lunes, 29 de marzo de 2010

Mariene Lufriu (Pinar del Rio, 1987)



Mariene Lufriú Rodríguez
(Pinar del Río, 23.07.1987)


Poeta, narradora y escritora para niños.

.

Estudiante de 5to año de Licenciatura en Filología, Universidad de La Habana, es, además, egresada del Primer Seminario Nacional de Narrativa para jóvenes escritores ICL-Hotel Kafka / 2008 (Acción Conjunta España-Cuba), y egresada del XI Curso de Técnicas Narrativas/2008-2009 del Centro de Formación Literaria "Onelio Jorge Cardoso" (Cuidad de La Habana).

Ha publicado los poemarios:

  • La ruta incierta, Ediciones Loynaz, 2008.
  • Todos los semáforos en rojo, Editora Abril, 2009 (Premio CALENDARIO de POESÍA 2008).
Por su obra ha sido reconocida con:
  • Premio Internacional de Poesía “NOSSIDE-CARIBE/2003” (Cuidad de La Habana)
  • Cuatro Premios Colaterales/2005, Segundo Premio/2006, Tercer Premio/2008 y
    Tercer Premio/2009 en el Concurso Nacional de Literatura Erótica “Farraluque” (Cuidad de La Habana)
  • Mención/2007 y Premio/2009 en Beca Nacional de Creación “Sigifredo Álvarez Conesa (CNCC, Cuidad de La Habana)
  • Mención/2007 y Tercer Lugar/2008 en el Festival Nacional “CUBASONETO” (Sancti Spíritus)
  • Tercer Premio en Narrativa, Concurso Nacional “Mangle Rojo/2007” (Isla de la Juventud)
  • Premio en Literatura para niños, Concurso Provincial “Baragaño/2007” (Pinar del Río)
  • Premios en Poesía para niños, Poesía para adultos y Mención en Cuento para niños y jóvenes en el Concurso Literario Provincial “Eduardo Zamacois” (Pinar del Río)
  • Mención en Literatura para niños, Concurso Nacional “Hermanos Loynaz/2007” (Pinar del Río)
  • Premio Provincial D’Arte 2007 y 2009 (otorgado por la AHS Provincial a las obras artísticas más relevantes del año) (Pinar del Río)
  • Premio Nacional de Poesía “CALENDARIO/2008” (Cuidad de La Habana)
  • Mención en Poesía para niños en el Concurso Literario Nacional de la Ciudad “Fundación de Fernandina de Jagua/2009” (Cienfuegos)
  • Tercer Premio en el Concurso Nacional de Poesía “El Peregrino/2009” (Matanzas).
  • Premio de Poesía, 9nos Juegos Florales del tercer milenio, Matanzas 2010.
También, textos de su autoría (poesía y narrativa) aparecen publicados en Antologías, Revistas, Periódicos, Plegables, Tabloides y Soportes Digitales de Cuba y el extranjero (España, Italia y México).

( Direcciones de correo electrónico: lufriu@pinarte.cult.cu - angel@tele.upr.edu.cu )


del libro La ruta incierta, 2008
A UN CUALQUIERA DE LA CALLE “G”

Hombrecillo soez y cotidiano
a la caza de algo que no llega,
me gustó tanto ver que con tu mano
conseguías el don de la autoentrega.

Y lo hacías así, tan desprovisto
de paredes o techos o trincheras.
Ah, qué malo si no te hubiera visto
y qué bueno que tú nunca me vieras.

Si asombraste a la fatua señorita
con el público grito de tu cuita
mas no importa si así te sientes vivo.

Por mi parte, sin cargos de conciencia.
Quiero ver otra vez tal “indecencia”
y que nunca sospeches que te escribo.


MEDITACIONES EN LA ESQUINA DEL BURDEL

Me han dado unos billetes esta tarde
y luego de mirar, casi los quemo.
¿Por qué todos exhiben… - será alarde -
la estampa masculina en el extremo?

Quienes hacen pesillos tan machistas
se olvidan de cifrarle a las mujeres,
y luego, ni orgullosos ni egoístas,
los usan en comprar nuestros placeres.


Por eso respetemos su aventura
si así se presuponen nuestros amos.
Dejémonos de agobio y de censura.

con eso del dinero y los reclamos,
¿qué importa que les pongan su figura
si luego las mujeres lo gastamos?


del libro Todos los semáforos en rojo, 2009
VICIOS, MISERIAS, Y UN VIEJO DOGMA LLAMADO DESTINO

Ni siquiera había nacido
y ya mis padres
juntaban las manos
sobre sus cabezas,
miraban al cielo
y pedían a Dios
que yo fuera normal:
con todos los dedos, las partes,
las ideas
que exigiría mi tiempo.
Así crecí,
al margen de los huecos y descampados
que también conforman el alma.
Fui todo lo necesario
para que mis padres
volvieran a mirar al cielo
y dijeran gracias:
Dios me había armado
como rogaron alguna vez.
Ante el ojo inquisidor
de mi ciudad
yo era normal.

Ante el mismo ojo
–esta vez ciego–
de mi ciudad
me precipitaba al fondo de los huecos
y me hundía en la soledad
de los descampados
que también conforman el alma.
Poco importaba mi condición
de semilla estéril
porque la gente que pasara cerca
habría de encantarse
con mi frescura eterna de árbol.
Yo sería un hilo más en el mantel,
otra simétrica raya del tigre,
la gota idéntica y sumisa
que se despeña
con el torrente de una época.
Perdón y vergüenza
si se me escapara en público
la diferencia.
Así me escurro
entre los años
y agradezco casi con rencor
a los que me hicieron normal,
que también incluye
dibujarme a ratos
la inequívoca sonrisa de conformidad.
Hasta yo me acostumbro a ser normal,
y me lo creo…
pero mis padres
nunca confiaron en los milagros
ni están seguros de que Dios
los haya escuchado
la primera vez
que juntaron las manos
sobre sus cabezas
y miraron al cielo.


PUENTES

........................................................Hay en el Sur más de un portón gastado
..............................................................................................[J. L. Borges]


Escucho el tibio aullar de una manada
que es siempre el anagrama de una fuga.
Es casi más de un pueblo que conjuga
partir por una angustia demorada.

Crecí bajo el adiós del que se exilia
y deja en el umbral lágrima y canto.
También he sido presa del espanto
traidor que me cercena la familia.

Yo sigo inamovible, tras el muro,
solícita acrobacia del conjuro
que tantos han armado alguna vez.

Yo soy el vino eterno de esta uva
aún cuando a mi paso digan Cuba
y dentro de mi playa grite el pez.


CONFESIÓN

Me vengo sin Patria,
colonízame.
Me vengo sin brújulas,
por favor, oriéntame.
Me vengo sin amuletos,
sé gentil, embrújame…
Pero no me vengo con ganas,
vístete.


del libro Hemoglobina baja – Inédito.
LA AMANTE

A veces
yo soy una mujer negra
negra como los golpes
como la angustia.
Una mujer
del color de los refugios
y los escondites
y los cuartos cerrados.
Negra como las mercancías
que no se enseñan.
Me aprendo de memoria
si quiero tocarme
y busco a tientas en mi oscuridad
algún camino que me salve.
A veces
yo soy una mujer negra
negra como los trozos de carbón
y triste como ellos
cuando no sacan lumbre.
Pago mi condena

en los sitios ignotos
de la ciudad
donde me finjo feliz
mientras alguien
me cabalga aprisa.
A veces
yo soy una mujer negra
y sin nombre.


LOS EXILIADOS

Todavía la familia los busca
con la misma tristeza del ciego
que va al teatro
y se sienta en primera fila
la noche de las máscaras.


IMITACIÓN

Yo tenía unos peces..moribundos,
y no pude saber cuándo escapaban.
Las palabras oscuras que tragaban
me ocultaron la angustia de sus mundos.
Y mis peces se fueron al alarde
de enfrentar a las olas carniceras.
Solas, tristes, vacías sus peceras
colorean su ausencia cada tarde.
Mis peces se cansaron de callar.
por eso se lanzaron a otro mar
de espacios liberados y profundos.
Mis peces se han anclado en mi memoria
repitiéndose siempre aquella historia
en los hombres que tengo…..moribundos.
.
.
LA GUERRA

En el hueco de un país lejano hay un hombre.
En el hueco de un hombre hay un recuerdo de familia.
En el hueco de una familia
hay una madre triste, una esposa sola y unos hijos flacos
cavando una tumba.
En el hueco de una tumba
sepultan el grito de un hombre
que se quedó en el hueco de un país lejano.
La madre triste, la esposa sola y los hijos flacos
se distinguen en la multitud.
Todos tienen un hueco en el pecho.
.
.

martes, 1 de diciembre de 2009

Lourdes González (Holguin, 1952)

.
Lourdes María González Herrero
(Holguín, 1952)

Poeta y narradora.

Es miembro de la UNEAC y de su Consejo Nacional, preside la Filial de Escritores en Holguín, dirige el Centro de Promoción y Desarrollo de la Literatura Pedro Ortiz, el Sello Ediciones Holguín, y la revista de Arte y Literatura "Diéresis".

Ha publicado los poemarios:
  • Tenaces como el fuego (Premio de la Ciudad, 1986).
  • La semejante costumbre que nos une (Premio de la Ciudad, 1988).
  • Una libertad real (Primera Mención en el Premio de Poesía "Julián del Casal", UNEAC, 1989, y Premio de la Ciudad, 1991).
  • La desmemoria (Premio de Poesía "Adelaida del Mármol" para las provincias orientales, 1992).
  • El luminoso pájaro de la memoria (Editorial Lunarena de Puebla, México, 1999).
  • En la orilla derecha del Nilo (Premio Nacional de Poesía “Julián del Casal”, UNEAC, 1999; Ediciones Unión, 2000).
  • Fijeza del Amor (selección de poemas publicado por Ediciones Holguín, 2002).
  • Los días del verano (Premio Especial de Poesía “Bicentenario de José María Heredia”, 2003; Editorial Oriente, 2003).
  • Pasajera la lluvia (antología poética publicada por la Editorial Letras Cubanas, 2003).
  • Afuera sangran los caballos (Ediciones Unión, 2008).
  • El hijo de la arpista (Ediciones Oriente, 2010).

Y los libros:
1992, Acercamiento a la poesía de habla hispana escrita por mujeres, crónicas.
1999, Papeles de un naufragio, narrativa, Premio de la Ciudad 1997 (traducido al francés y publicado por la Editorial francesa Indigo en el año 2002, y reeditado por la Editorial Letras Cubanas en el 2006).
2003, María Toda, novela, Editorial Oriente (reeditada por Ediciones Holguín, y en el 2009 publicada su traducción en la Editorial Iacobelli, de Italia)
2005, Sur la rive droite du Nil, Editorial Caracteres, Francia.
2006, Las Edades Transparentes, novela, Editorial Oriente (Premio de la Crítica en el 2007, y reeditada en el año 2008 por la Editorial Letras Cubanas).
2008, La sombra del paisaje, cuentos (Premio Nacional de Cuentos "Guillermo Vidal")

Además, ha obtenido los reconocimientos:

1999, Premio Nacional a la Mejor Edición de Libros de Editoriales Provinciales.
2005, Premio de Cuento "La Llama Doble" y el Premio Oriente de Novela "José Soler Puig".
2007, Mención en el Premio Casa de las Américas por su novela inédita El amanuense.
Distinción por la Cultura Nacional.

Su obra ha sido recogida en diversas publicaciones nacionales y extranjeras. En el año 1997 fue incluida en la Enciclopedia de la Literatura Latinoamericana.

( Dirección de correo electrónico lourdes@baibrama.cult.cu )


del libro En la orilla derecha del Nilo (Ediciones Unión, 2000)
DESLÍZATE A LA MAR, BARCA DEVOTA.

................................................nueva canción de Orfeo para mi hijo

Deslízate a la mar, barca devota,
y cruza los paisajes con tu inocencia
en estos tiempos en que las naves tienen que ganar.
Tú que aún superas para ti el origen
de la ciudad pequeña, dulce, desmembrada,
hazte a la mar de la memoria y boga,
cruza océanos de dudas, noches de réquiem,
deshace el mito para volver a ser,
no te devuelvas a la orilla sin la esperada prenda,
trae peces ........................ y trae orgullo
que para ti vibra mi alma en la ausencia.

No puedo practicar ningún oficio en los días que corren,
no existe ningún oficio para mí,
pero tú, barca infantil,
boga, deslízate,
atraviesa el agua cada vez más peligrosa
y vuelve para que yo te escuche
aunque sea en el día de mi muerte.

Yo pudiera inventarte algún Pequeño Anceo,
una tribuna y un heraldo,
pero serían palabras,
y las palabras nunca te salvarán de las corrientes
donde los viejos cantos pierden su sentido
y el mar
pierde su distancia.
Isla, pedazo de tierra que conozco,
dale a mi hijo un remo
antes que las actuales olas lo invadan todo
y sólo quede el eco de aquel coro increíble.
Isla, razón,
dale a mi hijo un buen pretexto para el viaje
y déjalo, barca de sueños,
rendir el verdadero himno,
encontrando los símbolos de esta noche,
esta larga noche, de este valle infértil,
pero propio.

Deslízate por la única ruta
y da calor a las costumbres,
verás, pequeña nave promisoria,
verás de cerca y vivirás
lo que hoy te cuento como si fuera un pasaje remoto de la vida.
Tocarás la llama
porque eres también la cifra oculta,
boga, lento y seguro,
sé timonel y encántate con las ofrendas,
pero no olvides regresar.
Te brindarán en el camino rojas flores,
te darán vino y el placer que dura poco,
tómalo todo y luego
deslízate a la mar sin lamentarte nunca de ese viaje.

Pequeño encantador de mi pena,
tráeme la dignidad de la memoria
que yo te esperaré
aunque llegues el día de mi muerte.


del libro Los días del verano (Editorial Oriente, 2003)
POEMA DE LOS POBRES PARAÍSOS

......................................................"Lánguido va el recuerdo"
.................................................................. [ Luis Cernuda ]

La coincidencia es una.
Mirábamos la belleza de los jóvenes cuerpos cuando aún disponíamos del gozo de volver a la sombra de unas manos nutricias.
Admiramos la belleza de los cuerpos más jóvenes, y al final, en la casa vencida, contemplamos sus siluetas como quien ve la lluvia rodar por los cristales.
En nada hemos cambiado.
Afuera sigue el tiempo, confuso y agresivo, en su tremendo esfuerzo por ganarnos los días.
El mundo es un abismo al que llegamos, del que partimos, la residencia es nula. Nada pesa ganado ni perdido. Nada nos pertenece, ni siquiera el delirio.
Pero estar desasidos, abrazados al aire, guardando los fragmentos del hoy perecedero, es quizás la sustancia del vivir.
Mañana, habrá que establecer las diferencias entre la libertad y la adicción, de modo que podamos conmovernos.
Los cuerpos que buscamos con las manos, se ocultan, se van tras los hinchados mediodías, desafiando los muros que hemos levantado para impedir hundirnos en el mar.
Es demasiado olvido el de morir.
Y escoger las sutiles pertenencias del dominio, es sólo un sueño más, tan intenso como el de la contemplación de un cuerpo, ignorando que el alma regresará después a la desesperanza.


del libro Papeles de un naufragio (Editorial Letras Cubanas, 2006)
ME HACE BIEN

Sobre mi cama, ensoñando, me hace bien pensar en ti. Desearte como no te deseo en realidad. Inventar para ti otro nombre, otra edad, otra voz y otro cuerpo. Los gestos casi siempre los dejo, son como apoyos, le sirven a la incorporación del resto, de lo que pongo y opongo a y en ti. Y te veo no como realmente ahora te veo, sino como no eres.
Trazada esta nueva identidad me hace bien decirte algunas cosas que nunca te digo y que presumo incluso de nunca pensar en decirlas, te susurro mediocridades e incoherencias, pero también bondades y bellezas; hablo en fin contigo, cuando tú sabes que casi nunca hablo contigo.
Mientras me ensueño aletargada pienso en cien formas diferentes de haberte conocido, cambio el escenario y la hora: te conocí en Venecia, en el lago Castelvecchio, te conocí en Irlanda una tarde lluviosa cuando comprabas tu primer regalo, te conocí en la Habana, hace veinte años, en la otra Habana donde vivir era una alegría constante –y un poco trabajosa–, te conocí después en el Mediterráneo, aquel verano, te he conocido tantas veces que al fin ya nunca más recordaré cuándo en realidad te conocí.
Otra variante que me hace bien es asociarte a detalles de mi vida personal que no conoces, por ejemplo, te asocio a mis primeros años –que nunca he recordado–, te asocio a los mejores tiempos de estudiante –y a los peores, que son más–, te asocio a Santiago y el amor en cualquier parte y con la misma persona, te asocio al primer poema a un patio colonial, aquel primer poema hecho en Santiago con amor a una sola persona en todas partes. Te asocio a las desilusiones literarias y al primer libro, cuando no lo creía aún, cuando ignoraba que ser poeta es estar loco de remate y más. Te asocio a la maternidad y a mi manera errática de ver pasar la vida. Te asocio a los divorcios y a las uniones que nunca tuvieron tanta importancia.
Sobre mi cama me hace bien pensar en ti, veinte años después, cuando sigas siendo una persona indócil y sensata, cuando no quieras las cosas que ahora quieres, cuando ni tú puedas saber ya nada más de mí, y yo me levante dispuesta a no seguirme haciendo bien.


HÁBILES HAN DE SER

Hábiles han de ser los escritores, ya que no tienen ante sí las fantasías ni las rarezas y con sólo una orden deben hacer funcionar las ideas.
Muy hábiles han de ser para que un poema o un cuento se parezca a ellos y ellos a la vida y la vida de ellos a la cultura nacional.
Y hábiles han de ser porque si nadie los descubre, si después de veinte años ya nadie los descubre, por razones diversas y conversas, entonces ellos mismos han de leerse enteramente y siempre, y amar sólo aquello que sintieron y sentir sólo aquello que escribieron, y se les va la vida en las palabras y no pueden renunciar porque no saben.
Hábiles han de ser, y casi locos, para tornarse hilos de letras y dejar, obviar a los demás, importándoles sólo la forma, la imagen, las puertas que nunca se abrirán si por razones disímiles alguien no los descubre y hace que sus palabras, unidas por amor y por horror, lleguen a ser leídas.
Hábiles, muy hábiles han de ser los escritores.


del libro Afuera sangran los caballos (Ediciones Unión, 2008)
EL DRAGÓN DEL SILENCIO

Miro el ojo dorado de la culpa y dentro veo los brumosos contornos de otra isla llamada leyenda.
Me exijo una concentración fascinada para adentrarme en el silencio, para percibir dentro de él las causas de mi constante apego a la casa del dolor.
El riesgo es colosalmente intenso.
Detrás de los nublados horizontes está la mano de mi madre extendida para salvarse. Detrás permanece el que sabe bogar contra la corriente pero no sabe aún vencer.
Se expande el círculo y se inserta la corona arruinada que es el blasón de mi edad, va perdiendo fuerzas la mísera sensación de vivir acechando las campanas del agua, las formas de la harina, los vacíos en las estaciones de la mesa.
El silencio engendra poder. Dicen que asegura que la dicha surja como el agua de un manantial.
El peligro es inexorable.
Miro el ojo dorado del miedo. En él hay una sombra que me conquista. Es la sombra del día de mi nacimiento. La sombra del lugar donde lloré, la sombra del esfuerzo que se vuelve cada vez más difusa, más lejana, que se deja de ver y queda sólo el resplandor dorado del olvido, y el silencio.


del libro inédito El Hijo de la Arpista
LOS PABELLONES

Llueve sobre los pabellones.
El cielo oscurece las claraboyas y, no obstante, si extiendo mi mano ella alcanza a tocar las cúpulas y los granos.
Estamos hechos a semejanza de lo efímero.
Permanecemos tumbados en los largos mediodías sin saber por qué. Sin embargo, volvemos a encontrarnos en las sábanas, frías desde el amanecer.
Nos descubrimos rehaciendo las paredes, llevamos años rehaciéndolas con nuestras manos inútiles. La inutilidad es una rara posesión que oprime, oprime, cerca.

Veo a través de las ventanas el brillo de las pieles de las lagartijas acomodadas bajo la lluvia, entre las hojas de las malangas, pequeñas en la dimensión del mundo.
Abarco las distancias con las manos, sumergiéndolas en las fuentes para tocar sus aguas.
Examino las fronteras, los abismos que simulan restablecer el vacío para que yo me equivoque y muera, pero ya estoy muerta, he comenzado la faena muerta, sola mi sombra va entre las palabras matando los sueños. No los deseo. Me basta el sueño intranquilo del Príncipe.

(Escribo me basta y quedo quieta, mientras mis manos van detrás de los cuerpos amados. Engaño a los cuerpos amados. Sueños como el delirio del Príncipe).

Las tardes en los pabellones son castigadas pese a la lluvia cayendo en los torrentes de la memoria mal tratada, es decir, mal construida, es decir, en la mala memoria, en la que no guarda lo necesario, en la que no almacena las costumbres: comer dentro de un hondo plato, fatigarnos mirando los perfiles que asoman como desconocidos en el espejo, cruzar las zonas blancas de las calles, evadidos del polvo, fugitivos, huyendo de una sombra que nos persigue, que nos oprime, nos cerca.
Humilde despertar del que se sabe muerto.

Abro los ojos desde la realidad de la muerte para mirar inobediente el mundo, el fragmento que he logrado mirar y en el que sin embargo veo los cuerpos amados, el triunfo. Si logro convocarlos aunque sea dudosamente, descansaré aún más, bajo la manta azul, segura, mientras el agua en ondas persiste sobre los pabellones.

Qué jubiloso origen el descanso. Qué jubiloso punto, oculto a las curiosidades, sin apariencia posible.
Dame el derecho a estar en la memoria sólo el tiempo necesario para volver a los cuerpos amados como se vuelve al viaje de la despedida, al tren de las infancias, a la gloria repartida en las pequeñas marginaciones. Un instante en la muerte para entreabrir la vida, un solo color y el milagro sucederá como un arribo, como un tocar al fin las puntas de la madeja que se busca y se busca y se vuelve a buscar, hilando en las huidas.

Qué regocijo al fin la sombra, como el del íbice que aparenta tranquilidad mientras huye, cuando clama desde su fondo por una dulce quietud y su corazón se agita, cada vez más, siguiendo el camino por la línea de las marcas.

Es el pasado, la bóveda entre los tiempos.
Cuánto clamoroso regocijo da el saber que pudiendo ser tantas se es para siempre una.

Llueve sobre los pabellones. Tengo la impresión de que el agua puede desbaratar la casa que hemos construido, pero ya sé que no basta una impresión, sería necesaria una imagen: puertas y puertas, rejas, papeles, cromos, revestimientos, figuras flotando sobre el mar desbordado en los mosaicos.
No basta una impresión y mis ojos están ciegos.

Qué dicha la de volver a la libertad de la sombra, remitida al fruto que se apetece. Lo sabía antes de morir, lo supe antes de cruzar. Puedo todavía retener ciertas bondades de la memoria mal tratada. Algo que no todos decimos.

El tiempo cruza como el zorro de emilio rondando las edades, pero es apenas un animal que intimida, y, además, el agua cae con fuerza impidiendo cualquier demostración del miedo que se siente ante el impulso de crecer. Ante la vida.

Me protejo del agua por primera vez.
Me apetece escucharla. Corporeización del mito de una realidad que apenas está en las páginas de un libro, metáfora de la verdad, de la verdad leve que aparece al morir para expresar la vaguedad con la que se ha vivido.

Los pabellones persisten –como el Príncipe- en crear un sueño, sobre ellos la lluvia furiosamente lo arrasa, arrasa todas las batallas, y, por momentos, en el sonido metálico del agua me parece escuchar el leve roce de los cuerpos amados, la leve obstinación del amor, sus vicios.

Qué fortuna da el imaginar, con cuánto ardor se unen entonces los deseos para formar un impulso: el de entreabrir la muerte para tomar la vida.

(Hay que estar muerto para ser condescendiente, hay que tener, como yo, al alcance de las manos, las distancias que no voy a cruzar, las cúpulas y los granos que sólo tocaré si fallara mi memoria mal tratada, es decir, mi mala memoria).

Llueve sobre los pabellones mientras el tiempo me excluye, prescinde de mí en las calles estrechas que circundan los espacios. Sería aterrador estar vivo persiguiendo a la Quimera, cumpliendo con el destino. Pero con qué gozo transito conociendo la ruta de los torsos amados y de las manos, libres ahora del presente, emancipados, irreductibles a pesar del agua que en furiosas ondas cae sobre los pabellones.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Rito Ramon Aroche (La Habana, 1961)


Rito Ramón Aroche
(La Habana, 22.05.1961)

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Poeta y crítico literario.

.

Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba desde 1995, y labora actualmente como promotor cultural del Instituto Cubano del Libro (Dirección de Literatura).

Libros publicados:
  • Puerta Siguiente, Editorial Extramuros, 1993.
  • Material Entrañable, Editora Abril, 1994.
  • Cuasi / Volumen II, Colección Pinos Nuevos, Editorial Letras Cubanas, 1998.
  • Cuasi / Volumen I, Editorial Unión, 2002.
  • Del río que durando se destruye, Editorial Letras Cubanas, 2005.
  • El libro de los colegios reales, Editorial Extramuros, 2005.
  • Andamios, Editorial Unión, 2007.
  • Historias que confunden, Editorial Letras Cubanas, 2008.
  • Las Fundaciones. Ediciones Matanzas, 2011.
Además, su obra está recogida en diversas antologías y publicaciones periódicas como la revista Poesía, Carabobo, Venezuela, El cocodrilo poeta, México; revista Unión, revista Casa de las Américas, El Caimán Barbudo, Revolución y Cultura, Contracorriente, y la revista La Isla Infinita, todas de Cuba.

Obtuvo mención en el Premio David de Poesía en 1991, y el Premio Abril de Poesía en ese mismo año, así como el Premio de Poesía “La ciudad de las columnas” en 1994, el Premio de Poesía “Luis Rogelio Nogueras” en 1993., y el Premio de Poesía de la revista “La Gaceta de Cuba” en 2006.

( Dirección de correo electrónico:
sanroman61@yahoo.com )


del cuaderno Dígitos en el óvalo, 1989
PLANES CON LA LLUVIA

……........…..………………… a K

Punto

en la estación agua. Yo digo: aquí hace una curva. Digo:
aquí mojo. Una espira

fruta
En la estación vez y unos patines. Gusto erección en tu falda

digo.

Aquí ondula un aire.

Otra la humedad (pulso) tuya.
En la estación agua en la pared muslos
digo ¿Y mis defensas? ¿Y mis defensas?



NANA

Tela bruja
si no duermes está el saco
tela bruja
como la Quinta como la Quinta
digo
— ¿si no sueño?
Tragaluz son los bordes las paredes
como la cerca
— ¿como la casa?
Tela bruja
cielo lleno de estriadas la casa
¿el agua? Tela bruja
Si no sueño ¿si no sueño?




de El libro de los colegios reales, 2005
DESVELO SUCEDÁNEO


Taladrar la sangre.
Con ritmo taladrar la sangre.
Sin ritmo.



DIAGONALES


Un árbol es un equívoco en tanto un pájaro
su sorpresa.

El árbol -o la línea del árbol. Su textura.




del libro inédito Una vida magenta

Mirar si entro a la pared de fondo: una vez cada quince días — al menos. En Los Umbrales. Barría en la mañana el patio muy terroso. «Tus libros encuentro siempre en librerías húmedas»
En días tales — nunca miro a sus ojos: directamente a los ojos ni a sus labios.

ooOoo


Lejos — de yo apuntar con esas (mis) dos mil palabras, de tono y trazo sentenciosos... «tendenciosos» según esa manera tuya de contradecirme, y de expresarte el-otro-día tumbada en la sala de bain y-al-otro-día con ese paño que tú o alguien llama (llamaba según tú, y entonces) «un paño koljosiano» tumbada aviesamente aviesa sobre esas (mis) dos mil palabras, se habría notado, afuera, seguramente un viento muy terroso, un poco antes, de caediza el agua, la oscuridad del agua, el cielo, un poco antes, caedizo.

ooOoo

Mirar si entro a la pared de fondo: una vez cada quince
días — al menos. En Los Umbrales.

Barría en la mañana el patio muy terroso.

«Tus libros encuentro siempre en librerías húmedas»

En días tales — nunca miro a sus ojos: directamente a los
ojos ni a sus labios.

Veo inclinarse al almácigo (¿otro?) en Los Umbrales.

«Aquí debajo [señala] siento un escozor espléndido y profano» «Un escozor espléndido» me dice. Extrañamente señala.

ooOoo

Ojalá que más nunca. «Sería metanga». Una tarde, después de rociarnos de tal líquido (y tal brillo) aducían:

«No merece que mientas».

Y al golpe de la puerta escucho (al menos hoy) el golpe de otro puño seco.

«Ya lo hice, y lo dije, una vez: no siento efectos».

Nada aquí es un continuum. Nos declararon pérfidos por esa tarde, en Obra-Pía. En la calle de La Obra-Pía. ¿Los muros carcomidos, las paredes? Hay madera de antaño y piedra, ante la piedra —esperan. Una tarde.
 

domingo, 1 de noviembre de 2009

Ian Rodriguez (Las Tunas, 1973)



Ian Rodríguez Pérez
(Las Tunas, 15.01.1973)

Poeta.
.
.
Director del Centro de Investigación y Promoción Literaria “Florentino Morales, Cienfuegos (provincia donde reside actualmente) es, además, estudiante de Comunicación Social, 5to año.

Ha publicado los libros de poesía:
  • Velas en torno al corazón demente, coedición de Ancoras y Reina del Mar Editores, 1997
  • Agudos del silencio, Ediciones Mecenas, 2000
  • Cambiar las formas del sueño, Reina del Mar Editores, 2003
  • Nocturnidades, Editora Abril, 2007
  • Esta costumbre de soñar lo mismo, Editorial Letras Cubanas, 2009
Y tiene en proceso de edición el cuaderno de poemas:
  • País de estatuas (Editorial Sanlope, Las Tunas)

Su obra ha sido distinguida con:

  • Premio en Poesía del Concurso “Waldo Medina” que convocan el Centro Municipal del Libro y la Literatura y la UNEAC de la Isla de la Juventud, 1994.
  • Premio en el Concurso “Poesía de Amor”, Isla de la Juventud, 1994.
  • Premio en Poesía “Abdala” que convoca la Unión Árabe de Cuba, La Habana, 1995.
  • Premio y Primera Mención en Poesía del Concurso “Waldo Medina”, Isla de la Juventud, 1996.
  • Primer Premio en Poesía “Batalla de Mal Tiempo”, Cienfuegos, 2005.
  • Premio en Poesía “Calendario” de la Asociación Hermanos Saíz, La Habana, 2005.

OTROS RECONOCIMIENTOS:

2006: la Asociación Hermanos Saíz le otorgó la Moneda XX Aniversario.
2008: la Filial UNEAC de Cienfuegos le otorgó una Beca de Creación por su proyecto de poesía El libro póstumo.

2009: la Dirección Provincial de Cultura en Cienfuegos le otorgó la distinción "La Roseta".

( Dirección de correo electrónico: cipl@azurina.cult.cu )



del cuaderno País de estatuas (inédito)
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Una estatua ¿cómo pasarlo por alto? No es más que la réplica de otra figura que no conoce. ¿Cómo saber que existe en otro parque, al otro extremo de la calle con nombre de un mártir cuya vida o muerte nos sacude?
Cada una es réplica de la soledad de la otra, y se creen únicas, confiándose a la inmensidad de la noche presta ya a configurarse.
Una estatua puede ser sencillamente el sueño de otra estatua que se siente insegura mientras espera ser replicada, reproducirse sin ignorar que el tiempo es un espejo de raras costumbres.


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……………………………………………………a Michel Martín

Como incienso que animan al atardecer quiero perpetuarme. Aún me signa esa coartada de velero que me han inventado y escapo, recorriéndote, adoptando las más disímiles figuras del silencio que tus manos musicalizan.
No pensé que pudieras conmoverme de tal modo. Jamás imaginé que en tus pupilas llegaran a suscitarse imágenes de tan estremecedora naturaleza.
Cuando me percaté de tu hermosura, no hubo para mí otra opción, te entregué mis venas, la menos comerciable de todas mis vísceras, y mis ojos, para que veas, oh Muerte, para qué deslindes cuán irreal y desolador suele ser el mundo por momentos, sin tu conmovedora asistencia.
Y en cambio tú vienes a ofrecerme vida de aurora, me concedes la posibilidad de ser el incienso que otros animan cuando atardece. A ellos les digo, tú eres cómplice, te pongo por testigo de mi confesión, que seré su más persistente recuerdo, aún cuando tengan la certeza de que yo debo proceder del porvenir.


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Hay dos clases de estatuas: las que te confían su silencio (para que hables por ellas) y las que usurpan tus palabras.

Te corresponde determinar qué acto es más condenable.


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Ya nada me importa. Ni siquiera cómo se han ido deteriorando las palabras. Me compadezco de esa devoción por alas que nos alimenta: no somos más que ángeles enfrascados en la caída.


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El restaurador que persiste en restituir los silencios y el alma de una estatua, sus advenimientos y contrariedades, sus aspiraciones más ocultas ¿ha pensado en la indignación, la cólera, la rabia que exteriorizaría si hicieran lo mismo con él? ¿No se apena? ¿No siente sobrecogimiento o vergüenza por abusar, por excederse con quien tal vez sea más libre, más leal o momentáneamente más feliz, a pesar de su petrificación?
En toda estatua hay un tigre que conmueve y al mismo tiempo asedia. ¿Se atreverá a desenjaularlo?
El espectáculo es presumiblemente tentador, tiene todos los atractivos, cuenta con todas las expectativas de un desvencijado Coliseo. Antes de hacerlo, el restaurador debiera preguntarse, tendría que responderse si en realidad resulta provechoso dedicarse a reemplazar aquello que, a fin de cuentas, pudiera ser indestructible.


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Apotegma para un restaurador: Hay estatuas que siempre desafinarán en tus manos.


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……………………………………………………a T. F., otra vez

Yo sé de una estatua que me odia. Resulta evidente su aborrecimiento: me ofrecí para limpiar su alma y cada día amanece más oscura.


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Sobre la lápida, otra gota de esperma, ofrenda del sepulturero. Ocho horas de visita diaria, lo suficiente como para hacer corresponder la imagen de la muerta con la de la escultura que su recinto resguarda.
Algo de la figura lo atraía, pero lo ignoraba, hasta el día que apareció aquel retrato. Decidió traerle flores, pero las flores se marchitan humanamente, no dejan rastro sobre la piedra. Podría haber escrito algo, pero su letra resultaría demasiado evidente: todos reconocerían -por las palabras- al autor de semejante epitafio.
¿Qué puede dar uno –meditó– que pueda ser una frase de aliento? La respuesta tardó, como tarda todo lo que se impone, como todo lo que apremia ser entregado a otro se suele retardar.
Sintió temblar sus vísceras mientras sudaba. Así estuvo, hasta sentir ardor en las manos. Una y otra vez tatuó el vacío; vertió sobre la piedra la réplica de su cuerpo. Su forma de afecto sólo es comprensible diminutamente.
Todas las noches, las demás estatuas profieren improperios contra la maniatada que reclama para sí tanta atención.


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¿Por qué he de restaurar?
Te preguntarás a la sombra de las estatuas restauradas.
Te parecerá demasiado distante tu voz, demasiado voluminosa, como si se tratara de la más postergada de todas las esperanzas que se postergan. Como quien no cesa de aferrarse al volumen de las palabras que, cuidadosamente, hemos venido callando.
Con nuestro silencio (debieras saberlo) las estatuas subimos la tarifa de la seducción.


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……………………………………………………a Yamicela Torres

Tú noción del mundo tendrá que cambiar un día. Sabrás que soy algo más que un espectro, que vivo, realmente existo en la niebla parda de tus sueños. El pensamiento que te niegas a reconocer es el más confortable de todos los recintos posibles para mí, para prolongar mi vida. Me reconocerás aurora de invierno en cualquier petrificada figura, en todas las plazas del mundo me encontrarás. Cuando al atardecer, te decidas a animar el incienso, presenciarás el modo en que me configuro, sabrás con cuánta persistencia puedo estar, desde mi ausencia, presente. Te garantizo que, aún entre la multitud más intrincada, tendrás la incertidumbre de haber visto mi rostro (la muerte suele dejar tantos cabos sueltos) y tú querrás pretender una obertura para mi sombra, la conjurarás hablando de la luz, fabulando, cantando las canciones que a viva voz anda repitiendo el viento; atinarás a restaurarlo todo: los instantes y los abismos, las dudas y las conmociones, las presencias y los sucesos, toda vida que haya sido petrificada por la costumbre.
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del cuaderno Marasmos de la restauración (inédito)
LIMBO DE LA VANIDAD


Hace miles de años, cuando el primer temblor del habla era apenas un suceso en los labios del hombre, ascendí a ese cúmulo al que Milton, más tarde presentó a sus coetáneos como Limbo de la vanidad.

Cuánto fue mi asombro al descubrir que Dios estaba allí. Arrobado por su presencia me dirigí a él en una oración:

— Bendíceme, Señor, soy tu esclavo. Tu oculto deseo, ah Creador, es mi designio. Soy tu criatura, te obedeceré por siempre, Padre. Y en tu nombre obraré. De barro me has hecho, concédeme tu amor y piedad. Te debo cuanto soy. Con adoración ¿tu Reino algún día podré heredar? —

Mas al escuchar Dios todas mis promesas y, sin duda, mi más pésima inquietud, nada dijo. Si hubieran visto cuánta severidad tuve tiempo de apreciar en sus divinos ojos, antes de esfumarse, dejando en mi alma una tempestad violenta.

Seiscientos años después volví a subir a la montaña. No imaginan con cuánta sorpresa encontré allí a Satanás. Absorto, le dije:

— A ti, el más rebelde de todos, reverencio. Mi alma entrego al séquito que guías. Presto estoy a la más ardua empresa. El Cielo, oh Señor mío, debemos juntos recobrar —.

El diabólico ser no contestó. Lo vi desplegar sus alas inmensas. Si hubiesen visto con cuánta ira batió sus alas, antes de perderse en el Caos.

Doscientos años después volví a escalar la montaña. No encontré a Dios. Tampoco a Satanás. Sin embargo, allí estaba mi Alma. Conmovido por su revelación, una vez más consideré oportuno hilvanar mis palabras, y entonces expresé:

— Tú eres mi anhelo supremo, mi plenitud. Tú has sido mi pasado y mi futuro edificarás. Como una raíz, soy tu prolongación en la tierra oscura. Como tu fruto, dejo mi aroma en el aire. El viento lo conducirá a tierras lejanas y así todos sabrán de mí y de ti. No habrá ser que pueda resistirse a admirarnos —.

Antes de ser la niebla que hoy cubre, como un velo, la cumbre de esa montaña, se inclinó sobre mí. (Si hubiesen visto cómo me habló mi Alma). En un susurro, me hizo la siguiente confesión:

— Cómo puedes ser tan inconsecuente con tus palabras. Cuánto tiempo he esperado para brindarte cobija, como el mar a los arroyos que se deslizan con firmeza, procurando conciliar sus aguas, y tú no has sido capaz de identificarme: primero me confundes con Dios, luego con Satanás —.
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del cuaderno Baladas para conjurar el desafecto (inédito)
ME SEDUJO VERTE LLORAR LA AUSENCIA DEL POETA

Me sedujo verte llorar la ausencia del poeta,
del tullido, el molido, el hombre apaleado por la vida que
como todos los poetas del mundo suele aparentar su hastío
argumentando lo duro que es vivir.
Para ese entonces no te habías cansado de extender pandemias,
no te habías revelado frente a Dios
y no eras lasciva, tenías una extraña luz
exterminándose en tus ojos. Extremadamente conmovedor
era ver cómo iba consumiéndose en ellos esa estrella
que ahora viaja de constelación en constelación.
Qué estremecedor me pareció el acto de convertirse en guijarro
para internarse en el fondo de un río desconocido.
Ah cuánto me arrepiento de no haber sido aquella noche
el hombre que alzabas por los pies,
colgado al sicómoro su cuerpo.
Podía haber visto cómo llorabas por mí
y no por el otro, extenuado de vivir.
Qué estremecedor habría sido esa noche
contemplar de cerca la abatida de los murciélagos
que seguramente se internaban en tus ojos, pretendiendo cegarte,
procurando arrebatar de tus abismos esa luz
que todavía me seduce y arroba.
A lo lejos el mar ladraba una misteriosa canción.
¿Qué no diera por haber sido yo el viento
para acompañarle en su canto?
Jamás imaginé que yo pudiera anhelar esos arpegios,
que ansiaría alguna vez tener la voz del poeta,
yo que tanto odié sus baladas, que llegué a exponer sus vísceras
en los mercados del mundo, yo que vendí sus huesos al mejor postor.
Cuánto me arrepiento de no haberte besado aquella vez,
cuando apagabas el cigarro usando por cenicero a mi corazón;
entonces no te habías decidido a aumentar con silicona tus senos,
no usabas minifalda, no sabías caminar con tacones,
todavía no eras adicta a andar exhibiéndote por el malecón.
No te internabas con cualquiera en las discotecas,
no andabas de la mano de cualquier restaurador por los bulevares del país
y todos celebraban tus inocentes ojos azules,
el aroma de esa piel acanelada; ignorábamos
el modo en que amarías a los muertos, ignorábamos
cuánto de fatídico te podía llegar a conmover.
Aquella tarde en el bar
no pude intuir al animal que ahora eres,
la fiera que deja correr sus uñas
surcando la espalda de otros hombres.
Qué fácil hubiese sido morderte un labio,
hacerte sangrar todo el invierno, después de recorrerte la nuca.
Si hubiera tenido a bien despeinar tu adolescencia,
pero fui discreto, demasiado cuidadoso,
no atiné a rasgarte el vestido, no me atreví
a hacerte sudar tu fragilidad campesina.
Ah vida, ¿qué ansia terrible me seduce con tu olor?
Muchacha lasciva, ¿de qué manera tan seductora
andas deambulando y te escondes?
Llevan tu vestido todas las mujeres:
rubias, pelirrojas y trigueñas pasan por mi lado indiferentes
y ya no te reconozco, no veo en sus ojos aquella luz.
Cuánto me arrepiento de no haber sido atrevido y rudo
para salvarte de lo perverso,
para no colgar al poeta en esa rama del sicómoro
donde te vi llorar la ausencia de sus madrigales y alboradas,
donde te descubrí iluminando con estremecidos relámpagos
la oscura noche de tormenta que
misericordiosa
finalmente me concedes.
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de El libro póstumo (inédito)
RUIDO EN EL SISTEMA

Vengo a hacer un ruido en tu sistema:
yo puedo ser la piedra en tu zapato.
Y rodar y rodar como el Diablo manda
y ha quedado escrito (según el pacto).
Yo vengo así de un golpe, no necesito altavoces,
para hacerte saber que Dios también propone
su soledad en los mercados.


MICHEL MARTIN, EL POETA

Los poetas de mi generación son cada vez menos reticentes y condenan a los antiguos por lacónicos e insumisos. Escriben “vidriera” o “luz” en lugar de mujer, “lluvia” en lugar de “muerte”, “cloaca” la sustituyen por “víscera imprescindible”; rehúsan al término “corazón” porque se ha hecho habitual huir de aquello que no admite reajustar un precio.
Acostumbrados a alegatos e inconsecuencias de repudiable naturaleza, se acomodan al anonimato o se dejan acoger por la aborrecible sombra de un nombre.
Yo me desentiendo de la petulante certeza con la que ellos viven, conversan y se autodefinen, miran de soslayo, te palpan con su ponzoña el hombro. Ignoran que la poesía, más que la vida y sus circunstancias, más pretenciosa que la propia eternidad tiende a pasar inadvertida, insustituible.
La poesía sabe desembarazarse de esos desajustes, de esos desastres de nuestra intimidad y del idioma, de aquello que solemos ocuparnos, los poetas de mi generación y yo, con una persistencia que termina corrompiéndonos.


LA RENUNCIA

Morir escribiendo, defecando poesía como si fuera luz, morir de luz y soledad, del ansia de restaurarlo todo: las entrañas y el mar, los domingos y los inviernos, los cementerios y las mutilaciones, la voces y los ojos, restaurar las entregas y el adiós, morir acordonando los zapatos de Lucifer para poder esgrimir el más humano de los cantos.
Morir iluminado, aun sin el plato de comida y sin el sueño, masticando luz, blasfemándola, para que a fin de cuentas la luz no sea sombra, ni dios sin un sentido, ni silencio, proclamando a la luz como la única y corrosiva garantía de verdadera sobrevivencia, la trascendente.
Morir saboteando, inventándole a la noche las luces de neón que otros no se atreven a reconocer intentando perpetuar entre nosotros a la costumbre, morir por aborrecerles, destornillándole los huesos, plastificándoles las vísceras que no entregan o que acomodan domésticamente en sus muebles de bolsillo, morir reventando los cuños y los papeles, de pura explosión, de cándida desarmonía, con la fuerza y las implosiones de tanta luz estallando desde adentro.
Morir de intriga, execrado, calumniado, acusado de ser rufián de la palabra que devela y no perdona, de la palabra que reclama auditarnos el alma y el corazón, auditarnos el nivel de afecto, ese al que no le dedican sitios ni páginas Web, el inasible, el imprescindible afecto que jamás será golondrina de los e-mails, el que jamás emigrará de un celular al otro, el que no podremos quemar en CDs, el que jamás podremos encerrar en Ipod.
Morir como el arpa que deciden abandonar en los sótanos, como los almacenes que clausuran, en la resbaladiza lengua de mis enemigos, por el desmesurado apasionamiento que pudieran esgrimir al hablar de mí contados amigos, por la inapropiada o la impropia conveniencia de las amantes que en verdad lo que me aborrecen con la misma intensidad que me inspiran los burócratas y los presidentes.
Es preferible suicidarse a continuar viviendo como un ser feliz y oscuro.


A ISMAEL GONZÁLEZ CASTAÑER

Sé que el mejor amigo, será aquel capaz de montar un negocio con mi muerte. Antes de hacerlo mis enemigos, es preferible que se beneficie él, y no otro.
Sólo el amigo verdadero podrá mercadear su complicidad y mis dolencias, las que tan bien conoce. Sólo él podrá vender sin recato mis aspiraciones, eso por lo que ahora otros también desean morir y se desviven, ajustando un precio.
Suerte que hay enemigos míos (los suficientes y precisos) que ahora mismo le quisieran comprar una de mis caricias, una de mis nostalgias, al menos uno de mis desafectos.
Se atreverían a comprarle la cruz en la que alguna vez planificaron colgar mi desvergüenza; se atreverían incluso, a comprar los clavos con que me hirieron; la copa que me extendieron y hasta su veneno; la misma sonrisa con que me la ofrecieran para saciar mi sed y que desde entonces guardo, con tanto recelo en mi memoria, ya a la venta también (mucho antes de haber muerto).
Se atreven a ofrecer monedas por mis mentiras y las presumibles astucias; por mis incendios en el infierno; por mis alabanzas y blasfemias.
Suerte para el amigo que tengo enemigos dispuestos a pagar el precio justo por mis bajezas y humillaciones; por el júbilo con que pocas veces he decidido cantar a la vida.
Ellos están dispuestos a pagar, tanto por mi ventura, como por mi desventura.
Ahora mismo ¿qué sucedería?, si no tuviese un amigo presto a comercializarme, y obtener las ganancias que pudieran corresponderle.