez de una cerilla.

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Fuera de la balística, y del tiempo que media entre el gatillo y un blanco real, “toda acción requiere de un esfuerzo lento y dedicado”. Los tártaros (como esos pueblos de una soñolencia perentoria, carne de cañón) cavaron en cualquier parte sus tumbas. No esas cámaras rituales donde reposa al fin la osamenta, sino cuencos para acarrear el derrumbe, elástico, mucho más remoto.

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Luego de largas caminatas, quizás por el Bronx, y antes de tumbarse en su cuarto de estudio, entre lomas y lomas de trastos dispuestos al azar, y periódicos de la época — dijo al hablar de sus cajas: "Esto es el mundo". ¿Y quien lo duda? El hábito no hace al monje... ¿Recuerdas al hombre que se colgaba, hasta que lo hizo imaginariamente de un poste, y el hecho de contarlo le daba cierta placidez en mantenerse vivo? Tal es el sentido de las cajas. Es cuestión de tiempo conservarlas en pie.

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¿Has leído a Hobbes? Lo más importante es la imaginación. De eso se trata. Había cruzado el charco de Nunkentachj. Casas cuadradas. Ventas de lencerías y cosas varias. Farolas para llevar la blancura a su punto más alto. Así la ciudad. Nada habló de sus habitantes ni de sus aledaños. Sin embargo apuntó (a la manera de un occidental) en su cuaderno: "Tren de lavado. Música para el oído de afuera".
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Entre los setos, perchas de bambú, lo mismo hombres. Tierra —apúntalo— desde cualquier ángulo. Escasos conductos de agua imitando el océano, según la percepción de alivio. El basamento del lugar.