sábado, 10 de diciembre de 2011

Juventina Soler (Manzanillo, 1970)

Juventina Soler Palomino
(Manzanillo, Granma, 13.02.1970)


Poeta, editora, profesora y guionista de programas radiales.

Es Licenciada en Educación, Especialidad Literatura y Español, Especialización en Cultura Cubana.

Desde el 17 de marzo hasta el 4 de octubre de 1998 laboró en el Centro de Promoción Literaria “Manuel Navarro Luna”. Parte de su labor profesional la ha dedicado a la edición de libros, realizando trabajos para Ediciones Orto, en Manzanillo, y Ediciones Bayamo. Actualmente se desempeña como editora del boletín digital "Xerón" de la UNEAC provincia Granma, es profesora de la Universidad de Granma, es miembro de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) desde 1994 -organización esta de la que fue presidenta en el municipio Manzanillo por cinco años consecutivos-, y es miembro y presidenta de la Filial de Escritores de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en la provincia Granma.

Ha publicado los libros:
Antología Cósmico-Lírica de Juventina Soler Palomino (poesía), Frente de Afirmación Hispanista, México, 2000.
Signos de Resurrección (poesía), Ediciones Orto, 2003.
Exilio en mi Ciudad (poesía), Ediciones Bayamo, 2005.
Mirar a los lados. Dos zonas de la poesía cubana de los noventa (ensayo), Ediciones Orto, 2007.

Posee inéditos los libros Apenas soy el pasto de Dios (poesía), Migajas sobre la mesa del tiempo (poesía), Proceso cultural cubano de finales del siglo XX y principios del XXI o la constante búsqueda de la aguja en el pajar (ensayo), y Para contarlo en voz alta (teatro).

Su poesía se incluye en las antologías:
Casa de las alucinaciones, Banco de Ideas Z, 1995.
Al sur está la poesía. Compilación de poesía granmense. Ediciones Bayamo, 1998.
Mujer Adentro. Selección de Poesía femenina. Editorial Oriente, 2000.
Los Parques. Antología de jóvenes poetas cubanos. Ediciones Mecenas, 2001.
Una mirada. Antología de poesía cubana. Ediciones Luminaria, 2003.
Antología Cósmica de la Poesía Cubana (tercera parte). Frente de Afirmación Hispanista de México, 2001.

Además su obra está publicada en las plaquette “Sed del Espejo” y “Piel de Relámpago”; así como se recoge en diversas revistas.

Por su quehacer y creación ha sido distinguida con:
• Mención “Juan Francisco Sariol”, 1997.
• Mención “Veinte de Octubre”, 1998.
• Premio “Afranio Parra Guzmán”, del Taller de Creación “Siembra” de Cartagena de Indias, Colombia, 1998.
• Mención “Elieser Lazo”, 2002.
• Premio “Delia Carreras”, 2001.
• Premio Especial del Consejo Nacional de Casas de Cultura en el Concurso “Regino Pedroso”, 2005.
• Sello XX aniversario de la fundación de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), 2007.
• Premio de Cultura Comunitaria, 2008.
• Premio Anual de Poesía “América Bobia”, 2011.

(Dirección de correo electrónico: tinasoler41@gmail.com )



del libro Exilio de mi ciudad / Permanencia, 2005
EXILIO EN MI CIUDAD (I)

1
Mi ciudad es un puente en la memoria
donde los andenes asisten al silencio
y el mensaje dice
la hora exacta de perseguir los caminos.

Vuelvo a mi ciudad
ella siempre espera.

Desde la ventanilla del tren
alguien dice adiós
deja sus confesiones en el rostro del aire
para luego mirar solo mirar.
Nadie me abre los brazos en el andén
cuando un niño juega con las ropas de su madre
el loco escribe en los latones y bosteza
el vendedor ofrece la eterna felicidad
dormida en su garganta
un forastero sostiene su equipaje
y silba una canción
mientras la adolescente se acaricia el cuerpo y espera.


Nadie me abre los brazos en el andén
los viajeros muerden la indiferencia
de las tres de la tarde
y el conductor anuncia nuevamente.

2
Siempre imaginé la salida de un tren
como el golpe de una ola acariciando
el adiós del que queda en la orilla
pero los trenes parten a pesar del silencio
de las manos invisibles en la distancia
a pesar de la fiel promesa.

Estoy en el ferrocarril
donde a las tres de la tarde todos huyen
se lanzan a conquistar los senderos.
A esta hora el viejo de la taquilla se revuelve
entre el cansancio y la sonrisa de quien nada espera
sueña con su amada cada noche
y el sonido de los trenes
le devuelve a su banqueta diaria.
Siente cómo su palabra de hace invisible
porque se la llevan los trenes
a reencontrarse con el pasado.
A las tres de la tarde
los viajeros compran sus boletos
inventándose una historia
para contarla en los estrechos pasillos
luego vuelven sus pasos y sueñan.
Estoy en este ferrocarril
en el que todos anuncian su viaje
pero vuelvo a mi ciudad
ella siempre espera.

El reloj marca las tres de la tarde
y desde la ventanilla del tren
alguien dice adiós.

3
Hoy tengo la indefinida edad
del tiempo que marcan los olvidos
porque revuelvo mis papeles mi casa mi ciudad
y no me encuentro.
Pero ahí están todos
y todo en su lugar
como un vidriera bendecida por Dios
aunque al cerrar las puertas
se arrodillen delante de un plato vacío
y rememoren las glorias pasadas.

Mis abuelos ya no van a la plaza
por un centavo de azúcar
se fueron con sus dudas y los años
sin comprender por qué los hijos
tiraban sus ojos al mar.

Pero mi ciudad los vio huir
mis tías y primos se arrancaron
las piedras de los zapatos
y a la caída del sol en el mar
nada más se vieron sus sombras.
Nadie nadie nadie
sobre la aparente tranquilidad
sobre la desidia de los grandes manuscritos
sobre el borroso escudo invento del conquistador.

Cuando miro al mar no me sorprendo
y las horas pasan
en las alas de las gaviotas
que desde sus picos
lanzan una plegaria.

Ahí están todos
y todo en su lugar
como una vidriera bendecida por Dios
y mi hijo en esta ciudad
y sus primeros años comprometidos con el mar
a la primera campanada abrirá sus ojos sonreiré
y el padre quitará de su piel
las lágrimas que heredó
cuando su cuerpo crecía en mi vientre.
Aquí estoy
y tengo la indefinida edad del tiempo
que marcan los olvidos.

4
Desde el asfalto alguien lame su destierro.
No nos alejan los océanos
ni altas cumbres impiden el paso
es la capital de mi país que huye abandonándose.
Se hace necesario devolver las palabras
cuando el paisaje es cada día más inconcluso
y nadie recuerda sus primeros años
en que los padres dibujaban un barco
en el borde de un papel
señalando el mar las nubes
y nosotros tomados de las manos
decíamos adiós sin mirar para atrás.
Mis padres fueron tragados por estas piedras
con sus dibujos de soles imperfectos
y despedidas borrosas.
Solo quedamos nosotros
haciéndonos preguntas muchas preguntas
después de los treinta años.
Desde el asfalto alguien levanta su consigna
ondea con los harapos del aire
lo aplastan trituran sus sueños
nadie nadie nadie
es su propio benefactor y recoge despacio
lo que le queda del cuerpo.
En la puerta de su casa la consigna se ríe
le convida a la mentira
solo piensa que es muy tarde
y necesita comer
limpiarse lo que le queda del cuerpo
prestar un pedazo de pan
al que se arrodilla en la acera
para nuevamente
colgarse al cuello la consigna que otro inventa.

Alguien dibuja en el borde de un papel esta ciudad
donde lame su destierro.

5
Ahora llueve
y pronto el agua nos devolverá
al sitio justo.
Nos ponen las aguas frente a nosotros mismos
porque aguardan la cotidiana cita
que cree engañarnos una y otra vez.
Los años no pasan en vano
desde mi lugar miro al tiempo
y mientras en mi ciudad llueve
soy una gota que espera la caída.


VEINTIUNO DE JUNIO DE 1937

................................ Y quise herirte
.............................................................. allí en el mismo centro de tu ser....
..................................................................... Así me defendía del miedo a conocerme.
............................................................................................................... [F.O.]

.................................................. De Digna Palomino, mi madre.

Siempre soñé abiertas mis manos
para juguetear con el susurro del día
así caminé entre desamor y pobreza.
Sobre mi casa volaban las brujas
a las doce del día me hablaban al oído
me daban de comer sus uñas
pronto aprendí a volar
también mi padre tatuaba
sobre el alma de mi madre la soledad.
A los quince años mis manos desaparecían
entre las sábanas y el sol
desde ese momento adiviné mi futuro.
Ya era bruja y volaba a las doce del día
camino al infierno
luego llegó él me desnudó a las doce de la noche
entonces mis ojos lamieron su sangre
incansables poseídos por la nostalgia.

Riego mis huesos
solo me quedan mis huesos
luego de un veintiséis de julio de 1990.
Para entonces ya era bruja
y volaba a las doce
y aparecía él entre sonrisas
para guardar mi cuerpo en su bolsillo.
Tuve tres hijas
desde esa fecha dejé de volar
tres hijas alimentándome el parto con desmemorias
mi existencia dictaron bajo los pies y el recuerdo
cada una llegó con la estación de los hombres:
la primera coronada por la ausencia eterna
tocó mis brazos un invierno de 1970
la segunda salió de mi vientre
en el otoño de 1972
la tercera se sembró en mi pecho
-ser de inmoladas hazañas-
en el verano de 1975.

Riego mis huesos
solo me quedan mis huesos.

Cuando amanece la tierra me da de comer
el mar me conduce hasta la puerta de su casa
me invita a una copa
y mi hija escribe incesantemente
riego sus ojos con el rocío de la mañana
aún conserva su collar de escamas
y su padre se arrepiente
cuando encuentra al tiempo.

Riego mis huesos
solo me quedan mis huesos.

Voy al encuentro con mi madre
ella guarda mis ojos en su pañuelo
y la tierra nos acoge
pienso en mis hijas y sus tardes
pero dejé de volar
cuando él abrió mis piernas
y ellas nacieron.
Sobre mi casa volaban las brujas
a las doce del día me hablaban al oído
ahora después de catorce años y para siempre
riego mis huesos
solo me quedan mis huesos.


VEINTICINCO DE FEBRERO DE 1939

.................................................. De Juventino Soler,
................................................................. para que el tiempo no venza.

Cuando el sol brilla
su luz nos cobra una deuda.
Continuamos cansados de mirarnos frente al aire
en esta interminable entrega de cada día
como si quedara solamente
una butaca en el vacío teatro.
Siempre mi niñez de árboles y soledad
donde las mujeres no llegaron
paseaban todas por mi cuerpo
siempre tranquilas en su inercia
desde las páginas de una vieja revista.

Voces a mis espaldas
y un extraño guiño de la ciudad
que me vio crecer más allá
de sus fuentes y ahuecados vítores.
No encuentro las promesas
testigos en la cerradura del agua
en los años parecidos a las cobijas del insomnio
como acertijo inmolándose
como los veinte años que bebí
desde los senos de aquella mujer
que arropó su inocencia en mi lengua.
Dónde están mis hijos
dónde mi casa
dónde la época en que todos corrimos
y apostamos el futuro en incontables sospechas
que han quedado detenidas en el horizonte.





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