lunes, 15 de diciembre de 2008

Alberto Sicilia (Cabaiguan, 1966)


Alberto Sicilia Martínez
(Cabaiguán, Sancti Spíritu, 18.08.1966)

Poeta y promotor cultural.

Es miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y miembro de honor de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) de jóvenes escritores y artistas cubanos.

Tiene publicados los cuadernos de poesía:
  • El Camión Verde, Editorial Letras Cubana ,1994.
  • A favor de la roca, Editorial Luminaria, 1998.
  • Miniatura con abismo, Editorial Letras Cubanas, 2008.
Textos suyos han aparecido en importantes antologías y publicaciones periódicas cubanas y extranjeras como: las revistas Letras Cubanas, El Caimán Barbudo, Revolución y Cultura, La Gaceta de Cuba, La Letra del Escriba, La Jiribilla, Cubaliteraria, Árbol invertido; y las antologías Antología de la décima Canarias-Cuba, Retrato de Grupo, Nuevos Juegos Prohibidos, La Estrella de Cuba, Todo el Amor en Décimas (Islas Canarias), entre otras.

Ha obtenido numerosos premios y reconocimientos, entre ellos:
  • Premio Día de la Poesía Cubana, 1987.
  • Segundo Premio de Poesía Fayad Jamís, 1987.
  • Premio de Poesía de la revista Revolución y Cultura, 1997.
  • Premio Regino Pedroso, 1998.
  • Distinción por la Cultura Nacional, 2005.
  • Diploma único de la UNEAC, 2006.
  • Sello XX Aniversario de la AHS, 2007.

Actualmente labora como chofer de camión, coordinando, además, las actividades del Taller Itinerante.

En el 2006 se publicó la antología Viajando al Sur, que recoge una muestra de 45 autores pertenecientes a los talleres de creación que dirige.

( Dirección de correo electrónico: albertosicilia@hero.cult.cu )


ORDENAMIENTO DEL CAOS
...........................................para Senel

Para que el censor no mancille
el poderío de la hoja,
dibujo una provincia,
sus tejados y el temblor de las aguas.
La noche, oculta bajo la exquisitez,
pasa, indagadora de su propia oscuridad,
sabe que el sol puede flotar, levísimo,
ordenando estas palabras.


FOTO BREVE

Y bajamos por la galería Este
hasta perdernos en un laberinto
de calles apagadas
y salir a los arrecifes de la costa sur
en la Boca o en María Aguilar
con erizos cobardes y barcos portugueses
tengo la grabación las palabras finales del discurso
y el sonido del mar que insiste
contra el borde de la isla
guardo la foto en blanco y negro de un cuerpo joven
con gotas de agua sobre el rostro
y en los ojos golpeante una gaviota

Los militares le negaron el saludo
y eran las once y treinta de la mañana
y era sábado más al sur
siempre pensando en el comercio del cuerpo y el pescado
lo negaron tres veces y como estaban desnudos
se masturbaron frente a la extranjera que parecía francesa
digo masturbándose a la francesa bajo el agua del sur de Trinidad
sólo por la risa destemplada
de aquella vieja y blanca puta parisina

Eran tres erizos sin uniformes
bebedores de José Arechavala
con los ojos inyectados de corales de fuego
mi recién esposa paría en un crucero
obediente de dios
intentando cruzar la piscina ovalada
y yo volví hacia ella y penetré en su interior
buscando una salida
y mientras buscaba
el mundo se sacudía por el este
y los lagartos cambiaban de color
yo iba penetrando
abriendo puertas y saltando ventanas
dentro de ella había frutas tropicales
que calmaban mi hambre y mi sed
afuera la oscuridad crecía
nos rodeaban animales más fieros
y paredes de agua turbia
algunas veces yo sacaba mis manos
para tocar sus pezones
y saber que allí estaban

Yo esperaba la paz de los senderos campestres
donde sólo se escucha el canto de los pájaros
y la brisa entre las ramas
yo esperaba la paz de los senderos
yo esperaba la paz.


POEMA

Bajo la siniestra nave,
toda de luz,
mi palabra arde.
La memoria, un absurdo miedo,
el pasillo caminante y la casa final.
Son las cuatro maravillas del recuerdo.

Pasadas las ocho,
oscuro ya el perfume del patio,
esa música sigue.
Idolidia estará llegando a algún lugar,
en su mano los anillos de Júpiter,
los anillos.

Infatigable, el reloj vuelve a decir,
cada ruido del mundo es un mensaje.
Esta pequeña estación es el asombro,
una réplica del sueño perdido,
un orden diferente que nos reúne.


LOS DÍAS Y LAS NOCHES

Mis días son necesarios al polvo,
con los anillos de sus luces
hago un nuevo escándalo,
y en las escaleras aún no construidas
espero para cerrar los ojos.

Puedo contar contigo, pequeña,
porque tu corazón no conoce ni odio ni locura.
En mí puedes confiar,
también he visto su parte en la huida.

Mis noches no son tan necesarias,
duermo con la primera sombra,
sueño con la última,
y puede parecer común
pero el alfa es y la omega.

Mi tiempo es como los editoriales
que escribe un fantasma
en el idioma de las máscaras,
falacia sobre el papel
para justificar mis días y mis noches.


jueves, 4 de diciembre de 2008

Norge Espinosa (Santa Clara, 1971)


Norge Espinosa Mendoza
(Santa Clara, Villa Clara, 22.05.1971)

Poeta, dramaturgo y crítico.

Graduado con título de oro en teatro por la Escuela Nacional de Arte, 1992, sus obras teatrales han sido puestas en escena por los grupos teatrales Pálpito y Teatro El Público.

Ha publicado los libros:

Cartas a Theo, Ediciones Vigía, 1990.
Las breves tribulaciones, Premio El Caimán Barbudo 1989, Ediciones Capiro, 1991.
Los pequeños prodigios, Premio Pinos Nuevos 1996, Editorial Gente Nueva, 1996.
Yorick, ¿teatro joven en Cuba?, en coautoría con Marilyn Garbey, Editora Abril, 1998.
Las estrategias del páramo, Ediciones Unión, 2000.
Carlos Díaz: Teatro El Público: la trilogía interminable, Premio Calendario 2001, Editora Abril, 2002.
Romanza del Lirio, Editorial Sed de Belleza, 2003.
La virgencita de bronce, Ediciones Alarcos, 2004.
La mágica y probable historia del cuento que se durmió, Ediciones Vigía, 2006.
Cintas de seda, Premio José Jacinto Milanés, Ediciones Matanzas, 2007.

Además, sus poemas han sido antologados en diversas compilaciones cubanas y extranjeras, entre ellas:

De transparencia en transparencia, Letras Cubanas, 1993.
La isla entera: poesía cubana de las dos orillas, Editorial Bethania, España, 1994.
El turno y la transición. Antología de la poesía hispanoamericana del siglo XXI, Julio Ortega, Siglo XXI Editores, 1997.
Novísima poesía cubana, Universidad de Salamanca, 1998.
Antología de la poesía cubana (IV Tomos), Editorial Verbum, 1999.
Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX (1902-1998). Instituto Cubano del Libro, 2000.
La isla en su tinta. Editorial Verbum, España, 2001.
La casa se mueve. Poesía cubana contemporánea. Diputación de Málaga, 2001.
Los parques. Jóvenes poetas cubanos. Editorial Mecenas, 2002.
Poemas cubanos del siglo XX. Editorial Hiparión, España, 2002.
El decir y el vértigo. Antología de la nueva poesía hispanoamericana, preparada por Rocío Cerón, Julián Herbert y León Plascencia. Filo de Caballos editores, México, 2005.
Island of my hunger, City Lights Publisher, New York, 2007.

Principales premios y reconocimientos:

• Premio El Caimán Barbudo, 1989.
• Premio único del Primer Festival de las Ediciones Vigía, 1990.
• Premio Abril de la UJC a su obra poética, 1997.
• Premio al mejor texto de teatro para niños y jóvenes del Festival Nacional de Teatro Camagüey, 1998.
• Premio Prometeo al joven poeta, UNEAC, 2000.
• Distinción por la Cultura Nacional, 2002.
• Premio José Jacinto Milanés de dramaturgia, 2006.
• Premio Dora Alonso de dramaturgia para niños y títeres. 2010.

Reside en la ciudad de La Habana.

( Dirección de correo electrónico: norgenator@gmail.com )


VESTIDO DE NOVIA

..........................................................Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whitman,
..........................................................................contra el niño que escribe nombre de niña en su almohada,
....................................................ni contra el muchacho que se viste de novia
...........................en la oscuridad del ropero.
.................................................................................................................[ Federico García Lorca ]

Con qué espejos
con qué ojos
va a mirarse este muchacho de manos azules.
Con qué sombrilla va a atreverse a cruzar el aguacero
y la senda del barco hacia la luna.

Cómo va a poder
Cómo va a poder así vestido de novia
si vacío de senos está su corazón si no tiene las uñas pintadas
si tiene sólo un abanico de libélulas.

Cómo va a poder abrir la puerta sin afectación
para saludar a la amiga que le esperó bajo el almendro
sin saber que el almendro raptó a su amiga le dejó solo.
Ay adónde va a ir así este muchacho
que se sienta a llorar entre las niñas que se confunde
adónde podrá ir así tan rubio y azul tan pálido
a contar los pájaros a pedir citas en teléfonos descompuestos
si tiene sólo una mitad de sí la otra mitad pertenece a la madre.

De quién a quién habrá robado ese gesto esa veleidad
esos párpados amarillos esa voz que alguna vez fue de las sirenas.
Quién le va a apagar la luz bajo la cama y le pintará los senos conque sueña
quién le pintará las alas a este mal ángel hecho para las burlas
si a sus alas las condenó el viento y gimen
quién le va a desvestir sobre qué hierba o pañuelo
para abofetearle el vientre para escupirle las piernas
a este muchacho de cabello crecido así vestido de novia.

Con qué espejos
con qué ojos
va a retocarse las pupilas este muchacho que alguna vez quiso llamarse Alicia
que se justifica y echa la culpa a las estrellas.

Con qué estrellas con qué astros podrá mañana adornarse los muslos
con qué alfileres se los va a sostener
con qué pluma va a escribir su confesión ay este muchacho
vestido de novia en la oscuridad es amargo y no quiere salir no se atreve
no sabe a cuál de sus musgos escapó la confianza
no sabe quién le acariciará desde algún otro parque
quién le va a dar un nombre
con el que pueda venir y acallar a las palomas
matarlas así que paguen sus insultos.

Con qué espejos con qué ojos
va a poder asustarse de sí mismo este muchacho
que no ha querido aprender ni un sólo silbido para las estudiantes
las estudiantes que ríen él no puede matarlas
así vestido de novia amordazado por los grillos
siempre del otro lado del puente siempre del otro lado del aguacero
siempre en un teléfono equivocado
no sabe el número tampoco él lo sabe.
Está perdido en un encaje y no tiene tijeras
así vestido de novia como en un pacto hacia el amanecer.

Con qué espejos
con qué ojos.


BREVÍSIMA APARICIÓN DE JOSÉ MARTÍ EN LA LLOVIZNA

Debieran pesar menos tus párpados, y el limo
de tanto verbo cívico ampararte en mejor modo.
Es larga la llovizna, y el paisaje que la mide
hierve ante tu nombre, que sabíamos Amado.

Estás
y no te vemos más que en el espasmo
que lo humedece todo, en su Constitución
que tantos generales firmaron muy de prisa,
urdiendo otra batalla, otro país,
Papel Moneda

Cárdenas. Bayamo. Ciudades que no viste
se empapan de tu nombre como de extremaunción
y ni los niños pueden, borrando la llovizna
marcar un tiempo apenas en que no estemos
habitándote.
Un parque, un mausoleo, repetidos como bustos
que doblan tu visión: eso devora la llovizna,
y los mapas siniestros que con ninguna brújula
desmentirán al mar, la soledad que nos rodea.
Llovizna, talismán, aparición, huida, encanto.
El mármol de un portal ya casi hundido te pregunta
por los antiguos fríos que te ofreció otra capital
que recorrías cegato, bizambo, desorejado
en pos de islas inciertas, casi humano temporal.

No se esfuma el olor tremendo de tu anécdota.
No cesa la llovizna
sino el mezquino tiempo que duró tu aparición.
Te vas antes de que abran sus mesas y sus manos
los húmedos civiles que supieron invocarte.
Te vas como se esfuma la silente Navidad,
y la fe cenizada con la cual sobrevivimos.
El día también canta, a su manera, los milagros.
Hoy, cuando quiero cerrarme en la llovizna
como un libro.


PENSAMIENTOS EN LA 22

Si extiendo los brazos de pared a pared
algo más que humedad estará en mí lacerando:
la historia del Otro, su terco perfil,
que en la noche el vigía procuró, persistente.
En la circular número cuatro, haciendo
el doble malabar de quien su muerte reconstruye,
juego a ser el reo, y en la 22,
celda de mi arcano, esto pienso y voy cifrando.

Prisión de la Isla en la Isla del cuerpo. Han borrado claves,
grafittis, memorias.
El techo se pudre, como la sensación
de ser el que Fue, tras las rejas, sin rostro.
Aguzo los filos de la sobrevivencia,
un cuchillo hay en mí que es mi lengua, y el Tiempo.
Mi piel es su tatuaje,
mi sed su persistir.
El hombre al que torturan lo que escribo ya conoce.

No sé, si tuviera la oportunidad
de cambiar esta Isla por las otras, qué hiciera.
No digo el domingo, pero en la 22
el tiempo vuelve a ser un torcido remanso.
Aquí tuvo el Otro su mujer imaginaria,
como tengo yo ahora un amante abstraído.
Quien se murió por mí en la ergástula
aquí hubo de hablar destronado y perfecto:
y aprendí a ser la víctima extendiendo sus brazos
de pared a pared, de una angustia a otra angustia,
de una Cuba que en forma muy menor se nos diluye.

En la tarde, el Presidio
no cierra sus compuertas.
Entro aquí con la misma obcecación que a un Oráculo.


KUBAS POETER DROMMER INTE MER

I
A la vuelta de unas horas, desarmada la trastienda,
encienden un cigarro, una mujer, una nostalgia,
que no podrán beber. Escupen unos pájaros.
Casal los acompañe. Y también Heredia,
para el desasosiego.
Van a cerrar las puertas para escribir a solas.
Traen su verso, su reloj; traen su pan y su enemigo.
Mancos, ciegos, sordos, mudos de golpes y candor
fingen abrazarse, celebrando en las revistas
el único disparo de quien pudo transfigurarles
sobre la nieve estoica donde guardan sus cadáveres
las patrias imposibles que Dios nos revelará.
Bajo la luz del fondo, mientras corren las noticias
como peces en un mar que da en la sangre sus reflejos,
vuelven los poetas a beber libro por libro
y hablan del novecientos cuando la noche los acoge.

La noche los recibe en los bares, en los cuartos
miserables del hervor que ellos resuman desde el puerto.
Rones del Atlántico les da, y brújulas, esferas
sobre las que escribir las juventud que los agota.
Exprimen unas algas, visten sedosamente
la forma terca y pulcra que sus versos van tejiendo
pero no pueden soñar; algo en la Isla les impide
volcarse en la blancura. Y es la niebla lo que cantan.
Cábala nacional
devuélvenos el párpado.
Cábala nacional,
la bitácora. El hastío
de un paisaje moribundo vacía nuestras páginas
que tan altas quisimos. Nos hacen desdecir
las últimas tertulias que la ciudad ha preservado
del lirio y de la costa, parpadeando bajo el trueno.

Qué pocas cosas nos defienden si la tormenta se avecina.
Las cartas del amigo son demoras en el trópico,
los daguerrotipos nos bendicen. Remembranza
de un tiempo por llegar, que no alcanza en esos versos
a ser tiempo posible; los poetas traen el sueño
que quisieran soñar o revivir en esas páginas
que el temporal agrupa, ilustra, ve, ilumina.
Los poetas cubanos fundamos en la noche
la cifra tan exacta de una Isla en la orfandad.
Urna, Mausoleo, Sala de Armas, Capitolio:
qué son esas palabras frente a la cerrazón.


II
Largo ha sido el temporal, Apóstol. Y nos escampa.
Se escucha en la trastienda su rumor, y nadie puede
volver a tus discursos, a tu paso, sin entrar
al rocío destrozado donde hallaste las visiones
que pueden sostenernos, aún en la tormenta.
Hambrientos desde e agua, flotando sobre el cáncer
de nuestras certidumbres, volvemos a tu nombre
no en las horas cívicas, Martí, para saberte
sino frágil y cercano al sangro que elegiremos.
Mujeres, niños, dioses del sueño de la Isla, repiten la tristeza
y el tráfago al saberte como ellos, aquí
junto a la mesa única de raras navidades
que despiden al siglo con perfiles de ciclón.
Libro de Cuba
que acaso tú entreviste,
en forma de diario hacia la exaltación. José,
cómo podemos no pensarte cuando sopla
en cada fundación una amenaza del desastre
Los poetas no podemos soñar, está obligado el ojo
a ver, a ver, a ver: no habrá un pasado
si alzamos contra el viento de la noche en que te hundiste
duda y sólo duda; pero en la habitación
donde nos reunimos para desarmar los versos,
los cuerpos del país, estaremos convocándote.
Isla y temporal, Libro de Cuba. Apóstol;
¿habrá para nosotros también claustros de mármol?


III
Cantar los mismos argumentos nos ha vuelto predecibles.
La Isla sueña y no el poeta que en la media luz pretende
ver contra la fronda, ser la flecha y ser el blanco.
La fuente amplísima de frutos es gozo que desdeñamos,
Pero su sabor rebota en la lengua de los negros
y los indios cautelosos que tampoco nos leerán.
¿Y es acaso que nos leerán,
va a poder escoger alguien la escritura de estos signos
donde todo va mezclando el esplendor y la ceniza,
y la celebración familiar en la promesa
de círculos de polvo, o ámbar que nos corona?
Los poetas juran, elogian los sonetos
perfectos de Zenea: es de románticos su estirpe;
y el mundo encima de sus bocas fluye
si beben en las fiestas los pretextos de la trova
y callan el hedor de las iconografías. Abrazados, son
nombre en el Nombre, Hijos en el hijo
que nos redimirá.

Verbo nacional,
revélanos las puertas,
las casas, el paisaje en que podía ser el parque
y su verde y el fulgor
el latir mismo de Cuba.
Verbo nacional, revela tu elegía
en que sonriamos y haya acabado lo terrible.

Ganas de soñar. Nos salvan esos álbumes
donde ordenarán los padres sus más recientes glorias, hechas de ingenuidad.

Y al volver de la necrópolis, otra vez en la trastienda
beberemos por nosotros el mismo, largo trago
que el ya ausente prometió.
Nos salvan esos días en los cuales nos entienden
los que van a llegar y nos desean perdonarnos
el azar estas preguntas de respuestas infinitas
bajo el árbol general al que vamos adentrándonos.
Los poetas cubanos ya no sueñan; en la noche
de la Isla entienden los cuerpos y el abismo, los libros y las armas
del silencio y el origen. Grande es la soledad
y el temor de ser apenas el verso que sobreviva
en el adolescente cuyo rostro no sabemos.
Hora nacional,
Dános el alivio
de alzar alguna página contra el sueño tercamente.

El sueño, pero no.
No el dormir si va cayendo
la lluvia entre nosotros y es de fuego y es de azufre
el peso de la gloria y no el de cada libertad. El sueño, pero no.
Los poetas se reúnen, leen el mediodía, desarman la trastienda
de la conversación
cantando estos presagios siempre en la media luz.
Y no pueden dormir. Y el viento sopla afuera.
Y así pasa el huracán, y pasa el siglo en nuestros nombres.


POEMA DE SITUACIÓN

Yo no necesito la muerte de los mártires.

No necesito de sus rostros en la ira de la muchedumbre,
no preciso sus voces que golpean en la pancarta,
en los muros, en las redes, en las piezas de domingo.
No me hacen falta sus nombres,
la sangre en que crecieron.
Sus ojos, sus gritos, no son angustias para mí,
no son las furias que hierven en las manos de los otros.

Me vale más saber que ellos rieron como yo,
que de mi edad sufrieron como yo ahora sufro:
Desnudo, Gris, Bebido e Insolente.
me vale más saber que somos gemelos de un tiempo
donde quizás sus mujeres lleguen a ser las mías
y podamos confundirnos en lo febril de las puertas.
Me vale más tenerlos como aporte de mis días,
como el almuerzo elemental gracias al que vivo,
y no en lo solemne, no en lo ya perdido,
donde ahora se pasean en un círculo de sombras
apuntalando con sus muertes la historia de un país.

Yo no necesito la gloria de estos mártires.


CEPA DE UN CUERPO

Que toda plenitud sea ese torso, y que los pájaros
nacidos de su piel tu compañía:
un día del verano será finalmente eterno
si yace junto a ti aquel a quien amábamos.

Piel, eternidad, plenitud, irisdicencia;
cifras de ese cuerpo que solo tú describirás
oscuro y entrevisto, en el mar, cuando la tarde
y el tedio y el amor abren una misma copa.

Copa levantada en el hervor. Las despedidas
serán el rito amargo demorado de cada página.
Que tanta soledad pueda de pronto quebrantarse;

te salvará ese cuerpo. Cuando te roce, vivirás.
Pétalo en el aire. Abrazo apenas sostenido.
Si la belleza es cosa cierta, sé que terminará cegándonos.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Isvan Alvarez (Caibarien, 1976)


Isván Álvarez Herrera
(Caibarién, Villa Clara, 1976)

Poeta y Médico.

Actualmente es residente de la especialidad Neurofisiología Clínica.

Tiene publicado los poemarios:

  • En la madera del viento (Premio Pinos Nuevos, Editorial Letras cubanas, 2005)
  • Desfiguraciones (Premio Calendario, Editora Abril, 2006)
  • Algunas cosas ciertas (Editorial Sed de Belleza, 2006)

Además, fue finalista del Concurso de Poesía de la revista La Gaceta de Cuba, 2007.

( Direcciones de correo electrónico:
isalvahe@gmail.com - isvan@giron.sld.cu )


EL ANZUELO

A la orilla del mar, o de la mar,
como prefieren los viejos pescadores,
me llevaba mi padre, escenas que la memoria funde
en un solo capítulo paradigmático.

Aprendí nombres, gestos viriles
esforzado por llegar a la altura de sus ojos
a veces en el agua absortos
entre los instantes que medía
mis ademanes, mi potencia para lanzar
las piedras planas que crecen en la orilla.

Se intenta acostar la piedra sobre el mar,
se lanza, y ella rebota como otro hijo de Dios
necesitado de caminar sobre las olas.
Las de mi padre, cuatro pasos, cinco,
para sumergirse; las mías buscaban el fondo
apenas rozar la inmensidad
como si el temor en mi mano al impulsarlas
las contagiara a ellas.
Parecía ganarme la vida en aquel juego.

Otros días llevábamos las pitas, el anzuelo
para tentar el deseo de los peces.
Quieto esperaba, con el mar dormido en el sedal.
Hasta que el nervio, de pronto tenso,
indicaba un renacer, un dolor
en el seno de la bestia húmeda.

Los peces aparecían por milagros.
Cobraba la pita: más interés ponía en las cabriolas
del pez, en su portento
que en la eficacia técnica del acto.
Quedaban quietos, con el relumbre salado del cuerpo
expuesto a la brisa que les cuajaba los ojos,
pequeñas agallas marmóreas temblando
como las ruedas dentadas de un reloj.
Yo imaginaba que para respirar
algo debía de dar vueltas.

Otros días alzaba mi cabeza mirando el aire.
Días en que mi padre podía no entender
qué me tornaba tan liviano.
A veces el aire se entreabría y aparecía el anzuelo
y yo mordía esas chispas en la claridad
pidiendo que algo me elevara
en el anhelo curioso de emerger en otra orilla del mundo.

Quién va a pescarme a mí, le preguntaba,
cuál anzuelo morderé.

Por la faja del mundo en que mueren los peces,
cuando cuento los anzuelos que en mi cuerpo afloran,
recuerdo a mi padre,
ya cansado de esperar en mí,
sin contestar, la mirada perdida
en la insistencia del oleaje, en su puño apretando
a otra piedra pulida, las respuestas.


MATICES

........................................................................¡A qué ceremonial nos obligan la gravedad de los sentidos
.........................y la seriedad del cuerpo!.
.....................................................................................................................................[ E. M. Cifran ]

Aunque esté oscura la casa
en su interior late un corazón despierto.
Aunque a nuestro lado caminen las criatura ciegas
levantaremos ofrendas por todo lo bello y todo lo lejano.

Y no importan las fugas que hemos perseguido
aferrados a algo que no deje de ser cuando se toca.
Cada uno abriendo en el deseo del otro,
espigas en un vaso, plenas de músicas calladas.

Quién ve los oros,
qué ven los otros si son invisibles los matices.
Cantigas, castigos de invisibles matices.

Somos bultos que no logra desleír la luz,
cuerpos mojados que escogieron la intemperie para redimirse.
Sufrimos el pedestal que nos esconde,
sobre el cual disimular tantos raudales.
Somos espíritus que han encontrado un camino
a cambio de la piedra en su boca.

Apretados en la misma ceremonia,
por la misma vena de la espiga ascenderá el castigo,
otra flor posible, simultánea, otro deseo dorado
que trocaremos en piedra.


DUDA

Lloro en soledad, siento que no hay amor que podamos compartir.

Podrá venir el Hijo del Hombre a decir su sermón,
pero comprendemos lo que somos, y es mejor acaparar reliquias.
En las puertas del templo otros también las preferirán,
no la bondad acusadora, no el polvo pisoteado de sus ojos
y la voz como nube desleída en tibio cáliz.

Lloro en soledad, siento que no hay amor
que nos redima, ni limpie manchas de sangre coagulada ha tanto.
Él puede pasar bajo la imagen del niño
que se resiste a caminar porque atiende
los deslices del aire que el padre endurecido no percibe.
Nosotros, condenados a vestir el cuerpo
y los ojos del hombre. A no ver. A castigar.

Son difíciles las pruebas. Lloro en soledad,
acepto todas las consecuencias de mi mal o mi ignorancia.
Es más difícil ser perfecto cuando los otros no lo son.
Si me abres los brazos, abriré los míos
y por un instante seré digno de Ti.
Si escupes a mi paso, desearé quemarte
aunque no tenga el poder de esterilizar la higuera.
O inclemente te dejaré saber mi perdón,
o cruel anunciaré las veces que me traicionarás.

Luego que el gallo cante, nada importa.
Déjame llorar solitario. Déjame negarme.
Para entonces no preguntes por qué te han abandonado.
También tú sentirás que no es suficiente el amor
que se puede compartir,
sino resignación;
de vez en cuando un buen cordero
y vino.


LA ÚLTIMA VELA

I
Otra vida, Señor, otra aventura,
otra gente cercana a quien no hiera
cuando soy el que soy, donde no quiera
yo otra vida, Señor, otra atadura.

Otra vida, Señor, otra atadura,
otro cuerpo, otro amor, otra quimera,
donde siendo el que sea, ser cualquiera
a quien baste su vida, su aventura.

A quien baste su vida, su aventura,
de mí lleno ser algo que no duela,
alguien que encuentre en vivir contentura,
no un ejercicio que apenas consuela.

Eso pido, Señor, bajo la oscura
penumbra que encendió la última vela.


II
Vuelve ciego al papel, al papel ciego,
del capullo del aire a su otra piel
a entregar lo vivido, incauto, infiel,
en soberbia maroma, también ruego.

Justifica tal vez en su otro juego
una escena, un equívoco papel,
frente al mismo auditorio que su hiel
derramó sobre él y olvidó luego.

¿Quién redime a aquel niño lastimado?
Solo en uno pervive, limpia espuela,
la memoria doliente, su otro lado.

En las formas esbeltas que revela
no se cura el mañana ni el pasado
ni se apaga la sed de su candela.


III
Salgo a mojarme el rostro en la mañana
aun crepuscular bajo un noviembre,
tablas toscas enjugo del pesebre
donde vahos del sueño me reclaman.

La aventura de un cuerpo que se afana
por armarse otra vez en la rompiente
a pesar del colmillo de la fiebre
la ilumina algún sol desde su rama.

Así, malsano, me ataca el nuevo día,
los pasados y a veces los siguientes
con un tufo lejano de perdones,
y mi sangre por la alcantarillas
se empapa de algodones y alfileres
con que se unta la muerte mis dolores.


IV
Mi bajel en el mar de las desdichas
o en el mar de la dicha, casi el mismo
—uno ignora el discreto cataclismo
que trastoca la suerte de las fichas—

navega hacia horizontes donde habita
otro ser parecido al ser que existo
—¡ojalá se presente un imprevisto
que me obligue a llegar tarde a la cita!—.

Aquel ser hondo y fijo que me aguarda
ya no escucha la voz de las sirenas
y en ningún sitio preguntan por qué tarda.

Eslabón terminal de mis cadenas,
mi ojo claro será pupila parda
cuando se ancle mi sangre entre sus venas.


V
Piedra de la confianza, qué edificio
se ha despertado lento de la nada,
solo con una voz y una mirada.
Sea esta vez la Casa, no un hospicio.

Solo con una voz y una mirada
se construye otra vez el precipicio.
Torna la soledad como el Alisio
a cercenar la espiga fecundada.

Del caracol entonces toma ejemplo:
una vuelta de espira más adentro
sus vísceras esconde desconfiado.

Yo, Señor, en sus dudas me contemplo:
¿cómo puede insistir en el encuentro
sin saber por qué le has abandonado?

viernes, 7 de noviembre de 2008

Rigoberto Rodriguez Entenza (Sancti Spiritus, 1963)


Rigoberto de la Caridad Rodríguez Entenza
(Sancti Spíritus, 5.11.1963)


Poeta, narrador, dramaturgo y crítico.


Graduado en Teatro y Literatura y Español. También ha cursado estudios de Periodismo. Pertenece a la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba y es miembro de honor de la Asociación Hermanos Saiz.

Ha obtenido, entre otros, los Premios Rubén Martínez Villena, Fayad Jamís, Eliseo Diego, Nosside Caribe, y Raúl Ferrer. Con su libro Otras piedras talladas en silencio, obtuvo Mención en el Premio Julián del Casal.

Ha publicado:
  • De tales amantes tal historia (Ediciones Luminaria, 1990).
  • Hombre colgando de un pie / del mundo (Ediciones Luminaria, 1991).
  • La mano y el silencio (Ediciones Luminaria, 1998).
  • Cuerpo de álamo (Ediciones Luminaria, 2002).
  • Sitios Cruzados (Ediciones Sed de Belleza, 2003).
  • Último día del naufragio (Editorial Letras Cubanas, 2004).
  • Otras piedras talladas en silencio (Ediciones Unión, 2006).
  • Manera obsesiva (Ediciones Luminaria, 2008).
Además, es autor de libros para niños como La señorita traga truenos y otros cuentos, la obra teatral Las 120 monedas, y el poemario A la orilla del sendero.

Su obra ha sido incluida en diversas antologías y, textos suyos aparecen en numerosas revistas como La Gaceta de Cuba, El Caimán Barbudo, Ecos del Norte, Octubre, Cauce, Vitrales, La pedrada, Esquife y Sic, entre otras.

( Dirección de correo electrónico:
elciudadanococo@yahoo.es )
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CÍRCULO
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.......................................................................A Manuel González de los Ríos
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El prisionero, a través de una diminuta ventanilla enrejada
ha mirado la luna. O seamos precisos: el prisionero
a través de una diminuta ventanilla enrejada
ha mirado un diminuto lago y allí la imagen de la luna.
Como de un sueño, bajo una luz fina pero intensa
sus ojos entraron y salieron. Luego deshizo una postal.
Es falsa, le había dicho el otro inquilino de la celda.
Somos vigías del olvido, solo eso es cierto esta vez.
Al amanecer un guardia repite cierta parábola.
La escuché anoche, dice y explica el sueño.
Después salen a tomar sol y un hombre, trazando
una parábola cruza el aire azul. Si entramos en la historia
y creemos en su profundidad seríamos ese hombre.
La aventura consiste en detenerse y no mover ni un dedo
ni decir una pregunta. Estoy en un hueco del mundo
ante mí mismo. Tropiezo conmigo. Soy el caos
de mi boca y el silencio que le brota. Las puertas no se abren
ante mí ni yo me abro ante el ruido antiguo de la gota de agua.
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JUEGO DE LA PUERTA

............................................................................Me extiendo por lo inmenso
...........................................................................................como las raíces de un árbol sagrado,
................................................................................como la música, como el mar.
............................................................................................................................[Octavio Paz]

Entro en la primera voz del árbol.
Con mi humilde traje rodeo la mesa
y mastico la música que escuchan todos.
El canto va al centro del óvalo
y su oro hacia la lúcida tarde cruza.
Un hijo anuda el silencio a su violín
a las formas perfectas y variables de la rosa
a los ciegos y apurados pedacitos de olvido
a las preguntas que reinan en el pudor de nuestras calles.
Mi lomo es un animal invisible.
El filo rígido de la soledad va hacia el fondo de mi ala.
Mi ojo en su mitad podrido es vuestro sueño.
La luz nos cerca.
Señor, dígale que soy como los otros
bajo el caos de un clavel herido.
Señor, hazle mirarse en la otra orilla.
Se balancea la costumbre.
Precarias sombras en equilibrio.
Ellos y yo estamos en el clamor.
El mar repliega las voces
hacia iguales palabras cómplices.
Somos el coro del verdugo.
Con su lengua de hierro
el hijo del rey nos ha marcado la cara.
El rostro y la herida somos.
El viaje envuelve ese peligro
y en la claridad se diluye.
Juego de la puerta blanca como la estrella.
Bajo un árbol habrá siempre esa verdad como principio.
Se incrusta el pie del animal en la tierra resbaladiza.
La realidad no es trigo ni paz sino un hombre allí.
Jadeo y no logro el otro paso.
Al apagarse la tarde
cada gota de sal entra en el crecido abismo
y yo con el rumor de mis anhelos y raíces
bendigo la mano que abre la puerta clara
y el aire que se sienta en el ojo del silencio.


POZOS

El pie dilecto se adscribe a la tierra.
Patina y suda su certeza.
Su ojo mitad pérdida, mitad sueño
insinúa la levitación.
No hay pasos ni palabras
sino juego y jadeo.
La luz reforma el borde rígido
y cada gota augura los pozos predichos.
A lo lejos se ve el color de un clavel en la boca de los lidiantes.
El que está solo avanza contra lo inextricable.
El escamoteo es su corona.
El clavel está mordido.
Su cero le niega la suerte de los posibles caminos.
Bajo el caos todos los reyes son blancos.
Si el hombre va hacia afuera se desdice.
No es la sílaba que roza la veracidad
y su mano.
El clavel es mi herida.
La mañana está abierta.
Desde allí puedo ver sus alas.
¿A quién dicen adiós?


JUEGO

...........................................esos muchos instantes y esos muchos días pueden ser traducidos a uno:
............el momento en que un hombre averigua quién es,
cuando se ve cara a cara consigo mismo.
......................................................................................................................[Jorge Luis Borges]

I
En los residuos del verano y el silencio
se salva siempre un pedazo mío.
He convivido con los golpes, sus llagas
con el tiempo, su penumbra.
En mi cuerpo habitan pequeñas pocilgas
noches podridas en la contemplación del sueño.
Toda vez que tramo las delicias
dono a los muros las palabras.
La respiración ha sido siempre un juego
un giro de páginas, menudencias de la historia.
Y de cada frase dicha recuerdo quien la busca.
Un círculo y el espejo discuten su puerta.
Los otros salen y no pronuncian las adoraciones.
Están en el coro de la casa y no encuentran su quién.


II
Nos recostamos a un pedazo de madera
y esperamos todo el trecho de un hombre a otro.
Las monedas que pagamos cercaron nuestras caras.
Íbamos entre cortezas y cadáveres.
¿A quién?
decíamos
¿Qué buscar en el que nos espera?
Meto las manos en su establo
y saco la pena, su canto
la sangre donde estabas.
Es mi mano figurada en cera.
Eres tú que también miras el silencio.
Hemos hundido el pie.
Yo me tapo los ojos con el vestigio que dejas.


LOS AMANTES

Los amantes bajan por la calle Cadena
hasta la vieja fuente donde bailan el augurio y el adiós.
Allí olvidan la historia la política
y en número absurdo de su identidad.
Suben a su silencio
se muestran abismos breves
estaciones
reinos
conjeturas de veranos antiguos.
Los amantes doran el declinar
y juegan en los íntimos puntos profundos.
Los amantes no han extraviado su transparencia
ni sus labios ni su ardor.
Los amantes van libres a favor de un verso.
Los amantes son la única esperanza.


DE PIEDRAS

Ante mis ojos hay dos caras cortadas por un hilo de luz.
Entre ellas un camino de piedras ambiguas. A su paso
el destino, el rostro íntimo del crepúsculo, la constancia
el péndulo que exhibe su paz. Sus golpecillos
van y vienen, perdiéndose en mí como se pierde la ola
en el secreto corazón del mar. A un lado y otro
las puertas, también dibujadas con prontitud
con la incertidumbre de un oscuro presagio. Tras una de ellas
el laberinto que nos toca. Tras una de ellas
el alma del país que se abre como una extraña noche.
Tras una de ellas el paisaje hacia el que has de saltar.
Las otras no se mueven, no se abren
como el tiempo que se agota pero es hermoso.
Una de esas puertas contiene toda ilusión.


LARGA ERA MI INOCENCIA

Yo no estaba
cuando empezaron a levantar esas casas.
No pude alzar mi mano a favor ni en contra.
El mundo sigue a medio hacer.
A veces miro el cielo de la tarde
mujeres y hombres pasan
con rostros color cielo despejado.
Miro los autos dentro del gran ruido de la ciudad
y no digo adiós ni digo nada.
Estoy tan cerca del abismo.
Soy un diminuto cuerpo en el vacío.
A nadie he de avisar cuando el sol se ponga.
Las caras cerradas
y los hijos de la ciudad
¿qué pueden?
Oigo sus rumores en el pozo
y los barcos navegan
en ese sueño plácido.
Y voy y vengo
y la luz abre mi espalda.
Pero no sé.
Estoy solo dispersando mi voz.
Pierdo el impulso tras el diario
que dice lo mismo
siempre lo mismo.
Yo estoy desorientado
loco.
Mis cuerdas no se ataron al amanecer.
Vuelvo al centro
el país me lleva
a su suerte.
Voy y me contengo.
Pregunto por esa voz.
¿De dónde?
¿Y por qué esa voz?
Yo no sé.
Mi oficio es cantar.
Mi canto es del país
y no debiera estar a favor
ni en contra.
Debiera callarme
o no sé.
Yo no sé.


OLEO DEL NIÑO SENTADO EN LA ACERA

En ningún sitio del mundo vi antes los ojos de aquel niño.
Estaba sentado en la acera, como antes lo imaginé en mi tarde eterna.
Me miró y extendió su mano tocándome algún recuerdo
pero yo puedo jurar que no lo había visto antes.
Aunque he cruzado a través del humo, perdiéndome en el cielo cómplice
y en mis horas de silencio suelo escupir sobre nombres famosos.
Aunque también suelo curar heridas invisibles
cortando justamente la carne para dejar intacto
ese pedazo humano que el tiempo desgarra.
Hoy solamente recuerdo la huella de aquel niño.
Aun me mira su insistente acusación.
Reduce mi vida a sus dos piedras castigadas.
Las notas de la prensa ni los salmos
ni los por si acaso ni los futuros.
Nada puede contra su paz seca.
Ese niño es nuestro revés.
Sin él fuéramos otros.
Ahora mismo tú fumas.
Fumas y hablas.
Exhalas tus dones y no puedes ver la cara flotando en el deseo.
Si encontraras el rostro de tu amor llorarías ante ese testigo.
No sé si vive o muere.
Sólo sé que su mirada pudo alcanzarme.
Solo sé que en su sitio estuviera sentado con placer.


ENCUENTRO

Al mirarse, la luz extendió su astucia hacia las calles
y una tras otra, las miradas escaparon hasta el fondo del viejo crepúsculo
crecieron sobre un balcón, bajo la inconstante luna
ante una plaza de promesas y abominables artificios.
También había un perro viejo, marcado por la sequía.
Teníamos que pasar, ¿lo recuerdas mi amor?
por entre aro del parque, teníamos que ir hasta sus confines.
Quemantes se escurrían nuestras palabras.
Ese silencio nos maldijo a todos.
No puedo entonces volver.
No quiero, entonces, volver.
Las aguas me lo cuentan todo.
Desde un árbol escucho hasta del pájaro su cantar.


ooOoo

No escupas mi tarde
dijo el pequeño árbol.
El que jugaba echando
sus modas y su olvido
volvió a tirar su herencia.
No
insistió.

decía el otro y vaciaba más
sobre la inocencia.
Entonces el árbol
pudo empinarse hacia el cielo
frondosamente.


A ORILLAS DE UN RÍO

Mis ojos se desplazan sobre el paño de agua
y como cualquier testigo lanzan sus preguntas.
Dos diminutas piedras atestiguan la vastedad del mundo
en la cómoda certeza de lo que no alcanzan.
Mañana podré ir hacia un lugar de la casa
y beber vino dilecto en las caricias
frescas del don elegido por una verdad.
Una palabra bastará para sentarme ante la transparencia, el alivio.
Es lo poco que ahora puedo descifrar.
Echaría mi carne para alimentar la esperanza
de otro pero eso no servirá de mucho.
El otro también ha perdido esa costumbre.
Ya no solemos mirar las horas
y los libros como una tarde.
El otro también ha olvidado ciertas palabras.
Va hacia la cocina y contempla la olla
creciendo para la tarde que se clava sobre la mesa.
¿Qué habrá hoy sobre la mesa?
Salen a reintentar un duda en el tiempo.
Mordidos como misterio ante el paso
se quiebran y no dicen ni una palabra más.
El silencio es el golpe.
Hemos visto arder el sueño
y en el los deseos furtivos de la niña.
Ella lee la página y canta.
Su libro ajado muestra un mapa.
Sobre su blanco empiezan a crecer las sombras de algunas palabras.


TARDE

La tarde alcanza la cima.
Tras el paso devela una razón y sus palabras.
Mi niña se asoma conmigo a la ventana
y abre su felicidad como una fruta.
No puedo decirle tres o cuatro palabras.
Se cruzan y chocan en un corredor oscuro.
No voy ya a decirlas.
De nada me sirve escarbar en esos nombres o en sus lanzas.
Allá a lo lejos se desata el color naranja
y los ojos de mi niña siguen siendo una posta de eterna navidad.
Bajo un antiguo álamo vamos a crecer.
La madera nos iluminará
con el olor de los días sobre caballos perpetuos.
Todo esto es más que un fin.
Los hilos labran las horas
y la fe entra en un país de cristal.
Allí beberemos también el café del alba
de la ciudad libre como una mujer libre.
Esas son las antigüedades.
Las miramos como únicos testigos
como raíces de esas piedras iluminadas
por el espeso oro que en junio desgrana la tarde.


LA ULTIMA HOJA

La última hoja del olvido
está en la mano. Huele
aún
a juego
y a muerte.

Las caras flotan
en el adiós.


FIN

El señor lee el final de un poema.
El señor lee el final de una historia.

El aire bate las ramas de un árbol.
La luna crece entre pájaros que duermen.
El hombre llega a una puerta.
Alguien responde del otro lado.

El lector recuerda y discretamente llora.