domingo, 15 de mayo de 2011

Luis Yuseff (Holguin, 1975)


Luís Yuseff Reyes Leyva
(Holguín, 1975)

Poeta y editor

Licenciado en Química Pura por la Universidad de Oriente, actualmente se desempeña como editor principal de Ediciones La Luz.. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

Tiene publicado los poemarios:
El traidor a las palomas (Eds. Holguín, 2002)
Vals de los cuerpos cortados (Eds. Holguín, 2004)
Yo me llamaba Antonio Boccardo (Eds. Almargen, 2004)
Esquema de la impura rosa (Eds. Vigía, 2004)
Golpear las ventanas (Ed. Letras Cubanas)
Salón de última espera (Editora Abril, 2007)
Los silencios profundos (Eds. Holguín, 2009)
La rosa en su jaula (Eds. Oriente, 2010)
Los frutos de Taormina (Eds. Matanzas, 2010).

Ha compilado la obra de escritores jóvenes, publicadas en los tomos El sol eterno (poesía), La isla en versos (poesía), Memoria de los otros (cuento), y Todo un cortejo caprichoso (narrativa).

Su obra ha sido distinguida con varios premios, entre los que se encuentran, el Ciudad de Holguín, Premio Alcorta, Premio Anual de Poesía América Bobia, y Pinos Nuevos, todos en el 2003; Premio Calendario, 2005; Premio Nacional de Poesía Adelaida del Mármol, 2008; Premio Oriente de Poesía José Manuel Poveda; Premio José Jacinto Milanés de Poesía, y el Premio de Poesía La Gaceta de Cuba, todos en el 2009. En el 2011 en Centro de Promoción del Libro y la Lectura en Holguín le entregó la Distinción Beby Urbino como reconocimiento a su labor en la promoción de la literatura holguinera y cubana.

Poemas suyos aparecen recogidos en varias antologías, revistas y periódicos de Canadá, Perú, El Salvador, Honduras, México, Nicaragua, España y Nueva Zelanda.

( Dirección de correo electrónico: yuseff@baibrama.cult.cu )



del libro “Golpear las ventanas”, 2004
CANCIÓN NAPOLITANA

Yo siempre quise tener un perro de aguas ladrándole a la soledad.
Y me fue dada una calle de mar anchísima
por la que parten cada año los amigos. El gris de su lejanía.
Cuerdas para atarme al pasado.

Los ojos verdes de Tania se parecen a Madrid.
Ajena y entrañable. En La Gran Vía. O en el Canal de Panamá, sacando su voz del pecho. Reconociendo la libertad nuevecita. El grito contra el enemigo común, por vez primera, sin altavoces. Sin ser convocada por los oficios del deber obligatorio. En nombre de/ por/ para/ con/ sin. Sólo una emoción real cuando me escribía “Mercedes cantó Dale alegría a mi corazón... Le saqué una foto que conservo aún dentro de mi cámara, pensando en ustedes y en los deseos de que estuvieran allí”.

Isell, en Viena, continúa enojada conmigo. Y la comprendo.
Como fe de vida me dejó un fragmento transcrito de Primavera con una esquina rota.
Y una última visita el día antes de marcharse a Austria.
A hacer muelles. Los resortes -dice- de su felicidad.

Lourdes dibuja sobre el papel de rosas en Isla Negra. Imita soledades con las fibras alcalinas.
Junto a mis afectos ha dejado un piano de barro. Una caricatura atroz. Y el hueco en la altanoche por donde se escapaba tomada de la mano por la tristeza de turno.

Mis amigos ya no se parecen a mis amigos. Han aprendido otras lenguas y beben agua embotellada. Tanto cambiamos de un lado y otro.
A veces deseo que nunca más regresen.
Creo que no me reconocerían.
También yo me he transformado.
Mi cuerpo se ha vuelto de agua. A diario me surca la estela.
Levanto señales de humo. Hago ondear el pañuelo en el aire
como en una canción napolitana...


NUEVO SALMO DE ASAF CONTRA EL ENEMIGO

………………………………Miró enloquecido los rostros plácidos de su pueblo
………………………………y de los músicos de Asaf. Inspiró profundamente y
………………………………de su corazón se elevaron unas terribles palabras...
…………………………………………………………….[ Robert Graves]

Odia al enemigo. Súmate al coro. Levanta tu voz contra el enemigo.
Envenena sus pozos. Que sus aguas se conviertan en manantiales de muerte.
Quema sus siembras. Que de noche mientras duerme
se le eche encima el terror mordiéndole los labios.
Que el fuego siegue sus cosechas. Y si alguna semilla útil quedara después de la devastación
si en la próxima temporada ves crecer sus trigales
desea que arrecien lluvias bíblicas. Abre diques. Desvía el cauce de los ríos. Envíale plagas.
Dificúltale el camino a tu enemigo.

Sírvele miel y granos a tus dioses.
En sus altares pide para tu enemigo todo el mal del mundo.
Desea que el vientre de su esposa se seque como una fruta madura al sol.
Que no le dé hijos para alegrar las tardes junto a la choza. Y si los tuviera
si los dioses no te escucharan deséale que una víbora muerda su talón. Que vaya al bosque por leña y distraído coma de algún fruto envenenado.

Levanta columnas de humo por el Norte. Ataca por el Sur.
Siémbrale la duda. Provócale el pánico. Créale el caos.
La desunión.
Divide a tu enemigo.
Levanta falsos testimonios. Que sus aliados lo culpen.
Le maldigan.
Le den las espaldas.
Coloca bajo su almohada la prueba del crimen. Distínguelo.
Deja que juzguen inmerecidamente a tu enemigo.
Que lo condenen a morir de sed/ de hambre.
En sus bodegas remueve la serenidad lacustre del fermento de los vinos (La sangre que bendice la mesa donde come). Y derrama el viejo amargo vino del rencor sobre su pan.
Pudre sus levaduras. Que no tenga cómo invocar a su dios. Fuego para calentar los huesos de los suyos. Mesa donde sentarse a comer en paz.

Deséale la muerte al más viejo de su casa.
Que se quede solo el sicomoro donde se recostaba cada tarde.
Y que el sicomoro dure muchos años para que le recuerde que en ese sitio su padre sembró un imposible.
Hiéndete en el recuerdo que más le duela.
Derrama sal sobre su herida. Insiste.
Que cada nuevo día sea una hornada de humillación para tu enemigo.
Apedréale los perros. Deja los cadáveres hinchados colgando del robledal florecido junto al camino.
Que la jauría llegue a los prados donde a una palmada los conejos levantan las orejas y saltan al oleaje infinito de las yerbas.

No descanses. Odia a tu enemigo.
Que al cruzar el iris sobre los campos encuentre muertas sus palomas.
Que los patos salvajes coman peces amargos.
Que las lagunas se sequen. Se vuelvan de sal los campos.
Que no obtenga ni fruto ni sombra.
Que un rayo abra en dos el pecho a su caballo.
Que no tenga paz el hombre al que tanto odias.
Con ese odio visceral. Telúrico. Capaz de detener el rumbo de los vientos.
Cambiar el curso de las noches y los días. La órbita a los astros.
Encárgate de que sus aliados no le escuchen.
Hazlos sordos a su lamento. Sordos. Y mudos. No permitas que tu enemigo en la hora de su muerte tenga una palabra de consuelo junto a la cama.

Ódialo. Mancha su camisa blanca. Levanta arcos de triunfo sobre su derrota. Piensa que en tu caso él haría lo mismo.
Y prepárate para el día que lo veas finalmente junto a la choza hecha cenizas surgir de entre las huestes vencido. Dar un último paso al frente.
La espada clavada en la tierra. Y el carcaj vacío.
Prepárate para el día en que lo veas echarse sobre el cadáver del más pequeño de su casa y rasgarse en prueba de dolor los vestidos poseído por ese dolor hondo que le ha dejado sin fuerzas para pedir que le mates. No te apiades. No abdiques en ese último minuto. No revientes su cabeza.
Tendrás que ser tan cruel como hasta el momento.
Déjalo con un nudo latiéndole en la garganta. Apretándole el pecho.
Pero si por alguna inesperada razón te domina la piedad
y recuerdas que «el dolor donde esté es tierra santa»
no perpetúes su pena. Que no vacile tu mano...
Que de regreso a la choza donde te aguarda el aceite para curar las heridas puedas echarte a dormir en paz entre los paños. Y en el sueño
al mirar atrás hundiéndote como una barca en la noche
encuentres tu corazón bajo los astros
pastando mansamente junto a las bestias luminosas de la inocencia.



del libro “Vals de los cuerpos cortado”, 2004
KODAK PAPER I

Hay días en que me prohíbo tener amigos.
Sin embargo tengo amigos. Los he amado con el ardor de la pólvora mojada en la garganta. Y así lo digo. Con el delirio del que está viviendo sus últimos días. Y posee sólo algunos pájaros muertos que alimenta entre las manos.
Cosas sin sentido. Tal vez porque no tienen ya sentido
las cosas. Y duele como si pegara el rostro al fuego de la lámpara donde ardía la mariposa de tus juegos nocturnos.
De tu llegada a deshora. Pidiendo un poco de conversación.
Palabras que sirvieron de consuelo para que el deseo no terminara entristeciéndonos.
Soledad del tercero. Que podías ser tú. O yo.
Todo dependía de la habilidad con que desplazabas las sombras sobre la cama.
Cosas que sólo entendemos los dos. Sabes cuánto oprimen.
Hubiera querido celebrar juntos el año del conejo.
Bebernos de un golpe las tristezas como en los tangos de Contursi.
Tenerte por sabio y hermoso. Recibirte con la noche rezumando en el cristal de la taza donde bebías el primer café de la mañana.
Tenías peces. Cerámicas. Grafitis en las paredes. Me imitabas.
«Uno termina pareciéndose a lo que ama» (recuerdas).
Cómo temblaba tu voz. El plomo de la traición cuajando.
Y unas pocas palabras para justificar.
Palabras que terminaron por confundirnos.
Tratando de escribir el nombre de las ciudades
a las que soñabas (sueñas) partir algún día.
Groningen. Hamburg. Poznan. Países de hielo.
Versos que serán de agua entre tus manos.
Altas cumbres y tú que pedías un poema para el amor
que hace figuras de barro.
País de hielo. Miro la fotografía donde posas.
Llevas mi camisa negra.
Tratas de hurgar en la lujuria balcánica. La punta del deseo.
El labio que escupa sobre las sábanas tu esperma.
País de hielo ya nada puedes hacer
para acabar con los días en que me prohíbo tener amigos.



del libro “Salón de última espera”, 2007
NEGRA LECHE DEL ALBA TE BEBEMOS AL AMANECER
(Oración para pedir la rosa de nadie)

I
Bebiendo a sorbos de muerte, la negra leche del alba, estaba yo contemplando las rosas que me han tocado en este mundo y por las que Dios viene a la tierra, sin el temor de perder el camino que lo llevará de vuelta a las estancias donde sabe estarse quieto.
Allí, a la intemperie, contemplé la rosa suicida de Yukio Mishima, la rosa de oro de Beijing, y la rosa radiactiva del país de los soles rasantes.
Junto a los márgenes evidentes de la sobrevida, estaba yo, pidiéndole una rosa verdadera a Santa Teresita de los Cementerios y le pedía, además, que me ayudara a creer siempre en el gran Amor que Dios me tiene, de modo que yo pudiera echar una mirada a mi alrededor con la paz de los vencidos y la fe de encontrar en las rosas que se me mostraban la flor perdida, la innombrada rosa del Poeta muerto. Pero, en su lugar, se me mostraban todas las rosas del mundo, la rosa escrita de Amherst -la rosa de Emily Dickinson- y la rosa de arena, la rosa de Beirut.
Abrían también a mis pies, la rosa imperial austríaca; la rosa cruzada, la flor negra y la rosa del Ponto Euxino que alabara Ovidio en su exilio. Otras, en cambio, se negaban a ser miradas, como la rosa hermética de la Cábala y la rosa mágica y secreta de los judíos.
Ya me marchaba a las horas brutales de la autocompasión, cuando una rosa, al centro de la noche umbría, se alzó como una estrella de sangre sobre los coágulos de la aurora. Y allí estaba frente a mis ojos, resistiéndose al fuego sobre un montículo de cenizas, la rosa de nadie, que resultó ser nada menos que la rosa de Paul Celan.

II
Paul Celan aparta el coágulo de los labios, la rosa de las ruinas; sopla en la jarra donde bebe y su aliento acompaña la mordida al fruto de los mudos, al corazón que mastican sus asesinos, en silencio.
Abre las páginas del diario. Apunta: “
Una sombra sobre las aguas
del Sena es una imagen fácil de retener en el papel callado
...”
Paul Celan proyecta a la masa líquida el cuerpo de un hombre.
Y ese hombre escribe cantos por doquier.
Cómo es posible escribir versos, Dios mío, no antes o después
sino durante la concentración de las almas, cuando los días se
pegan con un hilo gelatinoso al cráneo.
Por último, lee a Hölderlin: «
A veces el genio cae en la oscuridad
y se hunde en el oscuro pozo de su corazón
».

III
Su corazón se hunde.
El otoño comienza a dictarle monótonamente una frase:
«Tiempo es de que sea tiempo».
Y mira a la tierra con un dolor humano.
Es el tiempo en que deben florecer los almendros,
las piedras dar fruto suave,
conversar y luego escribir un poema,
sin levantar sospechas.

IV
Cómo escribir un verso.
Me aparto el hambre con un golpe de ojos en la garganta y
concluyo: «
Escribir un poema después de Auschwitz es
bárbaro
» (Theodor Adorno).
Por eso no escribo, dejo gotear la negra leche de los labios
negados a beber, sincronizo los relojes, decido por un tiempo
que habrá de llegar como un golpe de agua o como el río que
devuelve sobre los bancos de arena a sus difuntos.

V
Santa Teresita de los Cementerios, pido para nuestros muertos,
la rosa que habrá de acompañarlos mientras duren los días de
Paul Celan sobre la tierra.



del libro “Los silencios profundos”, 2009
EFECTO CAFÉ BULEVAR

……………………….Y todo está dispuesto de este modo,
………………….........……..para que no salgamos del mágico círculo.
…………………………………………….[ Ossip Mandelstam ]

…………………….....……………..Para Gabriel una isla propia.

Entro. Pido el último café. Elena Burke es un recuerdo.
Todo es frío bajo los toldos.
Por momentos la lluvia de tránsito nos obliga a adentrarnos.
Descendemos a otros arcos protectores.
Patio interior de piedra. Asfixiante.
Aquí se vive arduamente. Se hace un espacio
a cada provincia. Y otra se acerca mientras pides un café.
A cambio de una moneda tendrás la joya blanca
entre tus manos. Es amargo el trago para beberlo despacio.
Ha de ser despacio para que el trago baje amargo.
Y comienzas a conversar. Pues aquí se habla vivamente.
Interrumpidos por la mano que pide con hedor e insistencia.
(También mi mano es pobre y la guardo bajo la madera).

A veces soy interrogado como cualquier ciudadano
que bebe su café. Su trago amargo. Y respondo.
Me identifico con habilidad para no agotar el tiempo.
Bajo la luz todo es minuto tras minuto
un detenimiento innecesario. Una espiral que se verticaliza.
Y asciende. Asciende el humo del café.
Y justificas los desplomes. Demasiado recientes que somos.
De ayer mismo. Amar es una isla.
Y morir es adentrarse a la mar coagulada.
Un aroma de azucenas. Un estarse quieto bajo los toldos.
«De transparencia en transparencia» obnubilados.
Viejo Eliseo que bebes tu café. Tu trago amargo.

Aquí vienen a morir los poetas.
Y un ángel fatigado vuela bajo otro cielo. Y otro ángel
comienza su discurso en el sopor de las fabulaciones.
Otro revienta su cabeza contra el asfalto.
Llora otro de rodillas. Y el pez angelecido se muere de tristeza.
Alza su vuelo bajo el cielo empedrado
de Madrid. Sin voz. Sin alas. «Hasta de espaldas se ve
que está llorando». Pero todavía hay tiempo.
Bebamos el último café mientras María Teresa nos canta.
Qué cante el Benny su página ruinosa.
Qué Bola sea una flor negra sobre el piano.
Qué Celeste rompa el adoquín con su paso.
Que aquí cada poeta tiene su caballo blanco.
Su leopardo. Su canario. Sus dos patrias.
Que el cuerpo de una isla no se sostiene sin un buen verso.
Pues sobrevivir bajo los toldos es una fiesta.
Y cada fragmento de imán transmuta en oro.
La Bella Cubana bebe en su Capilla de Cobre el trago de café.
Su trago amargo. (Transformada la medialuna
bajo sus mínimos pies el aroma de las mariposas
se confunde perversamente con el vuelo del colibrí).
Flota una tabla en la bahía. Es tiempo de pedir
por nuestras vidas. Y pedimos confusamente.
Casi sin darnos cuenta a cada paso.
«
Flor de isla, tú te ofreces aromática y gentil
como una taza de café
». Tú despides a la mujer coronada
con laureles ─«ni libre es ni la prisión la encierra»─.
Sus huesos se pudren donde la tierra es menos blanca.

Porque en verdad nunca fueron tan importantes los poetas
como en este Café bajo los toldos. Decadentes. Y felices.
Pero de improviso algo se transforma tras las rejas.
Y te hace pensar que de nada sirvió la culpa
de Juan Clemente Zenea. El destierro de Heredia.
La muerte de Plácido. Las cartas de amor de Juana Borrero.
Ni el pulmón asfixiado de Lezama.
De nada sirvió que Julián del Casal se muriera de risa.
De nada ha servido escribir un buen poema
cuando Fina anuncia su «dulce nevada». Y la nieve
comienza a caer sobre los toldos.

Este Café no es el sitio de siempre.
El sol sobre el mármol blanco se evapora.
Y quiero marcharme. Escapar del frío. Esta no es mi sangre.
Prometo no regresar. (Vuelve el agua inmarcable
a la arena. El mar entre las tazas conforma
un plano alucinante). Sobre la mesa roja ya estoy de vuelta.
Ya entro a los círculos de hierro como un animal viciado.
Nuevamente. Y pido el último café. Y otro. Y otro…
.

sábado, 30 de abril de 2011

Nelson Simon (Pinar del Rio, 1965)




Nelson Simón
(Pinar del Río, 1965)

Poeta, editor y escritor de literatura infantil.

Tiene publicado los libros de poesía:

Ciudad de nadie, Ediciones Loynaz 1992, 2008
El peso de la isla, Ediciones Loynaz 1994, 2002
Criatura de isla, Ediciones Bahía, España, 1996
Con la misma levedad de un naúfrago, Editorial Letras Cubanas, 1996
Para no ser reconocido, Editorial Cauce, 2002
A la sombra de los muchachos en flor, Ediciones Unión, 2001, 2002 (Premio Julián del Casal de Poesía, UNEAC 2000, y Premio de la Crítica)
De la mala memoria y el verano, Editorial Letras Cubanas, 2008

Y los libros para niños:

En el cofre de un pirata, Ediciones Loynaz, 1996 (Premio Loynaz y Premio La Rosa Blanca de texto)
Brujas, hechizos y otros disparates, Editorial Bethania, Madrid, 2001 y Editorial Oriente, 2003 (Premio Oriente, Premio La Rosa Blanca y Premio de la Crítica)
Maíz desgranado, Editorial Gente Nueva (Premio Edad de Oro y Premio de la Crítica a libro integral)
Manuscritos de Pink Mountain, Editorial Cauce (Premio Loynaz y Premio La Rosa Blanca de texto)
Sueño en una noche de verano, Ediciones Unión
Historia de una media Naranja, Editorial Cauce
Preguntas de Rocío, Editorial Gente Nueva (Premio La Rosa Blanca a libro integral)
Cuentos del buen y mal amor, Editorial Gente Nueva 2008, 2010 (Premio La Edad de Oro, Premio La Rosa Blanca y Premio de la Crítica)
Marilola, la vaca que canta, Editorial Gente Nueva, 2009
Cajita para dos, Ediciones La Luz, 2010
As de corazones, Editorial Cauce, 2010 (Premio Alcorta de Literatura infantil, UNEAC Pinar del Río)

Textos suyos han aparecido en diversas antologías de literatura cubana e hispanoamericana, y ha sido traducido al inglés, francés e italiano.

En el 2002 le fue otorgada la Distinción por la Cultura Nacional.

( Dirección de correo electrónico: soynelsons@pinarte.cult.cu )




del libro El peso de la isla, 1994
EL PESO DE LA ISLA

Y ahora que soporto el peso de la isla,
que cargo con mi país
como quien carga una pesada cruz
o el más necesario de los equipajes,
no sé hacia dónde voy,
no sé lo que me aguarda si logro amanecer
y tocar otro día, otro peligro de humo en la garganta
haciéndome toser para intentar ser puro
en la espesura de un café demasiado mezclado
que puede no esperarme,
en un amor de bestia que se escapa
al verse acorralada,
de animal manchado
que inevitablemente se remonta
hacia su propia trampa.

La vida no es un sueño.
Es más la pesadilla de ir
haciendo los días poco a poco,
de irlos amontonando, lanzándolos
como inútiles piedras
hacia el fondo abismal de un viejo pozo
al que tenemos miedo de mirar,
miedo de ir a asomarnos y no encontrar
lo que esperamos,
lo que quisimos ser y no pudimos
porque la vida no es un sueño,
es más la pesadilla que nos van regalando,
es una casa mínima, impersonal,
una casa sin flores ni árboles frondosos
que protejan,
un número en el lugar del rostro
para ocultar la huella de los pájaros,
la sombra que sus patas dejaron
marcadas en mis ojos
dulces y venenosos como almendras.
Mis ojos de muchacha que intenta pestañear
y ser la eternidad,
verse entre blancos vuelos de domingo
caminando por una ciudad de casas nobles,
de aceras desprovistas de ese aire de muerte
que anda por mis aceras.

A nadie, más que a nosotros mismos,
debemos estos gestos tan débiles,
la gracia de la voz y el abanico,
el toque de la luna sobre el pubis,
estos cuellos de cisnes
tan frágiles y hermosos.
A nadie debemos el terror de esa vida
sobre una cuerda floja,
ni el traspiés,
ni la familia dispersa
que solo fue feliz en un retrato,
ni las cabezas rodando ensangrentadas
como rueda la res
en la innombrable claridad de los mataderos.

A nadie, más que a nosotros mismos,
esta nerviosa risa de bufones,
esta inmensa ceguera, este hueco del pan
encima de las mesas,
esta necesidad de ser como no somos.

Y ahora que llevo mi país
como quien lleva una corona de espinas
hiriéndome la frente,
es mi país el sitio más querido,
también el más odiado,
es el ruedo de muerte, es la desesperanza,
otro golpe de mar, su inminente presencia
en el dolido pecho
de aquellos que como pájaros tropicales
se alejan de sus costas
en busca de otras costas más íntimas,
en busca de otra luz más verdadera
que esta pesada luz
que ahora tiene mi isla.

¿Acaso es mi país un puñado de tierra desolada,
una tristeza de ojos pequeñitos,
silenciosa como la de los rinocerontes
que nos miran
desde su lástima de húmedo animal,
desde su libertad
de bestia de feria acorralada?

Y ahora que guardo mi país,
sus dudas, sus mentiras tremendas,
sus cielos desplomados,
el ácido y podrido olor de ese misterio
que brota de sus casas;
mis amigos perdidos, convertidos en sombras
lejos ya de la complicidad de mis hogueras;
¿quién recoge mis pasos, la vida que he perdido,
la vida que quemé con la inseguridad
y la nostalgia
de quien quema las secas hojas de un herbario?


POEMA MIENTRAS BAJO LA CALLE PRINCIPAL

............................................................................... a Nery Carillo

Si alguien me preguntara qué le falta a mi ciudad, ni siquiera tendría que pensarlo. No tendría que subir y bajar la calle mirando, con la fijeza de un catador de vinos, hacia un alero, en el que el musgo crece desordenadamente en un intento inútil de apoderarse de la luz; una puerta de cedro o de caoba, una gran puerta del siglo XVII seria y silenciosa como los familiares de un difunto; un amplio portal, cómplice y sombrío, lleno de esos fantasmas que el polvo y la cal van delineando en las fachadas, carceleras de otros fantasmas más humanos, un corredor en calma donde sin dudas se escuchará la voz de dos amantes rodeados de gorriones bajo el frescor y la nostalgia que traen las mañanas hasta el paisaje ya sin color de un patio de provincia.
Yo no tendría que andar entretenido, con ese aire de falsa ingenuidad que llevan los turistas de una a otra plaza. Ni siquiera posaría mis ojos, canarios de cristal, en el barroco bosque de figuras, que el tiempo, con precisión de orfebre, ha dibujado en una reja. No abriría mi boca ante el asombro de un detalle, apenas perceptible para un vagabundo. No me deslumbraría para decir amaneradamente: «qué delicado aroma se desprende de ese resetón Art-Noveau, suave como los lotos que flotan en el Nilo...», o, «esa columna jónica tiene la perfección del pecho de mi amante... », o, «en ese balcón Neoclásico relucen las huellas de oro, las delicias del ciervo que comía su mitad de luna encima de mi sexo... »
Todo rebuscamiento sería innecesario pues mi ciudad siempre ha sido exacta y triste como una puesta de sol cuando uno se encuentra lejos de su casa. La ciudad ha tenido siempre sus miserias. Sus rincones oscuros. Sus bosquecillos de carencias y mezquindades ardiendo en los segundos pisos. Sus lluvias que la diferencian de Estocolmo con nieve colgando de los puentes, Estambul y sus pájaros rojos sobre los minaretes, Luxemburgo o Londres o París tan sobrios en la niebla solamente atravesada por el paso inevitable de las horas.
Yo no tendría que mirar a un lado y otro lado, ni sentarme en el quicio de una acera buscando un nuevo signo, un gesto que transparente el alma de los transeúntes que recorren mi ciudad a las cinco de la tarde. Nada buscaría dentro de sus ojos cansados de esperar. Nada dentro de sus pechos llenos de toros dormidos. Nada dentro de sus bocas en las que crece la misma y siniestra canción.
Si alguien me preguntara qué le falta a mi ciudad, diría sin pensarlo que es la alegría de un parque o una pequeña plaza donde paseen tranquilas las palomas.
Una muchacha con una blusa azul que les dé de comer en el hueco de su menuda mano.
Y un banco de madera. Un simple banco donde me sentaría para intentar atrapar en un dibujo, la plaza, las palomas, la muchacha y la paz de su mirada: todo lo que para mí pudiera ser la libertad



del libro A la sombra de los muchachos en flor, 2001
PECERAS DE CRISTAL

Al alcance de mi mano, como una alucinación
o las imágenes de un sueño que, tentador, invade mi realidad,
están esos muchachos: gladiadores curtidos
por el sol bochornoso de la isla.
Sus cuerpos
son diamantes sobre el parque.
Llevan gastadas camisetas
y mínimos pantalones que dejan entrever
el mármol sudoroso de los muslos, el empuje del sexo,
las jugosas tetillas: encendidos hibiscos
que se abren a mi lujuria.

Como si en ellos apagase las miserias
de la vieja ciudad, el verano
parece alimentarles.

Yo los espío. Mi ventana me une
y separa de su mundo. Es la barricada,
donde con el líquido asombro de un pez,
contemplo cada uno de sus gestos:
provocadores como gallos de lidia se saludan:
el cuello que se hincha...
el bronce enfebrecido de los brazos...
las navajas del pelo afilándose en el aire...

Les empuja lo oscuro, su apetito de carne,
el gusto por si mismos,
el perro que, en su interior, intentan ahogar
y que ciego se arrastra hacia la luz mortal
de lo perfecto, hacia ocultos espejos
donde sus dedos tiemblan,
bordean los abismos,
huyen de la ternura,
aprenden a desearse.

Al alcance de mi mano están esos muchachos.
Sus nombres ruedan por mi boca,
son dulces villancicos de una secreta Navidad.
Duermo a orillas de sus sombras como un nazi.
Mis manos se aferran a una invisible alambrada,
y sueño apretar sus cráneos – tiernas frutillas
entre mis dedos.
Soy el amigo perfecto y el perfecto enemigo.
¡ Con qué solapado placer rodaría sobre ellos,
sería la luna que aparta los oscuros espinos
del sendero y los interna, cada vez más,
en las prohibidas nocturnidades,
en el gozo sin fin de una vida!
Al alcance de mi mano están esos muchachos.
Una comprada caricia,
el roce de sus pechos lustrados por el sudor,
bastaría para calmar la ansiedad
que me produce la belleza.
Pero ellos
apenas se dan cuenta de que existo.
Son dueños de la insolencia y crueldad
que hace hermosos a los ángeles.
Poseen la perfección y el brillo
que yo,
como la piedra luminosa
que el tiempo pule y gasta,
ya estoy perdiendo.


DESCAMPADOS 2

Edificios al fondo, panalitos humanos y chorros
de amarga miel bajan las escaleras. La música retumba
allá a lo lejos, pero yo la escucho: oído de murciélago
he de tener para entrar en los descampados y el alma
más desierta, más seca y estéril que ellos mismos.
Descampados del alma, fruto inevitable de la lejanía...
El recuerdo de la lluvia me detiene a mitad de un trillo. Oigo la hierba,
su canción creciendo al revés en mi interior. Tu cuerpo,
jugosa brizna que arrancaba música del mío, ahora
duerme lejos. Abandono total, ausencia del amor y la ciudad
creciendo, arrinconándonos en estos claros mataderos,
mecánica y moderna, con paredes de cera, panalitos humanos,
chorros de amarga miel, historias tabicadas
que se filtran de una celda fría o otra fría celda.
Y alambres encendidos corriendo por los techos,
desprendiendo un calor que no me alivia.
Helado estoy. Contaminado por el paso de los coches
y el lujo de una falsa libertad que termina
en los escaparates de los luminosos almacenes.
Necesito una lluvia tropical que me anegue, y luego
todo el verdor y el brillo de las cosas sencillas
que no arrastran sus chorros hacia las cloacas.
Ahora me estremezco. La música retumba y los hombres
se buscan en las dunas, bajo la paja seca. Yo afino mi oído
de murciélago:
uno chorrea su baba de viejo lobo ibérico,
otro brama como un toro al hundirse la pica
entre sus bravas carnes, otro se sueña flor
aroma delicado Ives Saint Laurent sobre trozos de tubos
y placas de hormigón -. Abandono total
y la ciudad creciendo hacia los descampados.
Apunto de extinguirnos en el mínimo ruedo que nos dejan,
respirando el último oxígeno y el vicio
para sentirnos vivos. Helado estoy. Contaminado.
Aquí huelo a laurel y cerezas escarchadas.
Muy cerca un sexo se levanta victorioso, reclama mi atención,
escucho el latido que se siembra en su costado.
Estoy en mi zona más telúrica. Tiemblo y me agrieto.
Los músculos se sueltan y las abuelas
ignoran estos sitios mientras hierven
su corazón jubilado en los pucheros.
Me agrieto y tiemblo: me sacude un sismo de seis grados.
Edificios al fondo y hermosos cardos
que deshidratados se instalan en mis ojos.
¡Cuánto color descubro entre la paja seca y moribunda!
¡Parecen girasoles los cardos en invierno!
No hay más remedio que inventarse el placer.
Poner parches, costurones negros donde quisimos encontrar la felicidad.
Helado estoy. Contaminado. Y aún faltan
algunas tristezas por contar para que llegue el verano.
Descampados del alma: fruto inevitable de la lejanía.
Pasan hombres tocándose. Sexo rápido y árido
y yo entre ellos: abandono total, ausencia del amor y la ciudad
creciendo, arrinconándonos, mecánica y moderna,
en estos claros mataderos, que son los descampados.



del libro Las viles maniobras, (inédito)
IMPOSIBLES

Ahórcate un momento. ............................. Cuelga de uno de esos días
en que el país asfixia.
Cae y deja fluir la leche de tu carne
pasto para el gusano y el absurdo. ............................. Permanece.
....................... El sueño no basta. ...................... La escritura no libera tu espíritu.
La culpa ha de ser la misma
y a esta hora las vacas pastan sigilosas
en sus jugosos cuartones turísticos
bien diseñados, de un verde que deslumbra
y seduce. ............................................ Para ti la fiebre.
La cabeza que se parte de tanto pensamiento atascado
y tanto animalito fosforescente e imposible
que entra por los ojos.
El mundo ante ti, ....................... virtual, ....................... ajeno, futurista;
pero aclimátate en la cueva
donde sueñas aquello que ya soñaron otros hombres.
No alces la mirada. ................................................. Sé humilde
hasta en el modo en que te tiendes a contemplar el cielo.
Envejece con resignación
ahorrando el oxígeno y los días
que se deslizan bajo tus pies:
“se están vendiendo parcelas en la luna…”
“Dolly tiene otra hermana…”
“El Euro ha unido a Europa…”
“Por la calle Alcalá un millón de homosexuales
demuestran que las aguas de un río
nunca son las mismas…”
Las palabras no alivian. .................................... Son la cáscara
atascada en los remolinos del fregadero.
Entramos al milenio y creo oír las mismas voces.
Pedaleo en mi bicicleta forever siempre forever
azul pastel
y el cielo oxidado sobre tus párpados,
el plátano que abunda
y el sinsonte sin argumentos sobre la madrugada:
maneras de asumir la resignación y el sexo
cada vez más escaso y necesario,
cada vez más caro un minuto de tierno placer.
Asómate. .......................... Sé el gato que imperturbable,
en la ventana,
ve pasar la vida.
....... Ahórcate un momento. .................. Cuelga de uno de esos días
en que el país asfixia.



del libro In Vitro, (inédito)
RAGAZZO

La palabra ragazzo, no tiene traducción:
lo aprendí bajo la luz intensa del verano de Roma,
aún fascinado por el mármol piadoso
de la fuente de Trevi; mientras recorría,
— invisible y absorto — Piazza Venezia.

Perdido en la conversación sin sentido
que sostienen los turistas; cansado
de admirar los estragos del tiempo
que hace polvo la carne y silencio la piedra,
me senté en un banco
a ver cómo la tarde descendía hacia el Trastevere.
Con ella, envuelta en sus pañales, iba mi alma,
y alguna ilusión vana como el país del que había llegado.
(Por entonces había comprendido que la isla
siempre habrá de dolernos como un cardo, que, pobre,
se enquista en nuestro pecho).

La palabra ragazzo, no tiene traducción:
no la busquéis en vano en los diccionarios,
no preguntéis por su significado ni en las plazas más nobles,
ni en las sórdidas tabernas donde el humo del tabaco
y el olor de la cerveza, se entrecruzan como un cisne invisible
que te empuja hacia la tentación.
Los sensuales muchachos de La Habana,
abiertamente tristes como sus playas,
nunca podrán ser nombrados con la palabra ragazzi.
Los alegres chicos de Andalucía, con labios
que se ofrecen cual carnosas olivas,
nunca van a reír con la dulce perversidad
de un ragazzo. Los modernos jóvenes de Nueva York,
con sus músculos perfectos como el acero que sostiene a su ciudad,
no pueden abrazar con esa pasión antigua,
mezcla de sangre
y lirio tostado por el sol mEditorialerráneo,
que arrastran los ragazzi.

El ragazzo se sentó a mi lado en el sencillo banco de Piazza Venezia,
y la ciudad de Roma, hasta entonces sólo esplendor de ruinas y de sueños,
fue otra de repente. Tuvo el misterio y el glamour
que yo había imaginado para ella.
Habló y apenas pude comprender,
al extender su mano, firme como los puentes que atravesamos,
que me invitaba a andar,
cuando junto a la tarde descendimos hasta el Trastevere.
Vimos pasar los botes y algún pájaro gris, cual fantasmas románticos.
Sentimos en nosotros el aroma culpable de los hombres
que antes se habían amado junto a las calmas aguas.
Nunca dejé su mano. Nunca dijo su nombre ni quise preguntarle.
Pudo llamarse Adriano, Fabrizzio, Giuseppe, o Giuliano:
nombres que siempre dejarían su música en el esmalte de mis dientes.
Su perfil me acompaña aún como las imágenes de esos jarrones
que he visto en los museos. Su boca me sigue recordando
la luna atada sobre el Trastévere. Su pelo descuidado,
su cuerpo perfecto y dispuesto
solo pueden caber en esa palabra intraducible: ragazzo.
Yo aprendí aquella tarde lo que ya Pasolini
había visto en los pepillos romanos,
lo que le hacía vivir, cada noche, al borde del abismo,
siempre dentro del puño pálido y seductor de la muerte.

martes, 19 de abril de 2011

Luisa Oneida Landin (La Habana, 1951)



Luisa Oneida Landín Ramos
(La Habana, 25.08.1951)


Poetisa, narradora, promotora cultural y guionista.

Graduada del primer curso Curso-Taller "Historia y Práctica de la Creación Poética", auspiciado por el Instituto Cubano del Libro y el Centro Nacional de Casas de Cultura en el 2004, cursa actualmente el sexto año de la Licenciatura en Estudios Socioculturales.

Es miembro del Grupo Ala Décima, Décima al filo, y fundadora del Grupo de creación poética de la Fundación Nicolás Guillén.

Creadora de espacios y tertulias literarias tales como “Lira y verso”, “La letra en rosa” y la Tertulia Azucarera, durante diez años se desempeñó como guionista de un programa de música y poesía en Radio Cadena Habana.

Ha publicado los poemarios:

....... Poemas (La Tinta del Alcatraz, México, 2000).
....... La Habana tiene más de un jueves, Editorial Extramuros, La Habana, 2005
....... Verde ramo en el aire sin dueño (Compilación poética) Pub. azucareras, 2005
....... Marcas de agua, Editorial El mar y la montaña, Guantánamo, 2006.
....... Muchacha que baila sobre mis papeles, AmarilloEditores, México, 2007.
....... Muchacha que baila sobre mis papeles II, plaquette (Premio Ala décima 2007)
....... Paisaje en azul, La hoja del murmurante. Separata de Arte, Editorial La Tinta del Alcatraz,
Toluca, México, 2010

Posee inéditos los cuadernos de poemas: Isla de sol, ya despierto, y Ritual de la Hormiga; y en narrativa para niños y jóvenes: Zacatuche, el pequeño azteca, Bijirita, y Luisita busca pleitos.

Además, su obra se ha recogido en varias antologías nacionales y extranjeras:

. Amato, Pasquale: Antología de los Premios de Poesía Nosside 2002. Cittá del Sole Edizioni, Regio Calabria Cittá del Bergamotto-Italia. Editorial Letras Cubanas, La Habana-Cuba, 2002: pp. 76.
. Arias de la Canal, Fredo: Antología de decimistas de La Habana. Frente de Afirmación Hispanista, A.C, México, 2003: pp.
. Fajardo de Cárdenas, Marcel, Antología Poética Poemas en el Jardín. Casa de la Poesía y Proyecto Cultural: En el Jardín, edición especial dedicada a Dulce María Loynaz, 2003.:pp 24
. Landín Ramos, Luisa Oneida, Verde ramo en el aire sin dueño (Compilación poética). Pub. Azucareras, 2005. pp. 22-26
. Manzano Roberto, Antología Poética Bienaventurado el árbol que camina. Ediciones Extramuros, 2007. pp.27- 29.
. Laffita, Ramón Elias, Espacio Mínimo. Editorial Extramuros 2009. pp.
. Morales, Aries, Como cada jueves, Poesía emergente en La Habana. Universidad Autónoma de Barcelona. Ediciones Bellaterra 2009, de la cual es coautora.
. Hernández Mayra y González Waldo, Esta cárcel de aire puro. Antología de la Décima Cubana, Tomo 1. Editora Abril, pp 259.

Por su obra literaria, ha recibido reconocimientos nacionales e internacionales, entre ellos: Mención Especial en el Concurso Internacional Nosside Caribe 2002, Premios en el concurso nacional Regino Pedroso 2002 y 2006, y varios premios Ala Décima hasta alcanzar el Primer Premio en el 2007.

Su proyecto comunitario: "La letra en rosa", dirigido a la educación medioambiental, en el reparto Antonio Guiteras del Municipio Habana del Este, La Habana, ha recibido importantes reconocimientos.

( Dirección de correo electrónico:
oneida@ocentral.minaz.cu )


del libro La Habana tiene más de un jueves, 2005
ADAGIOS EN CIUDAD MARCADA POR LAS AGUAS


He visto partir a los hombres sin dejar rastro.
He visto partir a otros que se quedan.
He visto la vida podarse a destiempo
en el plazo preciso para volver
……………................…………….. de la memoria.

Voy haciendo marcas en mis pasos
rodeados de agua marina.

Yo no quiero ser triste la nunca triste
pero me asaltan los ojos de mi pecho y se detienen
en sillones de ruedas en manicomios en hospitales
y soy quien riega los lirios por la arenisca
y me atraen las verdes praderas
los baúles con cartas canarias
las fotos de los doce hermanos
y la mesa larga de la nochebuena.

He visto la montura del pasado
cabalgar los trillos del silencio y he despertado
en un concierto de pájaros.

He visto pasar mi silueta confundida entre multitudes.
Nadie me reconoce.

¿Quién me salva de este adagio de ciudad
marcada por las aguas?

He visto las sombras en un claro de luna.
La humanidad se confiesa migratoria de sí.

Hay un sollozo en la pared
para cada despedida.

I
suenan campanas ¿qué paloma vendrá a comer de la mano? un lugar en la tierra en que los hombres pregunten en cuál cicatriz la merecen. en cuánto cincel dio luz y sonido. todo es cóncavo desde la lente en los pilares que yacen sobre los hombros desde el ojo abisal entre los nimbos.

un lugar donde apostar la vida o el trazo de la inmediatez diseñado en la memoria. no hay oquedad que derribe su virtuosismo ni rejas que lo encierren ni lluvia que lo borre. sustancia de lo perenne en el paso del hombre. presencia donde éramos futuro y mañana seremos pasado. ¿qué tablas guardará esta historia sin la mano grávida del libro?

II
soy la voz que indaga tú la mano que apunta. ¿quién puso la impronta en el navío con su carga de pieles y costumbres? ¿quién vino a sembrar sus casas al borde de la Bahía? ¿quién cambió trillos por caminos halló espacios en el cielo y pobló el aire? ¿quién extravió el primer abrazo? traigo fibras de Habaguanex en mis apremios busco un verso que me devuelva una respuesta. breve es el tiempo breve ciudad mía para bendecirte.



del libro Marcas de Agua, 2007
UNO SE SUMERGE

en irrepetibles imágenes.
se queda así como si el mundo estuviera fraccionado
y los amigos fuesen pedazos de tiempo.

ellos no saben que a ratos vuelven
pero uno se queda así vacío de palabras
y no aparece el modo de llamarlos de decirles
no importa la distancia.

uno se vuelve silente como en las comedias
sabe que existe en los otros y olvida las promesas
y los lazos y se tiende a morir en la rutina
de los últimos acontecimientos
con la nostalgia de no estar
con el otro lado de sí mismo.

uno es egoísta y pierde la dirección del viento
los teléfonos
y apenas recuerda sus nombres pero ellos están ahí.

cómo decirles esto.


AZUL
…….........................................................…. * de un verso de Carilda Oliver Labra

*Amor, amor, sujétame esta gota
Este modo tan mío, este remanso.
Este infinito azul donde no alcanzo
encontrar la salida más remota.

Me pierdo en ti, amor, de ti devota
desde el lejano azul hasta la fuente
donde quise beberte la cimiente
que cubre esta armazón de nube rota.

Este leve temblor de lluvia ignota
se torna tempestad tan de repente.
Yo busco en ti, sin brújula aparente

la razón de seguir por donde avanzo
perdida como el pájaro ya manso
que canta su tristeza en cada nota.


TOCAR EL FONDO

te di una piedra jade y la desmoronas con tus pies fríos.
en tus dedos de espuma lía toda fronda
simples despojos
entre algas y el escozor de un velero en fuga.
tocar el fondo no significa morir
a veces el fondo es el sitio
entre la nada y todo.
sube
…………. sube
………………………. sube
hazte a un madero
encuentra el ojo profundo de la sombra.

la oscuridad es sólo el espejismo.



del libro Muchacha que baila sobre mis papeles, 2007
RITUAL DE LA HORMIGA

I
El agujero es un distante abismo.
el pan un lento soborno del cuerpo.
padecemos la gula
traemos costumbres en el hombro
y un maremoto de palabras asfixiantes en la garganta.
Giramos en redondo como astros
como la tierra y sobre ella nuestros pensamientos
hilamos el destino en tensas cuerdas
halados por invisible carro.

A veces nos preocupa la razón
el origen de la verdad
nada duele mas que la injusticia.

Hilamos en travesía inaudita
sobre sí mismo
Hilamos nuestros nervios:
la risa es una encrucijada en su reverso.

II
Las hormigas no ceden su espacio
nosotros defendemos el nuestro con las manos en la tierra
el cielo nos pertenece quién lo divide.
Pero la tierra la tierra arde en nuestras manos
nutre la misma sangre que por ella se derrama
la tierra es vida y hacia ella vamos…
Por la tierra andamos cada día más egoístas.
Tanto andar tanto desangrarse
tanto odio tanto amor
tanto desigual abismo y nada salva.

III
Tengo miedo y poros como ventanas
una pequeña pluma … un reloj roto en el pulso
pocos zapatos y mucho camino.

Tengo libros no escritos
sobre el teclado incierto.

Me van a perdonar los hijos de mis hijos
los hijos de los hijos de mis hijos
qué será mañana el porvenir
si no guardo esta foto
sin el vidrio que la hiere.

IV
Somos hormigas en reino…
a veces nos golpean
grietas que el amor deja
patadas inevitables quién no
fue aplastado alguna vez.
Envidio a las calladas emisarias
de la humildad.

Apuesto otros misterios
si negociamos el instante
el retorno del caos con piel de insecto.
No sé por qué digo estas cosas
Padre Nuestro, que estás en los cielos…

V
No sé por qué compramos mentiras
por qué vendemos promesas
no sé por qué vaciamos el tiempo
en bolsillos huecos.
deberíamos aprender de la gota
que cae
impecablemente exacta.

VI
Son las tres de la tarde en La Habana
y en algún sitio del mundo ahora es de noche
yo escucho ruidos ajenos mientras medito
son las tres de la tarde y debo cambiar
ciento ochenta grados
un giro total al de ayer...
no más culpas ni deudas
ya es suficiente
si no has perdonado mis deudas
yo perdono a mis deudores
ya me perdoné las mías.
no más cuchillos
no más

VII
Miraba al mismo sitio
con mi ritual de hormigas
y no hallaba respuesta.
Entre la hierba del fondo
palitos de tendederas
muñecos rotos
cristales enfurecidos.
Para qué quiero ahora la gloria
si tú me faltas para echarte en cara
que puedes levantarte y hacer lo mismo.
Hija que desciendes
tranquila
con un silencio distinto rondándote el cuerpo.

Hija de mi corazón no temas
yo arribo en tu sueño y te guardo.
Perdona este tiempo en que nos separa
la necesidad de probarnos
si alguna vez el destino puede ser vencido.

Te busco en el leve sonido de mi cuerpo
cuando cruje el viento en su letanía.
te busco en el arete que pierdo cuando
me equivoco.
Te busco en la cicatriz de mi oreja izquierda.

Hija mía que está en la flor
en la mariposa que escolta mi ventana
viva en la angustia de la noche.

Callada
tan callada.
Otro día doliéndome
con su pie cruzado
impaciente
frente otra puesta
de sol.
Qué lluvia vendrá a dejarme
más gris que en esta tarde.

Camino (nadie sabe cómo)
Hija mía que está en todas partes.


MUCHACHA QUE BAILA SOBRE MIS PAPELES

....................................................................... y en tu delgadez cantada toco, hija mía, un pan sin
............................................................... corteza, una masa tibia de inocencia y ternura.
................................................................................................................. [Roberto Manzano]

1
ella emerge en su diatriba prisionera de la sed
ella rompe la pared del silencio que derriba.
ella tiene quien le escriba sus canciones en el viento
sabe volver en el lento regreso de la palabra
mientras en la noche labra su infinito pensamiento.

2
regresa de la ternura a la solidez del hierro
de ese todo al que me aferro sin hallarme en su moldura.
regresa desde la oscura residencia del olvido.
habita en el estallido de su golpe en mi costilla
como una terca semilla que brota en cada latido.

3
tanto duele cuando callo mi tristeza amordazada
grillos en la madrugada de un concierto sin ensayo.
pudo ser ayer o en mayo pudo ser hoy que es noviembre
pero fue ocho de septiembre la cicatriz de la rosa.
qué fuerza tan poderosa crece donde yo te siembre.

4
muchacha que baila sobre mis papeles. cómo puedo
regresarte en el denuedo de esta garganta salobre.
será la Virgen del Cobre quien te custodia en la paz
o yo soy tú cuando vas por el borde de la mesa
como una triste promesa para negar que no estás.

5
tú y yo juntas con cartera. tú en la otra con sombrero.
debí partir yo primero pero fuiste la primera.
cada gesto una quimera posándose en tu regazo
breve disparo de un trazo guardo en la luz de tu infancia
desde el mito a la sustancia de la foto en que te abrazo.

6
cómo deja la cañada su fortuna hacia la mar.
cómo pinto sin llevar la destreza desgarrada.
cómo fijo en la cascada el ruido su transparencia.
cómo guardo la inocencia y la sencillez del cardo.
en qué piel me crece un nardo con el color de tu ausencia.

7
para mí no canta un mirlo cuando afina el tocororo.
no canta pero es sonoro pensar en canto de mirlo.
si yo canto al escribirlo no habrá nota desigual
mi queja va en el ritual de la gota que destila
un arcángel mi pupila de lenguaje universal.

8
baila niña en mis papeles en un pacto con lo ignoto
baila en el sonido roto del dolor y los cinceles.
baila niña en mis papeles para esta furia callada
guarda esta nota estrujada (desvalida entre mi puño)
que habita como el rasguño insondable de la espada.

9
giremos como el insecto sobre la tierra labrada.
por esta tierra marcada fijemos nuestro trayecto.
somos el frágil proyecto de algún fino material
tan diferente cristal hace grieta en la fatiga
seguidores de la hormiga por una pizca de sal.

10
de puntillas hacia el cielo danzas la última pieza.
qué lluvia. qué nota es esa tan musical en tu pelo.
baila niña en mi desvelo como gaviota de prisa.
lo inmenso se minimiza (todo se reduce a nada)
mientras tú sigues en cada movimiento de la brisa.


de Premios Ala Décima, 2007
MUCHACHA QUE BAILA SOBRE MIS PAPELES II

..................................................................... Me queda por decir no sé qué cosa…
............................................................................................ [Jesús Orta Ruiz]

1
hay un silencio redondo sobre la muerte que vivo.
desde la tierra percibo la refulgencia del fondo.
callada vienes de un hondo penar hija a dónde vas
sin trino para el jamás con esa extraña manera
de estar viva dentro y fuera. y sé y no sé si vendrás.

2
no sé desconozco el modo de retener esta nube...
ibas en ángel que sube... no pude cambiarlo todo.
árbol soy donde me podo la transparencia del día.
donde guardé mi alegría tus huesos penden del llanto
porque de perderte tanto vives de mí hija mía.

3
hija que vuelve a la cuna despojada del dolor
vestida en el esplendor desahuciado de la luna.
cuando bajas sin ninguna disparidad en mi mente
todo ocurre en aparente vuelo hacia la infinitud
hija tienes la virtud de ser el tiempo presente.

4
baila muchacha ese rito de la llovizna en la roca
que armoniosamente toca las estaciones del mito.
tengo en la garganta el grito primero de tu alborada
llevas la boca cerrada en tus pies tanto decir...
hija es posible vivir aunque tú sigas callada.

5
muchacha que sin querer abandonas tu coraza
para que hoy dances en casa guardo la foto de ayer.
traigo una piedra en tu ser junto al sol meditabundo
choca en el sueño en que me hundo con su carga inevitable
para que de un roce amable marque tu paso en el mundo.

6
tu glamour por los rincones de muchacha desolada
tiene la absurda mirada de saberte hecha jirones...
dibujabas corazones muñecos flores pequeñas
tendidas como cigüeñas sobre porciones de hastío.
fueron trazos de rocío donde quedaron tus señas.

7
por qué tan solos tus huesos de qué modo vas girando
sobre mi cabeza armando todos tus sueños ilesos.
por qué deshechos tus besos sobre el arca que atesoro.
por qué el silencio es sonoro para esta voz que te sabe
bajo la losa que grave resplandece como un coro.

8
la herida sobre el terruño de rojiza penitencia
va talando en la inocencia de probarse en el rasguño.
ofrecidas bajo el puño del errático tiraje
páginas en largo viaje sin la brisa del regreso
sólo un sueño solo y preso en la cima del celaje.

9
yo persigo en la frontera de la razón y la lógica
esa quietud paradójica de rehacerte a mi manera.
voy urdiendo por la estera losa gusano desecho
dolor tan acá del pecho fibra tuya sólo mía
desde adentro yo quería la infinitud de tu techo.

10
definitiva esta huella sobre la tierra en que arde
mi otra versión de cobarde cuando no alumbra tu estrella.
porque tú danzas en ella te visto con piel de espuma
doy a tu sangre mi suma tinta azul a tu mirada…
te vas y vuelves callada como el gesto de mi pluma.

11
bailas por ti en el recodo de esta pared reverente
bailas tranquila en mi frente dices algo de algún modo.
todo está aquí desde un todo sabiamente conjugado
nada dicho se ha callado dentro la voz ya palpita
lo imperecedero habita doblemente en mi costado.

12
no sé bien si en la ruptura se ha quebrado mi palabra
si una puntada macabra late endeble en la sutura.
si la vida nos procura su encuentro con la verdad
asumo esta realidad sobre el manto que nos cerca
para que en mi letra terca escriba felicidad.


lunes, 10 de enero de 2011

Nara Mansur (La Habana, 1969)


Nara Mansur Cao
(La Habana, 2.10.1969)

Poeta, autora de materiales para la escena, crítica teatral, editora, y promotora cultural.

Licenciada en Teatrología, Facultad de Artes Escénicas, Instituto Superior de Arte. Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Fue redactora (1997 / 2001) y jefa de redacción (2001 / 2007) de la revista "Conjunto" de teatro latinoamericano, editada por la Casa de las Américas, institución esta en la que trabajó como parte del equipo del Departamento de Teatro (1994 / 2007).

Impartió el Seminario de Dramaturgia en la Facultad de Artes Escénicas del Instituto Superior de Arte entre 2002 y 2007.

Desde mediados de 2007 es colaboradora del Estudio Teatral El Cuervo, que dirige Pompeyo Audivert en Buenos Aires; e integró el equipo creador (actriz, investigación, dramaturgia) de la instalación teatral Museo Ezeiza en 2009. Actualmente prepara, junto a Audivert, un volumen sobre sus técnicas y principios artísticos.

Ha publicado:
  • Mañana es cuando estoy despierta, poesía, Editorial Letras Cubanas, 2000.
  • Un ejercicio al aire libre, poesía, Editorial Letras Cubanas, 2004.
  • Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro, dramaturgia, Ediciones Alarcos, 2009.
Algunos de sus textos teatrales han sido llevados a escena, como Ignacio & María por Teatro D’Dos y La Guerrilla del Golem, así como Charlotte Corday. Poema dramático por el grupo de Santiago de Cuba. Materiales escénicos de su autoría también han sido representados en lecturas dramatizadas de festivales de teatro de Estados Unidos, Colombia y Puerto Rico.

Además, sus obras y artículos de crítica teatral han sido publicados en diversas revistas especializadas de América Latina y Europa.

Algunos reconocimientos:
  • Mención Premio 13 de Marzo de Poesía, Universidad de La Habana, 1993.
  • Menciones Premio David de Poesía (UNEAC), 1997 y 1998.
  • Finalista Premio de Dramaturgia Virgilio Piñera 2001, por Ignacio & María.
  • Finalista del Concurso Dramaturgia Innovadora “Casa de América-Festival de Escena Contemporánea”, 2002, por Charlotte Corday. Poema dramático.
  • Accésit del Primer Concurso de Dramaturgia, 2005, organizado por la Embajada de España en Cuba y la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), por Venus y el albañil.
  • Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2011, por su cuaderno Manualidades.
Reside entre La Habana y Buenos Aires desde 2007.

( Direcciones de correo electrónico: bitolu@cubarte.cult.cu - naraenbuenosaires@yahoo.com.ar )


del libro Mañana es cuando estoy despierta, 2000
NOVIAZGO (DOS DESNUDOS EN UN BOSQUE)

El erizamiento del brazo que no toco
el labio prolongándose hacia el espejo
succiones de un vientre seducido y suicida
no decir nada y acariciarme
reír por débil
oír el goteo de una mujer de brazos lánguidos
y otra de falda y muslos transparentes:
lágrimas de vidrio y la luz mortecina
de la lámpara del techo
sombreada pelvis y mi padre
que no veas mi boca
adherida al espejo, de aire leve
que no oigas tu sable
la filosa hoja cuando deja
círculos de óxido en mi vientre
nada en la sombra
frágil
y todos esos abanicos
llenos de polvo.


RETRATO DE MUJER, EN SU CUARTO

Son las seis de la tarde
otra vez
Ensayo infinitas posibilidades de salir a escena
a ser
metáfora visual
muchacha decente y unos espejuelos
unos escarabajos de oro
puntiagudos
Mi cara en el espejo no es mi cara
Mi casa en la memoria no es mi casa
Ahora
no tengo cuerpo, no me quejo
El muslo dulce lo destiendo
y goticas de sangre alumbran mis dientes
Un mantel marrón a cuadros
y tu sabor atardeciendo
Una ligera movida, una ligera mueca
Son las seis de la tarde
otra vez
otra vez más
Pero me he dormido antes
incrustada, detenida
en el tibio centro de esas silenciosas
candilejas.


NATURALEZA VIVA

Sus manos duermen donde mis espasmos
sus dedos transcurren
a largas rayas verticales
entre una piel blanca
siempre una piel blanca
Veo su mano abierta, sin uñas
cuando el aire se hace metálico:
pedacitos de huesos con lunas
sin pensamiento
Mis manos hundidas en naranjas
la mansa corteza se quiebra:
se derrama mi lágrima blanca.


GUILLERMO EN MI PENSAMIENTO

En la saliva en mis camisas huecas
en la blanda caricia de su vientre
en los nervios crayolas anaranjadas
en todos los jarros células
en mi casa mis horquetillas
en las no miradas de sus no ojos
en mis manos eclipses escapando
en la abertura de mis labios siempre
en la historia en mis orines de encaje
Guillermo en mi boca en la punta de mis cejas
en la gelatina azul sus dientes
Guillermo enfermo roto sin solapas
Guillermo lavando mi pelo con espejos
Guillermo mirándose en mi nuca desnudo
Guillermo y yo y mis pechos tan blancos
más grandes una península y mi paisaje vegetal
Guillermo el embrión mi madre mi padre
mis tres hijos todavía
Yo.

……...............................................................….…FRIDA KAHLO. 1943. Óleo sobre masonite 75 x 60 cm
…….........................................................…….Colección Jacques y Natasha Gelman. México D.F.


DIEGO EN MI PENSAMIENTO

No veo las formas... arañas decapitadas
Vendería todo por nada. Nada tiene espacio:
vidas ensalivadas. Los niños son los días
que no soy yo... no ahora, tampoco las niñas
No escribí una carta a Diego. No oí a nadie
Un día sin bocas perdí mis retratos
Diego es un niño. Yo soy la gran plaza pública
un árbol otoñal, las cortinas que arden,
Sin ilusiones
... y la gente quiere palomas.



del libro Un ejercicio al aire libre, 2004
SUEÑO DE MI HERMANO MUERTO

Encontré la mano de mi hermano en el campo de caña
la que tiene el dedo meñique más crecido
así que supe que era mi hermano
así que supe que mi hermano estaba muerto.
Yo también me supe muerta, con mis manos perfectas
con las diez uñas de manicure en plena guerra.
Me quedé allí, me quedo allí hasta siempre
tirada
con la mano de mi hermano en mi mano
con las manos de todos los muertos en mi mano
con las manos de todos los ahogados
muertos
con las manos de todos los desempleados
en mi mano en la mano de mi hermano.
Me quedé dormida
hace dos horas ya.
Me levanté, busqué alguna rama verde
alguna florecita silvestre
algo evidente vivo y sano.
Enterré la mano de mi hermano en un montón de bagazo
y tropecé con un pedazo de la bandera:
escribí algo con su sangre
su nombre
él, el único que tiene un nombre reconocido (------)
comencé la huida, otra vez me fui.

Comencé el caminito de la muerte pequeñita.
Yo también.
Mi hermano también.
Muerte bebé, muerte recién nacida
muerte que tiene toda una vida por delante.


DIVORCIO

Cuando los viernes al salir de la oficina no siento placer
cuando su voz a veces la olvido.
Cuando los sábados me parecen demasiado largos
y los domingos caen sobre mí
como plomos esos días sobre mi cuerpo:
pequeños animales que me caminan por el cuerpo
y su saliva huele a pasado, a lo que fui y me entristece.
Todo sale por mi boca
la tos, los cadáveres que antes fueron postres
mi cinismo.
Cuando los viernes parecen demasiado cortos
y sus pantalones tan largos.
Cuando salgo del escondite después que se ha ido.
Cuando junto a los fantasmas de otros hombres entra al baño
y los veo afeitarse y usar colonia Azzaro frente al espejo.
Cuando tengo más prendedores que amantes.
Cuando la nada es mi fértil tierra en la que siembro
y la simulación transcurre desde los sombreros
hasta los gatos que izo como banderas.


RECONCILIACIONES

Ensayar la separación
abrir una pequeña zanja en nuestra tierra común
en la aridez y la fertilidad.
Convocar al agua para que nos divida y parecer unidos:
el agua
que es otra especie de sangre
una suma de lágrimas familiares y extrañas
juguetes.
Por este dolor acuoso se consumen nuestros esfuerzos
el mejor para decir: sí puedo hacer tu voluntad
pese a todo saltaré el muro, la alambrada
y apareceré de nuevo
solitaria
para vestirme de novia.


COMEDIA SILENTE

¿Y qué tiene ella que no tenga yo?
“Di, mamá”.
Algo tendrá, un aire más sofisticado, más falso, más seductor.
¿Quién puede culparme por no tener
una visión sentimental del pasado
del futuro del romance?
“¿Tú sabes qué cosa es reina?”.
No sólo la costurera rubia y ojerosa es triste y narrativa
mamá.
Uno, yo, me pregunto si soy mi nombre:
“Yo me llamo yo”.
¿Para quién soy un nombre, un hecho, un presente?
¿Soy un hecho, un presente, un nombre?
¿Quién es quién?
La gente pasa por aquí, pasea, se perfuma
los viajeros
todo lo que puede padecer un síntoma de belleza.
Él
¿estará pensando en mí?
(“Yo sin cesar pienso en usted”.)
El sinsentido atroz de mi alma
para mí, sin mí, contra mí
la duda del viajero efímero
en su mueca silente e inhibida.


YA VES, Y YO SIGO PENSANDO EN TI

Una sensación de mala palabra, una sensación de irse de rosca
de cortarse las uñas
con una tijera de podar las matas
una sensación de pesadilla, de adoración del dolor
un viaje a la ciudad a donde no puedo volver
un pinchazo, un aborto, costillas rotas.
Hormigas en el cerebro.
Y yo sólo pienso en ti
y yo sólo pienso en ti
en tu presencia alejada, desarraigada
tú que te fuiste y ahora eres espuma
como La Sirenita original.



del libro Manualidades, 2010
EN BUSCA DEL ÁRBOL DE NAVIDAD

Esta plantica que sembramos juntas
está hecha de hojas de eucalipto y flores de jacarandá.
Nace un niño, nace un árbol. Pero qué es nacer.
Llegan los algodones para arroparlos,
tiemblan las verdes ramas todavía muy nuevas e inexpertas,
llora desconsoladamente el bebé recién nacido.
Nada lo calma, ni la teta de la madre, ni su dulce mirada
ni el terror de la madre que también nace junto a él.
Terrores, terrones de azúcar blanca, espolvoreados sobre la espuma.
Las familias se acercan a celebrar y nada parece confundirlas ahora,
hay un mensaje de amor escondido en el árbol
esperando adentro de sus regalos,
tan bellamente envueltos, con papeles, cintas y brillos.

Qué es nacer.
Para Jesús fue innovar.

La doctrina que enseñó ........
…………........................…......……. introdujo una fuerza en la Historia diferente de los cultos orientales
y de la filosofía griega.” .......
.......................................................[Medardo Vitier]

Los dones ofrecidos, la ética desfigurada y el destino agónico del amor.

Le hablaré de esto a Emilia mientras la amamanto
y la consuelo míseramente por su llegada al mundo.
¿Las ramas cortadas aceptarán su temprana muerte
a causa de nuestro festejo vanidoso?
¿Nos harán entender algo?
Y qué podrían hacer, si el bosque, el jardín maternal
les va quedando tan lejos
y ahora son todos ruidos nuevos, bocinas, chirridos, golpes bajos.

Hay que abrazarse muy fuerte al hijo,
al padre, al espíritu santo y a la madre
todos los días.


HORA DE LA MERIENDA

Otra vez abuelo se muerde la lengua comiendo
mermelada de higo y queso crema.
Otra vez le saca brillo a los zapatos de Dinorah,
sus sandalias negras siempre un poco demasiado sucias
por el polvo de Víbora Park. Pero a ella le da
un poco de pena. Talco, talco, pata, pata, Emilia.
Dulces que resbalan: higos, duraznos, banana, pera
y también la calabaza y el boniato.

Cuánto temblor seguido de rutina y sueño. Cuánta hambre
y deseo de algo dulce. Cuánta aglomeración y ligereza.
Cuántas compotas y jugos. Cuántos platicos redondos
reunidos y cucharas y galleticas de plástico.
Que no brote una risa con prótesis y fatiga.
Comienza a saltar entonces la cuchara sin ton ni son.
Comienza a saltar Emilia en su butacón,
un cauce un miedo una caída, se asusta la mamá.
Río sin luna alúmbranos otra vez.
Agua demasiado caliente o demasiado fría. Plástico
que parece acero porque te pincha.
Verruga, lunar, roncha, mancha.
Emilia
se ha virado arriba la mermelada.
Abuelo grita de dolor.


UNA NIÑA, SENTADITA EN UNA CAMA, Y CINCO CADÁVERES

La noticia de su muerte le llegó al padre a las tres de la tarde. Estaba en una reunión…cuando empezaron a transmitir el comunicado, escuchó su nombre, mal pronunciado, y tardó un segundo un siglo en asimilarlo. Como una máquina ese hombre se santiguó oh redención rezo rescate de mi infancia bramido y de la infancia de su hija ahora cubierta por la muerte oh desgraciados oh qué desgraciado soy. El padre que recibe la noticia de la muerte de su hija se vuelve un niño y se santigua y se desploma su moral de hombre, de padre útil.
—Era mi hija—

Fin de los miedos sucesivos, fin del terror por gusto. Lo ha tocado en plena selva y se pregunta por su joven e inexperta e ingenua y entregada hija. No la mataron en la villa miseria los miserables sino el ejército de soldados miserables. Sólo recuerda --ahora que sabe que no la va a volver a ver, ni en la morgue siquiera-- que se trataba de una muchacha buena. Una muchacha que no sueña con una casa de dos pisos, con una piscina, un auto, caballos, jardines colgantes, joyas, París, un collar de perlas, Punta del Este, que no sueña con un príncipe o un gerente. El padre decide suspender la reunión.

—Estoy aturdido. Pensaba que era excesiva suerte, no ser golpeado, cuando tantos otros son golpeados. Sí, tuve miedo por vos, como vos tuviste miedo por mí, aunque no lo decíamos. Sé muy bien por qué cosas has vivido, combatido. Estoy orgulloso. Me quisiste, te quise. Me gustaría verte sonreír una vez más. No podré despedirme, vos sabés por qué. Nosotros morimos perseguidos, en la oscuridad. El verdadero cementerio es la memoria. Ahí te guardo, te acuno, te celebro y quizá te envidio, querida mía.

Una corta y dura y maravillosa vida. Qué extraño e impresionante ascetismo. Y la muerta qué le dice a su pequeña bebé que la espera en su camita. La memoria de la madre muerta quién la defiende, quién le nombra a la pequeña huérfana a su mamá. Ese consuelo dónde lo buscamos. El padre soñó volver a vivir junto a su hija, aunque fuera en habitaciones de silencio, aunque fuera callados los dos por la pena.

—Como tantos muchachos que repentinamente se volvieron adultos, anduvo a los saltos, huyendo de casa en casa. No se quejaba. Sólo su sonrisa se volvía un poco más desvaída. Hoy en el tren un hombre decía: “Sufro mucho. Quisiera acostarme a dormir y despertarme dentro de un año”. Hablaba por él, pero también por mí.

Llevaba en brazos a su hija porque a último momento no encontró con quien dejarla. Se acostó con ella, en camisón. Usaba unos absurdos camisones blancos que siempre le quedaban grandes.
El 28 de septiembre, cuando entró en la casa de la calle Corro en el barrio de Floresta, María Victoria Walsh cumplía 26 años. Llevaba en brazos a su hija porque a último momento no encontró con quien dejarla. Se acostó con ella, en camisón. Usaba unos absurdos camisones blancos que siempre le quedaban grandes. El padre dice haber visto la escena con los ojos de la hija: la terraza sobre las casas bajas, el cielo amaneciendo, y el cerco policial de ciento cincuenta hombres. A uno de ellos le llamó la atención la muchacha, porque cada vez que tiraba una ráfaga se reía. El padre intenta entender esa risa. La metralleta era una Halcón. ¿Será porque las cosas nuevas, sorprendentes, siempre la hicieron reír?

—Querida Vicki, querida Vicki

El padre se pregunta si todos los que mueren como ella, tenían otro camino. La respuesta brota desde lo más profundo de su corazón: su hija pudo elegir otros caminos que eran distintos sin ser deshonrosos, pero el que eligió era el más justo, el más generoso, el más razonado. No vivió para ella, vivió para otros, y esos otros son millones. Su muerte fue gloriosamente suya, y en ese orgullo se afirma y es él quien renace en ella. Su muerte fue su pequeña gloria, los disparos caen sobre su cuerpo como aplausos y flores.

Era flaquita, tenía el pelo corto y estaba en camisón. Ustedes no nos matan —dijo— nosotros elegimos morir. Entonces ella y el otro hombre se llevaron una pistola a la sien y se mataron frente a los soldados. El coronel abrió la puerta y tiró una granada. Después entraron los oficiales. Encontraron una bebé de algo más de un año, sentadita en una cama, y cinco cadáveres.


MALA PRAXIS. EL PORTERO ESTÁ DE DUELO

Hay un niño muerto que cuida a los otros niños.
Hay un bebé ahogado en su cordón y mientras Emilia respira
él hace guiños y saca el aire que la puede dañar,
la hace eructar y agarrarse las piernas
lo más empinadas posible.
Y en la coreografía se besan los labios desnudos
los dos bebés:
el bebé que no está donde lo esperaban, y Emilia.

Hay una ceremonia preparada, un ron añejado y herida
una corazonada;
están los abuelos esperando que les entreguen
el cuerpo del santo varón,
está el milagro de la felicidad en mi propio cuarto, al lado mío.
Pero también el miedo y el ángel con prismáticos
que lo ve todo y no perdona las simulaciones
ni los accidentes.

Entonces Emilia bosteza y se viene todo abajo,
donde están las vacas, los elefantes y las ballenas;
con una sola vocal los llama y les pasa la lengua
deleitada,
deleitados,
eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee.

Hay algunas mamás que no llegaron a la hora indicada,
no se dieron cuenta o no se asustaron lo suficiente
y nos dejan sus historias clínicas como legajos de buena suerte
a las otras que pudimos aprender algo en el camino,
a las que nos sucedió el milagro
y no perdimos el sueño ni nada más preciado.
(Algo que no me atrevo a escribir aquí
por si creen que me he tomado alguna atribución indebida
o una de esas bebidas con las que no pudo celebrar
como esperaba la familia de Ramón).
Hay un niño muerto que vela el sueño de Emilia
y la hace llorar, tener hambre y despertarse.
Ella lo mira, le parece hermoso;
se refleja en sus pupilas la mirada del otro niño
con más pelo y esa especie de limbo
de donde viene:
el lugar de las aguas que lo inundan todo,
frágiles y pequeños los cuerpos
a la deriva.